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lunes, 19 de marzo de 2012

Apostar por el ciclo primario


Editorial realizado por Consejo de redacción Revista Criterio

Históricamente, la escuela primaria cumplió con una tarea esencial en nuestro país: construir una experiencia común entre los argentinos, tanto desde la gestión pública como privada. En ese ámbito, las familias y los docentes coincidían en un acuerdo tácito: la escolaridad significaba inclusión, ascenso social y conformación de lo ciudadano. Pero la esperanza en la educación se deterioró cuando las políticas sociales y económicas debilitaron al Estado, y la confianza en las aulas se volvió una ilusión. Sin embargo, pese al clima cultural reinante de incertidumbre que desafía a todas las instituciones, incluida la de la enseñanza, la escuela debe recuperar su espacio de oportunidades y de encuentro entre generaciones y grupos sociales, atendiendo también a los enormes desafíos que le plantean las nuevas tecnologías, la sociedad de consumo, el poder de los medios de comunicación. Enorme y compleja tarea pero no por ello menos necesaria y urgente.

Desde hace ya bastante tiempo, y acentuado después de la implementación de la Ley Federal de Educación, sus objetivos se han ido desdibujando, en una mezcla que no permite ver qué es lo que hoy caracteriza a la escuela, donde conviven formas tradicionales con la indispensable asistencialidad, la retención de matrícula a cualquier precio o el avance de las expresiones de la cultura popular en disputa con la “cultura letrada”. En este marco, si la educación deja de ser un desafío estamos ante el nacimiento de un nuevo y grave problema. A diferencia de otras áreas, requiere de un replanteo permanente: incluso si las cosas fueran bien, habría que mejorarlas; porque la escuela forma a las generaciones futuras, el país que sigue.

Cabe reconocer que la conflictividad que afectaba habitualmente al área se encuentra descomprimida en la actualidad. Los motivos pueden ser varios, pero el principal es que se ha avanzado, en mayor o menor medida, en acciones como la implementación de subsidios para la escolarización, la construcción de establecimientos y la ampliación de la carga horaria, entre otras. No obstante, pese a que la inversión educativa creció cerca del 2% del producto bruto interno en los últimos años, no hay posibilidades de conocer de qué forma se utilizaron esos fondos: si en salarios, si en obra pública, si en material didáctico, si en alfabetización tecnológica (cuyo acceso, conviene recordarlo, no garantiza la capacidad de otorgarle sentido como herramienta para el trabajo en todas las disciplinas). Tampoco se ha evaluado su eficiencia en cuanto a mejorar el rendimiento escolar o el aumento notable de las tasas de escolarización, elementos clave a la hora de los balances de gestión. En cuanto a los contenidos, se percibe la tentación de las versiones únicas, con un sesgo unilateral que deja de lado la multiplicidad de criterios para abordar la realidad; los libros de texto (que muchas veces son también versiones únicas para el alumno) lo ponen en evidencia. En medio de este escenario, cabe destacar que la actual gestión del Ministerio de Educación ha sabido no agregar conflictos a los problemas existentes.

¿Pero existen problemas, entonces?

Claro que sí. A pesar de los evidentes avances, la educación argentina está aún lejos de poder alcanzar sus principales metas. ¿Cuáles? Un país más justo en lo que respecta a garantizar la igualdad de oportunidades y la equidad en la distribución del conocimiento. En efecto, el sistema educativo repite aún el mapa de desigualdad entre provincias ricas y pobres, regiones ricas y pobres, barrios ricos y pobres.

Una segunda meta pendiente tiene que ver con los niveles de rendimiento alcanzados en las escuelas y la calidad de la instrucción. Igualdad y calidad son términos que lejos de ser incompatibles deberían señalar las coordenadas, transversal y vertical, que sirvan para evaluar el sistema.

¿Cómo avanzar?

La acción conjunta entre el Gobierno nacional y el de cada provincia es indispensable. Transparentar la realidad educativa de cada distrito y fijar líneas de acción efectivas para superar las situaciones de urgencia social deberían ser políticas de Estado que trasciendan las limitaciones y deficiencias de los gobiernos provinciales.

Por ejemplo, cabe destacar que mientras se escriben estas líneas, directores de nivel primario y referentes del Programa Integral para la Igualdad Educativa de las 24 jurisdicciones del país se encuentran reunidos en el salón Leopoldo Marechal –escritor y maestro de grado– convocados por el Ministerio de Educación de la Nación para establecer líneas de acción para el período 2012-2015, fortalecer las acciones de cooperación, acordar cronogramas conjuntos y consolidar un espacio de intercambio federal sobre las políticas en el nivel primario.

Un párrafo aparte cabe para la Ciudad de Buenos Aires, donde también hay asignaturas pendientes. Del mismo modo que la economía nacional, el sistema educativo porteño parece vivir del rédito acumulado antes. Pero, como se sabe, si no se los administra bien, fondos y rédito se acaban. Quien compare la educación de un chico de la zona norte de la Ciudad con la de otro de la zona sur, o simplemente al echar una mirada a los datos poco ventilados, podrá advertir una alarmante diferencia en todos los índices.

Además, la Ciudad mantiene una deuda con su propia Constitución: aún no se ha promulgado la ley de educación. Por un lado, la conflictividad política entre Nación y Ciudad no lo facilita; por otro, hay una inercia que prefiere gobernar sin ley. ¿No sería bueno acompañar la implementación de la ley de comunas buscando medir consensos para promulgar la ley de educación porteña? Como se ve, no son cuestiones menores. Y entonces, ¿por qué la educación no ocupa los primeros lugares de las agendas políticas?

Inclusión e integración son conceptos que deben guiar la reflexión. La socialización a través del conocimiento es la que permite generar una trama de hábitos que dan lugar a la convivencia sin violencia y con respeto, desde el reconocimiento de la libertad de unos y otros en el ejercicio de derechos y obligaciones. ¿Dónde y cuándo se forman estos hábitos? En la infancia, es decir, principalmente en la escuela primaria. Según la directora nacional de nivel primario, Silvia Storino, “debemos generar las condiciones para que un alumno se constituya en un buen estudiante, prepararlo para el pasaje al secundario: cómo estudiar, cómo organizar el tiempo”.

Además, la directora se preguntaba en una reciente entrevista: “¿Cómo van a entender geografía en la secundaria si durante su paso por la primaria nadie les contó qué es un afluente, nadie les leyó una poesía de los ríos, nadie les dio sentido a las palabras?”.

Por otra parte, el mundo actual es convergente. Las culturas están expuestas a grandes contradicciones.

Por un lado se ven necesitadas de cuidar su propio acervo, costumbres y creencias; por otro, requieren encontrar los medios para integrarse a una sociedad con exigencias universales. Dar respuesta a esta tensión, que puede observarse en cualquier país, es un gran desafío. No hace falta recurrir al ejemplo extremo de provincias como Jujuy o Misiones, ya que el problema de la inclusión cultural se da también en muchos barrios de las grandes ciudades.

¿Qué hacer?

A esta altura de los ensayos de reformas del sistema educativo pareciera sensato tomar otro camino. Por eso hay que considerar que el desafío principal, antes que reformar el secundario, pasa por apostar a una nueva educación primaria.

Si bien esa etapa no es suficiente para asegurar todos los cambios que se requieren, es condición necesaria. Esta propuesta no tiende a desviar la atención, muy por el contrario, surge de percibir que la inclusión, y sobre todo la integración, comienzan ya en la educación inicial.

domingo, 8 de agosto de 2010

La niñez, una etapa cada vez más desdibujada


Quienes hasta hace un tiempo a los 13 años aún se divertían con juegos de niños, hoy ven esas actividades como aburridas. Un estudio realizado en España reveló que los menores de 11 años ya adoptan modelos de comportamiento adulto

La infancia de los niños españoles se reduce paulatinamente y pierde terreno frente a la adolescencia, en la que los menores entran cada vez a edades más tempranas, adoptando modelos de comportamiento adulto a partir de los 11 años, e incluso antes.

Los niños "no están viviendo la infancia", ha asegurado la catedrática de Teoría de la Educación de la Universidad de Valencia Petra María Pérez, autora del estudio 'Infancia y familias. Valores y estilo de educación' que analiza, por primera vez, el comportamiento de las familias con hijos entre los seis y los 14 años, que suponen alrededor de un 20% de los hogares españoles.

Mientras que los niños se entretenían antes hasta los 13 años con muñecas, coches y otros juguetes tradicionales, en la actualidad dejan de jugar a una edad muy prematura, les interesan los programas de televisión de adultos, quieren vestirse como mayores y usar móviles.

No haber jugado ni leído lo suficiente provoca que los menores no sepan esperar y "quieran todo ya", factor que se convierte en la causa de conflictos en el seno de las familias más destacada por los padres, en un 22,3%.

El estudio refleja que la mayoría de los niños españoles (81,6%) vive en familias nucleares o convencionales, seguida por los hogares monoparentales (13,05%) y las reconstituidas (5,26%), mientras que la familias con hijos adoptados supone el 3,45% del total.

Son los niños de las familias reconstituidas las que potencian en general mayores hábitos de consumo que en otros tipos de hogares, los que disponen de más cosas materiales -móviles, videoconsolas o televisión en su dormitorio- y los que reciben más paga.

No obstante, el 62,7% de los menores no reciben paga y los que la tienen oscila entre los tres y los 10 euros.

Estereotipos sexuales


El estudio ha abordado también los estereotipos en relación al género y pone de manifiesto que aunque sólo el 5% de las familias se muestra de acuerdo en que las niñas deben colaborar más que los niños en las tareas domésticas, se eleva a un 7,2% cuando se refieren a las chicas de entre 12 y 14 años.

Para los padres, las chicas son más conflictivas que los chicos en lo que respecta a "salir" pero las que tienen un mejor comportamiento en los estudios.

Según el tipo de estructura familiar, la catedrática ha concluido que los "menos conflictivos" son en general los de hogares convencionales mientras que las reconstituidas y monoparentales muestran más dificultades en la educación de sus hijos.

Por su parte, los niños de hogares monoparentales son significativamente "más maduros" pero también los que "más tristes e infelices" se muestran.

En una "lista" de los valores a transmitir, los progenitores dan importancia a comportarse con corrección, civismo, respeto, solidaridad o justicia, y se la restan a aspectos como su forma de pensar en política o religión.

El estudio incluye un apartado sobre las familias que han adoptado, realizado por Rosa Moliner, quien ha resaltado el significativo aumento de los casos en los que el adoptante es un hombre sólo y que ha alcanzado un 5,8 por ciento del total.

Junto a este dato, ha destacado también el incremento de las familias que tienen hijos biológicos y deciden adoptar, lo que demuestra -ha considerado Moliner- que ya no se trata tanto de "satisfacer un ansia frustrada de paternidad o maternidad como un medio para garantizar una vida mejor a un niño".

Fuente: EFE

viernes, 20 de noviembre de 2009

Niños tiranos


Descubrimos cuáles son las tres fases para criar niños déspotas y los cinco límites para evitarlo

Los niños y los jóvenes siempre han tenido conductas rebeldes propias de su edad. Pero últimamente, las noticias de sucesos han alcanzado un protagonismo alarmante. Muchos padres han pasado a ser las víctimas de las conductas agresivas de sus hijos.

En un artículo de la revista XarxaFarma, Laura García Agustín, psicóloga directora del Centro Psicológico Clavesalud de Madrid nos explica cuáles son las conductas más indicativas que llevan a un niño a convertirse en un tirano. Por otro lado, nos desvela cuáles podrían ser las soluciones para evitarlo.

Volviendo a los sucesos que ocurren hoy en día, los datos extraídos en las Jornadas sobre violencia interfamiliar nos indican que las denuncias impuestas por padres, supuestamente agredidos por sus hijos, se han multiplicado por tres en los últimos años en la Comunidad Valenciana y por ocho, en los últimos cuatro años en Cataluña y en el País Vasco.

Asimismo, los casos de bullying en las escuelas son cada vez más frecuentes y todo nos hace apuntar a que cabría preguntarse qué está pasando alguna cosa con nuestros jóvenes.
La voz de los expertos

La mayoría de expertos en el tema coinciden en la idea de que los factores desencadenantes de esta situación son: la educación hedonista, la falta de tiempo compartido con los padres, la influencia de los medios de comunicación y sobretodo, la falta de límites ante los intereses personales de los jóvenes.

“Es obvio que se ha pasado de una situación de respeto, casi de miedo, hacia el padre o la autoridad a una falta de límites en la cual los jóvenes quieren imponer su ley de exigencia”, explica Javier Urra en su libro El pequeño dictador. Cuando los padres son las víctimas.

La psicóloga Laura García divide en tres fases las conductas que indican el desarrollo de un niño que puede llegar a convertirse en un agresor.

1. La cultura de la inmediatez

La primera de ellas es: el niño caprichoso. Se convierte en amo de su casa en el sentido de que o se hace lo que él quiere, o su conducta cambia y la convivencia se convierte en algo muy difícil de llevar. La casa se convierte en un autentico campo de batalla.

Son niños caprichosos, con una autoestima exagerada y un ego colosal como resultado de una sobreprotección excesiva y perniciosa de sus padres. Lo que quieren, lo quieren al momento y no admiten un ‘no’ como respuesta. Han aprendido a chantajear para conseguir aquello que quieren, incluso a exigir y a amenazar. Son niños fruto de la cultura de la inmediatez que no han podido aprender el valor de las cosas.

2. Yo, soy el rey

La segunda fase la denominan síndrome del emperador. Según el profesor de la Universidad de Valencia, Vicente Garrido, esta fase se caracteriza por una violencia persistente y global y de carácter evolutivo.

El experto explica que esta conducta suele empezar con el abandono del esfuerzo para los estudios, sigue con amenazas a los padres y pasa a los abusos psicológicos. Alerta también que en algunos casos puede llegar a las agresiones físicas.

Este síndrome está caracterizado por factores como el poco miedo a ser castigados o la insensibilidad emocional, factor en que la educación ejerce un papel fundamental. “Cuanto más insensible sea el menor, menos efectiva será su educación”, dice Garrido.

Es muy importante hacer un esfuerzo para identificar a los jóvenes violentos y ayudar a los padres en su educación antes de que sea demasiado tarde, concluye el experto.

3. La dictadura agresiva

Con la tercera fase llega el grado máximo de ‘capricho tiránico’. La agresión a los padres es una situación que cada vez se ve más en los juzgados. La situación empieza con insultos, gritos, chantajes emocionales y amenazas y en el peor de los casos, llegan las agresiones físicas.

“Es un error”, explica Urra, justificar su conducta por su fuerte carácter o porque aguanta mucha presión en la escuela.

Los padres inmaduros, con miedo y fácilmente manipulables sienten vergüenza hacia los demás y no cuentan su situación. “Ven a su hijo como una pesadilla”, dice Javier Urra.

Las presiones pueden llegar en edades muy tempranas, a veces a los 8 u 9 años, pero es más adelante cuando el hijo puede convertirse en un dictador.

El estudio de la violencia de los jóvenes en la familia: una aproximación a los menores denunciados por su padres constata que el 14% de los casos denunciados por violencia doméstica están protagonizados por menores.

Para los especialistas en esta materia la mejor prevención para todas estas actitudes es la de establecer limitaciones con eficacia.

La prevención de una pesadilla tiene cinco soluciones

Coger las riendas: los padres han de educar y han de actuar como modelos competentes para sus hijos. Su trabajo es establecer los límites y las normas y hacer que se cumplan, enseñarles los valores adecuados, la disciplina y el valor del esfuerzo. Hay que acostumbrarles a la espera, no hay que acudir inmediatamente cuando ellos lo digan, así aprenderán también a poner sus propias soluciones ante los problemas.

Pautas y órdenes claras: para que una orden o instrucción sea eficaz tiene que seguir una serie de pautas. La orden hay que decirla una sola vez, especificando la conducta que se quiere de manera clara. Tiene que hacerse en el momento óptimo y tiene que ir acorde con la edad del niño, sin amenazas pero con mano dura. Es muy importante, comenta Javier Urra, establecer las consecuencias para una posible desobediencia.

Restituir el papel del ‘no’: en los últimos años, muchas teorías insisten sobre la cantidad inmensa de negaciones que puede tener una criatura desde pequeña, y cómo esto se refleja en inseguridad y desconfianza cuando es mayor. Pero también se pasa muchas veces de la negociación a la aprobación total. “Hay muchas situaciones en las que hace falta decir ‘no’ simplemente porque la necesidad de otro es más importante”, dice Betsy Hart, experta en educación infantil en su libro Sin miedo a educar.

Mantenerse fuerte delante de los enfados: según un estudio realizado en la Universidad de Pensilvana, Estados Unidos, los niños que presentan una tendencia más importante a los enfados temperamentales tienen más posibilidades de sufrir problemas emocionales cuando crecen. Los resultados reflejaban que estos niños presentan unos niveles más bajos de satisfacción vital, felicidad y autoestima en su vida adulta. Además, tienen menos comunicación con sus familiares, relaciones más pobres con sus padres y, en general, dificultad para intimar con los demás.

Mostrarse seguros: “la respuesta del niño es directamente proporcional a la seguridad más o menos grande con la que se muestran sus padres delante de él”, señala Javier Urra. Los niños tienen una especie de radar para identificar el estado emocional de los padres y según esto, actuaran con mayor o menor insistencia para conseguir lo que se plantean. Por eso es tan importante mostrarse seguros ante los hijos, porque así, verán que no tienen nada que hacer.

Los niños tiranos no nacen, se hacen. Por eso es tan importante plantearse cómo será su educación “antes de que el niño nazca”, concluye Javier Urra. Sólo así sabrán cómo actuar y afrontar los problemas ante las situaciones adversas que se les presenten.

Carlota Falcó Vich
Fuente: Solo Hijos. net

jueves, 15 de octubre de 2009

Cómo intentar ser mejores padres


Nadie tiene la receta, sin embargo hay algunos principios generalmente aceptados sobre los que vale reflexionar.

1. Respetarse como personas y pares en la pareja: Una de las mejores cosas que un padre puede hacer para sus hijos es respetar a su madre. Padres y madres que se respetan entre sí, y dejan que sus hijos lo vean, promueven un ambiente seguro para ellos. Si los niños ven que sus padres se respetan, sentirán que ellos también son aceptados y respetados en sus individualidades.

2. Pasar tiempo con sus hijos: Lo que hace un padre con su tiempo les dice a los chicos acerca de lo que ellos representan en su vida. Si usted está siempre ocupado y no tiene tiempo, van a sentirse descuidados. No se olvide que los pibes crecen más rápido de lo que uno supone y hay oportunidades de juego o aventuras irreproducibles e irrecuperables.

3. Ganar el derecho de ser escuchado: Muy a menudo, las únicas situaciones en las cuales un padre les habla a sus hijos es cuando los reprimen. Es recomendable no llegar a ese extremo si quiere valorar el diálogo franco y la comunicación. Dedique tiempo a escuchar sus ideas, sus sueños y sus problemas.

4. Disciplinar con cariño: Todos los niños necesitan disciplina y consejos, no para castigarlos, sino para poner límites razonables. Recuerde a sus hijos de las consecuencias de sus acciones y déles recompensas significativas para la conducta deseable. Los padres que disciplinan de una manera justa y tranquila muestran su amor para sus hijos.

5. Actúe como un modelo para imitar: Los padres somos modelos para nuestros hijos, lo reconozcan o no. Una niña que pasa tiempo con un padre que le demuestra afecto, por ejemplo, crece sabiendo que merece ser tratada de una manera respetuosa por los varones, y qué debe buscar en su futura pareja. Los padres pueden enseñar a sus hijos lo que importa en la vida por demostrar honradez, humildad, y responsabilidad.

6. Tenga una actitud docente: Demasiados padres creen que la enseñanza es algo que hacen los demás, o que para eso los chicos van a la escuela. Sin embargo, cuando les transmitimos -por ejemplo- el sentido del bien y del mal, y los animamos a hacer perfeccionarse, en algún momento los chicos comenzarán a hacer buenas elecciones. Recuerde que las lecciones básicas de la vida se aprenden en la casa.

7. Comer juntos en familia: Compartir las comidas (o alguna de ellas) es importante en la vida familiar porque puede resultar uno de los pocos momentos de diálogo concreto y más relajado entre todos los integrantes.

8. Leer a sus hijos: En un mundo donde la televisión frecuentemente domina las vidas de los niños, es importante que los padres les lean a sus hijos. Los niños aprenden mejor por hacer y por leer que por mirar pasivamente y escuchar. Inculcar el amor a la lectura es una manera excelente de asegurar el crecimiento personal y profesional para toda la vida.

9. Demostrar cariño: Los niños necesitan la seguridad que viene del saberse queridos, aceptados, y amados por los integrantes de su familia, y especialmente por sus padres. Y demostrándoles afecto a diario es la mejor manera de hacerles saber que son amados.

10. El trabajo de padres no termina nunca: Aún en la adolescencia, la juventud y hasta cuando ya están listos para dejar la casa paterna, los hijos buscarán en sus padres consejos y sabiduría. Ser un buen referente y que los hijos lo entiendan de ese modo, también es un símbolo de que todos lso otros consejos funcionaron en su momento y su lugar.

miércoles, 7 de octubre de 2009

Tolerancia: la ruta del encuentro


La tolerancia no es una simple e indiferente aceptación de las posturas ajenas,es un camino formado por el encuentro con los demás y el entendimiento real de sus opiniones

La angostura y pobreza de nuestros conceptos a menudo nos impiden ser flexibles en el diálogo y comprender a los demás. Con frecuencia en los debates públicos, por ejemplo, unos acusan de intolerantes a quienes consideran injustificables sus ideas o actitudes. «Tú eres dueño de sostener las ideas que desees, pero no intentes imponerlas a los demás». «Nadie te obliga a cambiar de opinión ni actitud. Pero es demasiado pretender convertir en exigencia pública lo que es una mera convicción o creencia privada».

Frases de este tipo se dicen a menudo como algo consabido e incuestionable. Por si fuera poco, a todo el que muestra entusiasmo al defender una convicción se le reprocha que pretende «imponerla» a otros de forma intolerante.

Sentir entusiasmo por algo significa que uno se ve muy enriquecido por ello y desea conservarlo como una fuente de plenitud y felicidad. Defenderlo no significa imponerlo, sino querer vivirlo y compartirlo con otras personas. Ese deseo no tiene carácter coactivo, sino participativo. Un valor no se impone nunca; atrae. Quien participa de algo valioso tiende naturalmente a sugerir a otros que se acerquen al área de imantación de tal valor. El resto lo hace el valor mismo, que, si tienen la sensibilidad adecuada, acaba atrayéndolos.

Quien se entusiasma con algo que juzga valioso y lo defiende tenazmente, sin duda está dispuesto a cambiar de opinión si alguien le convence con razones de que se trata de una ilusión falsa. Entusiasmarse no equivale a exaltarse. Si pienso que la vida humana merece un respeto incondicional, de forma que cualquier problema que se suscite por la vida naciente ha de ser resuelto sin ponerla en juego, y manifiesto esa convicción en privado o en público, no soy intolerante con quienes opinen de otro modo.

Cuándo es válido un punto de vista

Existen varias formas de tolerancia. En el plano fisiológico, tolerar indica que se soporta un dolor o una incomodidad, significa aguantar. En el trato personal hay también varias formas: pensemos por ejemplo en la relación de un padre con un hijo que pasa las noches fuera de casa y llega de madrugada; para evitar una confrontación lo tolera, transige.

Finalmente, en el terreno de las ideas y opiniones, cabe preguntarse si, para ser tolerante, hemos de aceptar todas las opiniones que puedan verterse en un debate. Hoy suele considerarse obvio e incontrovertible que toda opinión es digna de respeto y se tacha de intolerante a quien afirme lo contrario. ¿Es justo tal reproche?

Una opinión es respetable, honorable, digna de estima, si responde al papel de una persona en su comunidad. Al hablar, actuar, escuchar, escribir o realizar cualquier acción dirigida a los demás, debemos cuidar que nuestra actividad colabore a la edificación de la vida común. A menudo se dice que cada uno ve la realidad desde su propia perspectiva y aporta siempre un punto de vista peculiar, tan válido como el de cualquier otro –el llamado perspectivismo–. En un plano de la realidad esto es verdad, en otros no.

Si dos personas contemplan una sierra desde vertientes distintas, tendrán vistas diferentes y ninguna podrá considerarse la única aceptable y válida. Ambas obtendrán escorzos igualmente legítimos y fecundos en orden a un conocimiento completo de esa realidad.

Pero ascendamos a un modo de contemplación más complejo, por ejemplo, el estético. Aquí, las condiciones son más sutiles. Necesitamos una preparación adecuada para que nuestra experiencia estética sea auténtica.

Muchos podemos contemplar El entierro del Conde de Orgaz, la genial pintura del Greco. Las diferentes perspectivas serán justas, pero la visión estética del cuadro sólo vendrá de quien previamente haya cultivado su sensibilidad. ¿Por dónde empezar a contemplarlo? ¿Qué función artística ejercen el amarillo sulfuroso del manto de san Pedro y el azul del de María? ¿A qué responde que el artista acumule varias cabezas de caballeros castellanos por encima de la de san Agustín?

Los legos en estética no sabrán contestar estas preguntas. No cabe decir que cualquier forma de ver el cuadro es igualmente válida. Y no nos tacharían de intolerantes por sostenerlo.

Aunque en gustos no hay nada escrito, es cierto que el gusto necesita cultivarse. Si una persona formada estéticamente emite un juicio sobre una obra de arte, su opinión estará mejor fundamentada aunque contradiga la nuestra.

Por eso es justo no prestar oídos a quien, carente de toda sensibilidad estética, manifiesta aversión hacia una obra de calidad. Lo respetaremos, pero evitaremos dedicar tiempo a un juicio poco serio y mal fundamentado. Los distintos aspectos de la vida exigen cumplir determinadas exigencias, de lo contrario, no se logran ciertos objetivos en cuanto a conocer, sentir, amar y crear.

Para dialogar, lógicamente, deben cumplirse los requisitos de todo diálogo auténtico, distinto de dos monólogos alternantes. Si al hablar conmigo alguien me encuentra agresivo, impaciente, poco o nada acogedor, tendrá derecho a abandonar la conversación. No podré acusarle, por ello, de intolerante.

Sin embargo, hoy es frecuente oír: «esta es mi opinión, mi verdad, usted quédese con la suya». Con ello se da por supuesto que la verdad es relativa a cada sujeto porque depende de él. ¿Es esto aceptable? La creatividad artística arroja luces al respecto, veamos por qué.

Creatividad Colectiva

A solas, nadie puede ser creativo. Aun la persona mejor dotada del universo debe contar con realidades distintas y, en principio, externas, extrañas, ajenas. Al entrar en relación colaboradora con ellas, dejan de ser distantes, ajenas y extrañas para tornársele íntimas, sin dejar de ser distintas. Con ello se instaura un campo de juego entre nosotros, y surge el sentido y la belleza.

La belleza del Partenón se alumbra cuando una persona sensible a los valores artísticos entrevera su ámbito de vida con el de esa realidad. La belleza no se halla en la obra ni en el sujeto. Surge dinámicamente entre ambos cuando se da una donación mutua de posibilidades. La belleza debe ser considerada, por tanto, un fenómeno relacional, no relativista.

Quien no vive el arte de forma relacional no entra en el campo de juego donde se alumbra la belleza. Decirlo es constatar un hecho que responde a una ley del desarrollo humano, la ley de la dualidad: «Toda forma de creatividad humana es siempre relacional; requiere dos o más realidades que entren en colaboración».

La creatividad siempre es abierta, relacional, dialógica. No lo olvidemos, porque esa ley de la naturaleza nos da una clave para entender a fondo, lúcidamente, lo que es e implica la verdadera tolerancia.

La auténtica tolerancia no es mera permisividad; no implica indiferencia ante la verdad y los valores; no supone aceptar la verdad de cada uno ni su forma propia de pensar por el hecho de pertenecer a una generación u otra; no se reduce a afirmar que se respetan las opiniones ajenas, aunque no se les preste la menor atención.

Quien se proclama respetuoso con otra persona sin prestar la debida atención para descubrir la parte de verdad de su discurso es indiferente, no tolerante, que supone una actitud muy distinta: respetar al otro, estimarlo.

Separar el trigo de la paja

Para ser tolerantes debemos partir de una convicción decisiva: la inteligencia humana es portentosa, sobrecogedora, pero limitada. Dada su condición temporal, el ser humano no puede encontrar la verdad toda, aunque sí toda la verdad específica de algo. De modo semejante a como puedo encontrar en la calle a Juan, pero no a Juan con la diversidad de vertientes que implica. Cierto, cuando saludo a Juan veo toda su persona –no sólo sus manos o sus ojos–, pero no su persona en su trama entera de implicaciones. Necesito más de un encuentro para conocer los diversos aspectos de su personalidad.

No llegamos a la verdad de repente ni a solas, se requieren diversos contactos con cada realidad, en distintos momentos y lugares, necesitamos complementar nuestros esfuerzos y perspectivas. Tanto más, cuanto mayor sea la riqueza y complejidad de la realidad que deseamos conocer.

Con este convencimiento, no sólo aguantaré a quien defienda una posición distinta de la mía, sino que agradeceré que converse conmigo y pondré empeño en descubrir lo que pueda ofrecerme de valioso. Así, la discusión no degenerará nunca en disputa.

En la antigua Roma, discutir era mover el cedazo para separar el trigo de la paja. Disputar no es buscar la verdad, sino el propio enaltecimiento. En la auténtica discusión se concede al otro un espacio de libertad para moverse con holgura y mostrar la posible razón que le asiste.

En la disputa no se atiende a la posible validez de otras opiniones; se defiende la propia como cuestión de honor, con una fiereza que no es tenacidad sino terquedad. Por eso degenera rápidamente en fanatismo. Si quiero ser fiel a una doctrina o conducta y defenderla con entusiasmo, debo estar dispuesto a asumir lo que otras posiciones puedan encerrar de relevante para la vida de todos.

Para tolerar es decisivo comprender que el dominio y posesión sólo se dan en el plano de los objetos y los procesos fabriles, no en el de las realidades superobjetivas (ámbitos) –obras de arte, personas, instituciones, valores…–. En este nivel, las experiencias no son de tipo lineal, sino reversibles. El intérprete configura la obra en cuanto se deja configurar por ella; no la domina ni es dominado por ella.

En las experiencias reversibles nadie domina, porque el dominio es muy pobre en cuanto a creatividad. Todos desean, más bien, configurar y ser configurados. Buscan tener autoridad, no simple mando. Esta es la actitud tolerante por excelencia. En un diálogo, el verdadero conversador no intenta dominar, sino perfeccionar su propia mente y actitud ante la vida exponiendo sus puntos de vista y acogiendo atentamente otras perspectivas distintas.

La cuestión decisiva será, en consecuencia, descubrir cómo convertir nuestra existencia en una trama de experiencias reversibles. Para lograr esta meta se requiere seguir un proceso formativo en cinco fases que esbozo a continuación.

5 fases del proceso formativo

1. Distinguir entre objetos y ámbitos. Una persona no es sólo su cuerpo. Es un centro de iniciativa; con deseos, ideas, sentimientos, proyectos; crea vínculos de todo orden; asume su destino; presenta una vertiente objetiva, corpórea, pero supera toda delimitación; abarca cierto campo en diversos aspectos: biológico, estético, ético, profesional, religioso… Es todo un «ámbito de vida» o, dicho con la filosofía actual, es un «ser-en-el-mundo» que para desarrollarse y ser creativo necesita las posibilidades que le ofrece el entorno.

Quien acepta la realidad como un gran campo de posibilidades donde ha de crecer como persona, se esfuerza por conceder a cada realidad todo su rango. Distingue, por ello, cuidadosamente los «objetos» y los «ámbitos». Objeto es una realidad mensurable, situable, ponderable, delimitable, asible… Un ámbito es una realidad que abarca cierto campo en diversos aspectos, capaz de ofrecer y recibir posibilidades.

Esta distinción es decisiva para comprender a fondo la vida humana y la educación en la tolerancia, porque los ámbitos hacen posibles las experiencias reversibles, entre las que descuellan las experiencias de encuentro.

2. Asumir la importancia de la creatividad. Las experiencias reversibles son muy importantes en la vida humana porque implican siempre alguna dosis de creatividad: el poeta troquela el lenguaje y el lenguaje nutre al poeta, el intérprete configura la obra musical y esta modela su actividad… El hombre madura como persona a medida que realiza más experiencias reversibles y menos experiencias lineales que van del sujeto al objeto y suponen que el primero se imponga a la realidad circundante.

Al estudiar a fondo estas experiencias se advierte la posibilidad de convertir lo distinto-distante en distinto-íntimo, y resolver el problema de conjugar la libertad y las normas, la autonomía y la heteronomía. Como cuando se memoriza una canción y se repite una y otra vez, fraseándola de modo diferente y cambiando el ritmo, hasta que se siente como una voz interior. La canción sigue siendo distinta, pero ya no es distante, ni externa, ni extraña. Constituye un impulso íntimo que sirve de norma de acción y de cauce a la libertad interpretativa.

Al hacerse cargo, íntimamente, de la importancia de las experiencias reversibles para la vida, se descubre la inagotable fecundidad de la forma relacional de pensar. La belleza de una canción o un poema no reside en el poema mismo (lo que sería una interpretación «objetivista»), ni en el sujeto que lo interpreta (interpretación «subjetivista» o «relativista»); brota en el acto de ser interpretados; es fruto, por tanto, de la interacción fecundadora de objeto y sujeto, vistos ambos como fuentes de posibilidades.

El pensamiento relacional no fija la atención en el objeto ni en el sujeto; mantiene la mirada en suspensión para verlos a ambos en la relación que los une y enriquece mutuamente.

Esta atención comprehensiva es capaz de ver como perfectamente lógicas ciertas características de nuestra vinculación a los demás que a menudo se consideran «paradójicas». Léase con atención el texto siguiente, escrito por un eminente psicólogo. Tras destacar tres pares de conceptos «paradójicos» (fuerza-debilidad, identidad-diferencias, singularidad-universalidad), escribe:

Te reconozco, acepto y respeto como un tú personal y por eso me siento «fuerte» para tolerarte, aun a riesgo de aparecer «débil», en ocasiones, ante los demás o ante ti; pero, a la vez, yo no puedo renunciar a que tú me reconozcas, me aceptes y me respetes como persona y me toleres-soportes igualmente. Y si yo te acepto en tus diferencias y singularidades, es porque me sitúo en un espacio de identidad humana y de valores universales, que las asumen-trascienden a la vez; pero entonces, aun en el caso de que tu intolerancia no lo reconociese, mi actitud tolerante es capaz de estar en permanente apertura en ese punto de encuentro humano, arquetípicamente «inmanente» y que «nos trasciende» a ambos.

3. Entreverar ámbitos. El fruto de las experiencias reversibles es el encuentro, acontecimiento que está en la base de todo proceso humano de desarrollo. El encuentro no viene dado por la mera vecindad física; supone un entreveramiento de dos realidades que no son meros objetos, sino ámbitos. Entreverarse significa ofrecerse mutuamente posibilidades de acción y enriquecerse.

Para realizar un auténtico encuentro deben cumplirse diversas condiciones: adoptar una actitud de generosidad, respeto y estima; abrirse al otro con actitud de disponibilidad, vibrar con él, es decir, mostrar auténtica simpatía; ser veraz, sincero, fiel, paciente, tenaz…; compartir ideales elevados.

Estas son también condiciones de la creatividad –toda forma humana de creatividad se da a través de algún tipo de encuentro–, por eso vale denominarlas virtudes: modos de comportarse que hacen posible y fácil crear encuentros, es decir, formas valiosas de unidad.

4. Rechazar el vértigo de la fascinación. El proceso que conduce al encuentro es llamado desde antiguo «éxtasis», ascenso a lo mejor de sí mismo. Este acontecimiento –el encuentro– puede ser anulado por la entrega al «vértigo», un proceso de fascinación que no exige nada al hombre, le promete todo y acaba quitándoselo todo. El vértigo de la ambición de poder y dominio parece garantizar una posición de supremacía y acaba asfixiando a quien se entrega a su embrujo.

5. Descubrir la riqueza. Quien sigue el proceso que lleva al encuentro va descubriendo por sí mismo la riqueza que encierran para su vida las distintas formas de unidad. Este descubrimiento le hace ver con toda sencillez la fecundidad que presenta una conducta ética recta, ajustada a las exigencias de la realidad.

Tal fecundidad se debe a los valores, que no son otra cosa más que posibilidades de actuar con pleno sentido. Y como los auténticos valores atraen, no procede imponer su realización, y tanto más cuanto más altos son. Con razón afirmó Tertuliano que «no es propio de la religión obligar a la religión».

Comprender a fondo este proceso constituye además un foco de luz para orientar rectamente la propia vida e interpretar qué ocurre en la sociedad contemporánea.

La tolerancia se da en el encuentro

La verdadera tolerancia implica una forma de encuentro. No es sólo aguantarse mutuamente para garantizar un mínimo de convivencia. Va más allá: intenta captar los valores positivos de la persona tolerada a fin de que ambas se enriquezcan.

Esta forma de entender la tolerancia sólo es posible si se ha cultivado el arte de jerarquizar debidamente los valores. Cuando se considera que el encuentro presenta un valor altísimo –porque permite al hombre alcanzar el ideal de la unidad– se está en disposición de dialogar con personas o grupos que sostienen ideas y conductas distintas, incluso extrañas a las propias.

El valor supremo, el que decide nuestra conducta, no viene dado en este caso por el carácter confiado de lo que nos es próximo y afín, sino por la capacidad de crear auténticas formas de encuentro y buscar la verdad en común. Esta búsqueda y ese encuentro exigen respeto, entendido positivamente como estima, aprecio del valor básico del otro, en cuanto persona, y de los valores que pueda albergar. Esa estima se traduce en colaboración, oferta de posibilidades en orden a un mayor desarrollo de la personalidad.

Quien de verdad es tolerante no es un espíritu blando que se pliega ante cualquier idea o conducta porque en el fondo no se compromete de verdad con ninguna. Es una persona entusiasmada con ciertos principios, orientaciones e ideales que defiende con vigor. Sabe que la vida es un certamen y compite con fuerza, pero acepta gustosamente al adversario y se esfuerza por verlo en toda su gama de implicaciones y matices.

Lo contrario de este modo de ver comprehensivo y respetuoso es el reduccionismo, que rebaja a las personas y grupos a algo poco relevante o incluso aversivo. Tal envilecimiento es el presupuesto para el ataque. Se dice que los boxeadores, antes del combate, no quieren oír nada relativo a la vida personal de su contrincante. Es comprensible: para atacar necesitan reducirlo a mero adversario, a obstáculo en el camino del triunfo.

Atenerse a la realidad

De aquí que cultivar el «pensamiento débil» –sin hondura ni la debida fundamentación–, aceptar el «relativismo cultural» –rehuir a compromisos firmes al pensar que todo punto de vista es igualmente válido–, fomentar el escepticismo –negar la posibilidad de alcanzar la verdad– y exaltar el subjetivismo –recluir al hombre a su soledad– no ponen las bases de una mayor tolerancia; al contrario, avivan la intolerancia y el dogmatismo.

Sólo si reconozco, con Gabriel Marcel, que «lo más profundo que hay en mí no procede de mí», y me esfuerzo por clarificar la verdad de cuanto me rodea y la mía propia, supero el ansia de dominar que inspira las diversas formas de opresión dictatorial.

Es muy peligroso para toda sociedad carecer de convicciones sólidas por falta de capacidad para ahondar en la realidad o de voluntad para hacerlo debido a ciertos prejuicios antimetafísicos o –como se dice hoy enfáticamente– «posmodernos». La única garantía de libertad interior para hombres y pueblos viene dada por la decisión de atenerse a la realidad que nos sostiene a todos.

Renunciar a la metafísica –al estudio de la realidad– es alejarse de nuestras raíces y quedar desvalidos ante el poder del más fuerte. Los castillos de bellas palabras acerca de la solidaridad y la tolerancia edificados por los partidarios de una vida intelectual «débil» se vendrán abajo con un simple golpe de astucia por parte de los prestidigitadores de conceptos. La actitud de tolerancia y solidaridad sólo puede ser estable cuando conocemos las exigencias de nuestra realidad personal y decidimos cumplirlas.

En esta línea se mueve el dirigente político y pensador Václav Havel cuando escribe: «No debería existir un abismo entre la política y la ética. (…) La tolerancia empieza a ser una debilidad cuando el hombre comienza a tolerar el mal».

Una sociedad que descuida la educación de las personas en la creatividad y los valores no puede ser tolerante. Este tipo de formación exige el previo cultivo de las tres cualidades básicas de la inteligencia: largo alcance, amplitud y profundidad. Bien entendida, la tolerancia implica madurez espiritual, y esta no se logra con el mero exigir unos «mínimos de convivencia».

Antídotos contra la manipulación

A este concepto de tolerancia –como voluntad de buscar la verdad en común– se opone la manipulación, que tiende a anular en las personas la capacidad de pensar por propia cuenta. Mientras que la tolerancia construye –al promover el poder de iniciativa de los demás en cuanto a pensar y decidir–, la manipulación destruye, porque juega con los conceptos y las palabras, lo tergiversa todo, siembra el desconcierto en las personas y las priva de libertad interior.

Para enfrentar con éxito la manipulación, debemos recurrir a tres medidas:

1. Estar alerta y saber qué es manipular, quién manipula, para qué y cómo lo hace.

2. Esforzarnos en pensar con rigor, utilizando el lenguaje de modo preciso.

3. Desarrollar nuestras posibilidades creativas en todos los órdenes: deportivo, ético, estético, profesional, religioso…

Necesariamente, estas tres medidas culminarán en un cambio de actitud ante la vida y, por tanto, en un cambio de ideal. El ideal del dominio y la posesión debe ser sustituido por el ideal de servicio.

Charles Chaplin, dotado de poderosa intuición, subraya la necesidad de superar la práctica ambiciosa de la manipulación mediante la adopción de una actitud tolerante.

Después de encarnar papeles antagónicos –un judío perseguido y «el gran dictador»–, el genial cineasta acaba convirtiendo al dictador en el portavoz de un mensaje de esperanza. No habla desde el rencor producido por los trágicos sucesos de los Doce Años. Se expresa desde ese lugar secreto donde habita lo mejor del ser humano, la capacidad de perdón, la preocupación por abrir a todos los pueblos vías de dignidad y felicidad.

«No pretendo gobernar ni conquistar a nadie –proclamó Chaplin–. Me gustaría ayudar, si fuera posible, a judíos y gentiles, negros y blancos». No reclama venganza contra los culpables del horror de los campos de exterminio. Pide unidad, unión en la lucha por «un mundo mejor en que los hombres estarán por encima de la codicia, del odio y de la brutalidad». Para ello debemos elevar el espíritu, situarnos en un nivel superior de pensamiento y de conducta.

Autor: Alfonso López Quintás Fuente: istmoenlinea.com.mx

jueves, 17 de septiembre de 2009

Encuentro Latinoamericano de Pastoral Social-Caritas de América Latina y el Caribe


Cardenal Cipriani ve "mensajes muy débiles" en la preparación al matrimonio


Desde Lima- Perú y a través de la agencia ínformativa Zenit, nos llegan noticias sobre el desarrollo del Encuentro Latinoamericano de Pastoral Social- Cáritas. El Cardenal Juan Luis Cipriani, durante su ponencia en el mismo, expresó que "No se puede promover la humanización del mundo, sin querer comportarse de una manera más humana. El Papa nos invita a un cambio muy grande a través de pequeños cambios".

El Arzobispo de Lima presentó la Carta Encíclica "Caritas in veritate" y reconoció que es muy importante que los laicos participen en la vida política y social resaltando que es tarea también de la Iglesia abocarse a mejorar la calidad educativa.

"La Iglesia siempre aportó de una manera impresionante su presencia en la educación. Hoy honradamente estamos muy débiles como propuesta educativa en ese proyecto humanista integral. Nos estamos contentando con mensajes muy débiles en la preparación para la confirmación y el sacramento del matrimonio. Mucho entusiasmo, mucho compartir, pero hay que darle contenidos a la gente, es una invitación que el Papa hace de una manera muy directa y fuerte", señaló.

El Cardenal Cipriani también recordó que quien excluye a Dios de su vida, solo puede terminar por el camino equivocado y pidió a los delegados presentes en el Encuentro a promover una formación cristiana más consistente que transforme y ayude a las personas.

Animó a que, a través del modo de pensar y de ser, se haga visible a Cristo Vivo en un mundo con pluralidad de culturas rescatando el Catecismo de la Iglesia Católica y el Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia para tener una formación doctrinal más consistente que produzca un cambio en la sociedad, lo cual solamente será posible si el interesado tiene la experiencia personal en Cristo.

También aconsejó releer el documento de Aparecida, muy actual y valioso para los tiempos que la Iglesia vive en América.

En otro momento, recordó que estamos viviendo en un mundo materialista, opuesto a los valores espirituales gratuitos otorgados por Dios y exhortó a promover la dimensión espiritual, que es donde el ser humano trasciende.

"La ley de los valores espirituales es opuesta a la ley de los valores materiales. Lamentablemente muchas veces tratamos los valores espirituales con el mismo planteamiento que el de los materiales y ahí surge el egoísmo, el abuso y la injusticia. En el ambiente priman unas normas dictadas por un planteamiento materialista de las personas. Estamos hechos para recibirnos y para darnos, y nos realizamos como personas cuanto más nos damos", culminó.

Por otro lado, uno de los mensajes más sugerentes y audaces de la carta encíclica "Caritas in veritate" es el deseo del Santo Padre de aplicar principios de democracia económica, a través de iniciativas mutualistas, de gratuidad y de comunión donde no necesariamente priman los beneficios, sino el don recíproco, expresó el Arzobispo de Lima.

lunes, 14 de septiembre de 2009

La familia como estructura de acogida


La mentalidad actual genera un inmenso número de personas frustradas y desengañadas que se sienten excluidas de la sociedad

La sociedad actual ensalza al fuerte, al que triunfa. No hay espacio ni protección para el débil. La publicidad empuja a una carrera cada vez más competitiva en el que sólo tienen éxito un número reducido de individuos, relegando al olvido a los que también han corrido pero no han llegado primeros. Esta mentalidad genera un inmenso número de personas frustradas y desengañadas que se sienten excluidas de la sociedad. Otras, para seguir siendo reconocidas, tienen que luchar a muerte.

La enseñanza en las escuelas responde a la pedagogía del éxito y del mayor rendimiento académico, que es la que se impone en el discurso oficial y social, y a la que lleva la pedagogía dominante. ¿Qué sucede con los que no triunfan, con los que no tienen el éxito que de ellos se esperaba, con los fracasados?

La experiencia de que el ser humano es un ser vulnerable puede ayudar a ver de un modo muy distinto a los demás, de situarse ante los demás no desde la prepotencia y el dominio, sino en una actitud de acogida. Permite ver la debilidad del otro que se esconde tras la máscara de la fortaleza. Resulta esencial educar el sentido de la vulnerabilidad y la capacidad de asumir los propios límites y los de los otros.

En esta tarea, la familia, como unidad básica de la sociedad, juega un papel muy relevante en una sociedad tan árida como la nuestra, puesto que se puede definir, más allá de toda interpretación, como una estructura de acogida. Para el hijo, en su familia, la acogida significa sentirse y saberse aceptado y querido, protegido y seguro por el amor y el cuidado de sus padres.

El valor máximo en la familia es la incondicionalidad. Se acepta al hijo sin condiciones, tenga o no tenga éxito, sea o no sea inteligente. No se le acepta por sus rasgos, sino por el mero hecho de ser persona. Decir que la familia es una estructura de acogida significa que da apoyo, confianza y ternura; significa sentir de cerca la presencia de los padres que se hace acompañamiento, orientación y guía. Ese impulso inicial de acogida infunde una confianza en el vínculo humano que ningún acontecimiento futuro puede borrar.

La vulnerabilidad es el rasgo de la condición humana que es necesario resaltar. Contra la apología del fuerte e individualista, se debe destacar el valor de la acogida y de la responsabilidad frente al dolor del otro. La experiencia de ser vulnerable, necesitado, abre la puerta a la presencia de otro en mi vida, a la irrupción del otro en mi experiencia vital. Eliminar al sujeto vulnerable, por el mero hecho de ser vulnerable, es una forma de perversidad moral. Al sujeto vulnerable se le debe, ante todo, acoger y ofrecer una comunidad cálida.

La familia es el espacio privilegiado en el que cada persona es reconocida y valorada por lo que es. Sólo el ser vulnerable genera en nosotros la obligación de responder incondicionalmente. Sólo del ser vulnerable podemos esperar la llamada exigente de acogerlo, sin haberlo querido ni escogido. Esta experiencia genuinamente moral de atención y de cuidado del otro va a poner las bases para una vida moral que facilite el ponerse en el lugar del otro, el desarrollo de la capacidad de escucha, acogida y atención al otro y la capacidad de analizar la condiciones históricas en las que la relación moral con el otro se están produciendo.

Francesc Torralba Roselló
Fuente: Forum Libertas

La evolución manipulada


Por Javier Úbeda Ibáñez


Los doctrinarios materialistas vienen desarrollando una activa campaña destinada a difundir a nivel popular una versión de los orígenes y naturaleza del hombre que excluya cuidadosamente toda suerte de intervención divina. El principal método empleado consiste en la formulación y divulgación -recurriendo a las técnicas más eficaces de la propaganda- de una versión simplista y radical del evolucionismo y de las teorías evolucionistas.

Es bien sabido que la evolución de las especies constituye una hipótesis científica que, reconducida a sus justos y razonables límites, es admitida por muchos hombres de ciencia y no se opone a la Revelación divina ni tampoco, por tanto, a la fe cristiana. Será incumbencia del científico, dentro del ámbito de su legítima autonomía, aceptar o no la evolución como explicación válida de importantes problemas, sobre todo en el campo de la biología. Pero cosa muy distinta sería pretender elevar a la categoría de dogma un evolucionismo absoluto y total, para que sirviera así de fundamento a la concepción materialista del hombre y de la vida.

La divulgación a nivel popular del evolucionismo radical ha recurrido hábilmente a la acuñación de slogans rudimentarios pero eficaces, como aquel de que, el hombre desciende del mono, plasmado a veces en imágenes que entran fácilmente por los ojos; o ha producido seriales televisivos atrayentes, que no rebasan el nivel de la ciencia-ficción, pero que aparecen revestidos de ropajes de apariencia científica y presentan una versión materialista de los orígenes del Cosmos y de la vida. La pretensión ideológica del evolucionismo radical es de sobra conocida: su intención no es otra que excluir cualquier intervención de un Creador en la génesis de la materia y de la vida. Según ese evolucionismo, sería la propia materia cósmica increada -operando en virtud de una ciega dinámica inmanente a ella, y sin la acción de una Inteligencia ordenadora- la que habría dado origen a la vida que, desde las formas más elementales, habría progresado gradualmente y por su propio impulso hacia formas superiores, hasta llegar al hombre, al ser racional dotado de entendimiento y voluntad.

miércoles, 26 de agosto de 2009

Comunicado sobre la despenalización - Sacerdotes para las villas de emergencia

Ante el fallo de la Corte Suprema de Justicia del día de hoy, quienes integramos el Equipo de Sacerdotes para las Villas expresamos a continuación nuestra humilde opinión, que ratifica plenamente aquellas reflexiones que se hicieran públicas Leer más

sábado, 16 de mayo de 2009

La amistad en las redes sociales, una mirada desde la fe cristiana




En este texto hacemos un breve comentarios a algunos temas señalados por el Papa Benedicto XVI en el Mensaje para la XLIII Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales.

“El concepto de amistad ha tenido un nuevo auge en el vocabulario de las redes sociales digitales que han surgido en los últimos años” .

Precisamente, en el top de palabras buscadas en Internet están las redes sociales. Éstas funcionan en un sitio web que permite a las personas inscribirse gratuitamente y mostrar su perfil, gustos, historia, capacidades y cualidades; además compartir fotos, música, comentarios; y entre otras funciones. Así, podemos decir que la red social en Internet es una proyección de vida social de la vida cotidiana; pero aquí los amigos de mis amigos se pueden sumar a mi red personal.

En América Latina entre las redes sociales más buscadas y usadas son Hi5 y Facebook, pero existen redes asociadas a Microsoft como la de Hotmail o Windows Live; a Google como Orkut y tantas otras como My Space, Flick, bebo, Tuenti y Sonico.

En la redes sociales muchos han tratado de ver una comprobación de la teoría de los “seis grados de separación”, que apareció por primera vez como ensayo de un escritor húngaro en 1929. La teoría intenta demostrar que cualquier persona podría contactarse con otra de cualquier lugar del mundo sin necesidad de más de seis intermediarios.

Así, vemos como las posibilidades de conocer más personas de diversas latitudes se ha hecho más fácil a través de estos nuevos servicios. Pero con todos estos avances que multiplican las posibilidades de interrelacionarse; también se corre riegos de banalizar “el concepto y la experiencia de amistad”; y pueden llevar necesariamente a un deterioro de la disponibilidad para el otro.

El reto para la juventud y los usuarios de estos medios está en no plantear oposición entre amistades online y las personas cercanas de la vida cotidiana como los vecinos, los del trabajo, los de la escuela y especialmente con cada miembro de la propia familia; pues en ambos campos la amistad auténtica exige compromiso, dedicación, disponibilidad de tiempo y servicio, diálogo y espacio para el encuentro cordial y fraterno.

El mensaje destaca que la obsesión en el uso del medio tecnológico puede traer como consecuencia que la persona se aísle, interrumpiendo su interacción social real. Esto termina por alterar también los ritmos de reposo, de silencio y de reflexión necesarios para un sano desarrollo humano”; también tan necesarios para el encuentro profundo con el otro y con Dios.

El primer contacto y el sostenimiento de la amistad

Dice el mensaje sobre la amistad: “Este concepto es una de las más nobles conquistas de la cultura humana. En nuestras amistades, y a través de ellas, crecemos y nos desarrollamos como seres humanos. Precisamente por eso, siempre se ha considerado la verdadera amistad como una de las riquezas más grandes que puede tener el ser humano” .

En el mensaje del año 2002 para la Jornada Mundial de las Comunicaciones, Juan Pablo II nos da luces acerca del buen uso de Internet: “Sobre todo, al proporcionar información y suscitar interés, hace posible un encuentro inicial con el mensaje cristiano, especialmente entre los jóvenes; Internet puede servir para ponerse en contacto por primera vez, para pasar del mundo virtual del ciberespacio al mundo real de la comunidad cristiana” Y como segundo elemento importante resalta: “En una etapa posterior, Internet también puede facilitar el tipo de seguimiento que requiere la evangelización. Especialmente en una cultura que carece de bases firmes, la vida cristiana requiere una instrucción y una catequesis continuas, y esta es tal vez el área en que Internet puede brindar una excelente ayuda….

” Resalta este mensaje: “Internet no puede suplir nunca la profunda experiencia de Dios que sólo puede brindar la vida litúrgica y sacramental de la Iglesia”.

Todos buscamos tener y conservar amigos del alma y para encontrar estos amigos, hay que pasar del ciberespacio al encuentro real; sin encuentro real no hay verdadera amistad. De qué vale tantos contactos en el messenger, en el hi5 o facebook, si en el fondo el corazón está vacío; hay que dar el salto al compromiso con el otro, sostener a los amigos, animarlos a “desarrollar sus capacidades y talentos” .

Un espacio para todos

Por último es importante señalar que este instrumento tiene muchas ventajas para la comunicación y socialización humana, sin embargo, se percibe que el ambiente tecnológico está caracterizado no solo por un tipo de pobreza material.

Dice el mensaje: “se ha de procurar que el mundo digital en el que se crean esas redes sea realmente accesible a todos. Sería un grave daño para el futuro de la humanidad si los nuevos instrumentos de comunicación, que permiten compartir saber e información de modo más veloz y eficaz, no fueran accesibles a quienes ya están social y económicamente marginados, o si contribuyeran tan sólo a acrecentar la distancia que separa a los pobres de las nuevas redes que se desarrollan al servicio de la información y la socialización humana” .

La accesibilidad y el estar on-line, cada vez es menos un asunto de ricos o de pobres, pues muchísimas personas tienen la posibilidad de usar estas herramientas.

La tecnología móvil es donde más se han reducido las distancias. Si bien, existe una pobreza real; el problema de la pobreza no se soluciona, teniendo un celular o acceso a Internet; la gran pobreza es interior y moral en este campo tecnológico; al usar de estos medios se cree que esta ausente la moral; y hay una perdida fáctica de conciencia sobre el bien; que trae también entre otras consecuencias que el contacto inicial no llegue a ser una amistad sólida; el uso de Internet urge la vivencia de valores sólidos y profundos; especialmente urgente de ser enseñados y vividos por los jóvenes que están comenzando a construir sus vidas.

Notas

1. S.S. Benedicto XVI, Mensaje para la XLIII Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, 24 de mayo de 2009.
2. Fuente: Google Insights for Search.
3. Fuente: Google Insights for Search.
4. Fuente: Alexa the Web Information Company.
5. Frigyes Karinthy propuso la teoría en una corta historia llamada Chains.
6. S.S. Benedicto XVI, Mensaje para la XLIII Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, 24 de mayo de 2009.
7. S.S. Benedicto XVI, Mensaje para la XLIII Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, 24 de mayo de 2009.
8. S.S. Benedicto XVI, Mensaje para la XLIII Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, 24 de mayo de 2009.
9. S.S. Juan Pablo II, Mensaje de las Comunicaciones Sociales, 24 de enero de 2002.
10. Mensaje de S.S. Juan Pablo II para la XXXVI Jornada Mundial de las Comunicaciones SocialesVaticano, 24 de enero de 2002
11. S.S. Benedicto XVI, Mensaje para la XLIII Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, 24 de mayo de 2009.
12. S.S. Benedicto XVI, Mensaje para la XLIII Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, 24 de mayo de 2009.

Fuente: VE Multimedios

martes, 21 de abril de 2009

¿El matrimonio ha muerto?

Comentario previo:
Si publico esta nota aparecida esta mañana en el Diario "La Nación" es porque considero que bien vale la pena analizarla. El autor: Rolando Hanglin es un conocido conductor de programas de radio, en los cuales siempre trata de tener una mirada progresista sobre muchas cuestiones pero también deja entrever el espíritu machista que imprime en todas sus notas.
Aún así, es para analizar lo que él escribe respecto del matrimonio porque es una realidad -aunque no la de toda la sociedad- que nos está marcando un rumbo que no todos deseamos, ya que el matrimonio es un contrato social pero también es una realidad trascendente que une a un hombre y una mujer con lazos de amor, de amistad, de caridad, de fidelidad, de compromiso y de deseos de traer al mundo hijos que merecen tener un hogar constituido y estable. Nadie puede crecer sanamente sin un mínimo de estabilidad garantizada y el matrimonio, es la base de la familia.
La Nota: "Réquiem para el matrimonio"
En una reciente película americana, Jennifer Aniston y Ben Affleck juegan los papeles de una pareja que lleva siete años de convivencia. Siete largos años: hoy es mucho.

- Quiero que me expliques -dice Jennifer- porqué no querés casarte conmigo. Somos felices, tenemos buen sexo, nos divertimos, nos amamos como el primer día...¿No te parece que ya es hora de que pasemos por el registro civil?

- ¡Pero amor mío! -responde Affleck- ...Si somos felices, si yo dedico mi vida a vos, y vos me dedicás la tuya a mí, si nos divertimos y nos queremos...¿Para qué hace falta más?
- Hmm...¿Por qué no?

- Por el mismo motivo que vos tenés para no firmar una escritura con tus amigas. Tenés cinco o seis chicas con la que estás profundamente unida desde la escuela primaria. Una vez por mes te reunís con ellas y conversás hasta cinco horas. Han estado juntas a lo largo de los años, atravesando la muerte de sus padres y madres, el nacimiento de los hijos, el éxito de una, el fracaso de otra, el divorcio de alguna...¡Siempre unidas! ¿Te parece necesario que vayan juntas al Registro Civil, a pagar 45 dólares al juez para que ponga el sello y tome el juramento en un Contrato de Amistad Eterna que corresponde a un formulario impreso en un papel? ¿Para qué? ¿No te parece que semejante contrato baja el nivel de la amistad que ustedes comparten...?

- Sí. Es cierto- responde muy seria la adorable señorita Aniston, pero a la semana vuelve a la carga, y otra y otra vez.

Hasta que un día, Jennifer pone el ultimátum:

- ¡Basta de excusas! Si no te casás conmigo, nos separamos. Siete años son demasiados años para pensarlo.

Así es que él y ella se marchan, civilizadamente, cada cual por su lado. En rigor de verdad, Affleck se va a vivir al puerto deportivo, pues allá tiene anclado un barquito, que se convierte en su mínima residencia, con todas las precariedades del caso. Por algún motivo imposible de discernir, en caso de separación, el hombre "es expulsado de su casa", aunque sea el propietario único, legítimo e indiscutible.

El caso es que él y ella lo pasan muy mal durante un año entero o dos, hasta que finalmente ella vuelve sobre sus pasos y va a buscar a su enamorado al barco.

- Te ruego que vuelvas conmigo. Lo único que me importa es que vivamos juntos. No necesito casarme.

Así se hace. Para redondear un final feliz, el guionista agrega un detalle: Affleck entrega a Jennifer el clásico estuche con las dos alianzas y -ahora sí, ya no presionado sino por su propia iniciativa- le ruega que se unan en matrimonio. Y se besan. Las chicas de la platea suspiran intensamente desde la aparición del estuche hasta el final del beso.

Es una bonita historia romántica.

Ahora bien. Lo que veo a mi alrededor -y atención que estamos en la Argentina, país del Tercer Mundo- es que las parejas no se casan más. Si lo hacen, es para divorciarse muy pronto: a veces a los tres meses, a veces a los seis años. Pero muy pronto.

Y uno se pregunta. Casarse: ¿Para qué?

Existe el matrimonio religioso y es magnífico para los creyentes, que son sólo una parte de la población.

Pero el otro matrimonio, el contrato civil, que es una institución relativamente nueva, y que no se funda en las conveniencias de una y otra familia sino en la iniciativa de los jóvenes contrayentes...¿No ha fracasado?

Los ricos han inventado el contrato prematrimonial y otros procedimientos para que el matrimonio no se convierta en una rápida expropiación del hombre por parte de la mujer.
Muchachos que se casaron con departamento propio, auto y oficina, uniéndose a la chica de sus sueños...hoy están divorciados, pagan cuota alimentaria y duermen en la oficina. Así como el varón fue durante siglos un predador, un Casanovas que jugaba a obtener el sexo fugaz de las incautas para luego huir, dejándolas deshonradas y sin marido... asimismo hoy la mujer suele ser una predadora que se casa, tiene un bebé, se aburre, expulsa al papá del crío y obtiene un rápido divorcio que le proporciona un departamento gratis, la cuota para vivir cómodamente (ella y el niño) y a veces un auto. ¡Todo en dos años!

Los pobres no tienen ninguna necesidad de casarse, pues él carece de fortuna y ella de vestido adecuado. ¿Para qué? Tienen la filosofía de Ben Affleck, sólo que sin el barquito ni el departamento.

En cambio, contraen matrimonio con entusiasmo y emoción las parejas homosexuales.
También lo hacen las estrellas de cine, los potentados y los miembros de la realeza, a veces con un severo contrato Copia Oculta.

Ya no es necesario certificar y proteger la identidad de los niños, desde que existen exámenes de ADN.

En fin, la institución camina rápidamente hacia su extinción. Un día habrá registros civiles vacíos, planillas sin nada que anotar y jueces mirando pasar la vida.

Tengo para mí que el matrimonio, lejos de ser un sólido basamento sobre el cual se edifica una familia, ahora es otra cosa. Es la frutilla final del postre helado.

Después de haberse conocido a los 20 años, con pasiones y separaciones, infidelidades y alejamientos, viajes, rencillas, maratones sexuales, años de rabia y lejanía, a veces las parejas se reencuentran. En otras ocasiones, un hombre de 70 y una mujer de 65 se enamoran inesperadamente al mirarse a los ojos por primera vez. Con hijos y nietos, ex-maridos y ex-esposas.

Para una pareja así constituida, es poético casarse. Ya no hay tiempo para más historias. Es cuestión de elegir a la pareja de los últimos días (ya sé que pueden ser 30 años más, pero no es lo común) y si semejante atracción en los tiempos del Cólera puede más que las manías y achaques de uno y otra... ¿Qué mejor que casarse? Es la gran ofrenda.

No es mala cosa el matrimonio para nosotros los viejos. Como los homosexuales, accedemos a un deseable ritual antes exclusivo del lozano muchachito de 27 y la cándida chiquilina de 19.
Nosotros también podemos. Y hasta somos capaces de bailar el vals, a pesar del ácido úrico.

Rolando Hanglin
Fuente: La Nación on Line 21.04.2009

lunes, 1 de diciembre de 2008

El futuro de la educación


La exclusión, es decir, la imposibilidad de incorporarse a la sociedad, ya no pasa únicamente por la exclusión económica, vivimos también una exclusión cultural que es sumamente grave y alarmante. Admitir el desmoronamiento del sistema educativo es consentir la violencia, aceptar la pobreza y la exclusión y resignarse a la desintegración social.Leer más

jueves, 27 de noviembre de 2008

Familia, cuna de la vida y del amor, espacio de humanización


La familia es la matriz de todos los significados espirituales de la existencia. Allí se aprenden los contenidos y los "sabores" de conceptos y actitudes espirituales como acogida, escucha, perdón, comunión, bendición, gratitud, don, sacrificio... Una interesante reflexión de Pascual Chávez Villanueva, Rector Mayor Salesiano Leer más

viernes, 3 de octubre de 2008

De abuelos y nietos, la vida moderna


Una tarde un nieto estaba charlando con su abuela sobre acontecimientos actuales.

Entonces, el nieto preguntó qué pensaba la abuela sobre los tiroteos en las escuelas, la edad de la computadora y sobre todo en general.

La abuela respondió:

Bueno, déjame pensar un minuto, Yo nací antes de la televisión, la penicilina, las vacunas contra la polio, las comidas congeladas, la fotocopiadora, los lentes de contacto, la píldora anticonceptiva, ni el Frisbee.

No había radares, tarjetas de crédito, rayos láser o roller blades. No se había inventado el aire acondicionado, el lavaplatos, las secadoras,y las prendas se colgaban a secar al aire fresco.

El hombre todavía no había llegado a la Luna y no existían los aviones a chorro para pasajeros. Tu abuelo y yo nos casamos y después vivimos juntos y en cada familia había un papá y una mamá.

La palabra "gay" era una palabra respetable en inglés que significaba una persona contenta, alegre; no un homosexual, que cariñosamente llamábamos "locas". De lesbianas, nunca habíamos oído hablar. Y los muchachos no usaban aretes.

Era antes de los derechos de los homosexuales, las citas por computadora, dobles carreras universitarias, terapias de grupo, sicólogas, y salitas de atención médica.
Hasta que cumplí veinticinco, llamé a cada policía y a cada hombre, Señor y a cada mujer Señora o Señorita. Cuando no sabía distinguir entre una y otra y a una mujer madura le decía Señora, muy prontamente me corregía ofendida "Seeeñoritaaaa! y por mis 4 costados" (La virginidad no producía cáncer).

Nuestras vidas estaban gobernadas por los 10 Mandamientos, buen juicio y sentido común. Nos enseñaron a diferenciar entre el bien y el mal y a ser responsables de nuestros actos.
Servir al país era un privilegio, vivir en este país, una gracia especial, aún mayor.
Creíamos que la comida rápida era lo que la gente comía cuando estaba apurada.
Tener una relación significativa era llevarse bien con los primos.

Tiempo compartido significaba el que la familia compartía a la noche, no un condominio. Nunca habíamos oído sobre la música estereofónica, la radio FM, cassettes, CD´s, máquinas de escribir eléctricas, calculadora (ni siquiera mecánicas,para no hablar de las portátiles), el yogurt.

A los relojes se les daba cuerda cada día. No existía nada digital, ni los relojes ni los indicadores con monumeritos luminosos en los artefactos del hogar ni en las máquinas.

Hablando de máquinas, no existían los cajeros automáticos, los icemakers en las heladeras, los radio relojes despertadores, ni los hornos microondas.
Para no hablar de los video casettes ni las filmadoras de video.

Escuchábamos las grandes orquestas, a Benny Goodman, Perez Prado, Javier Cugat y Ray Coniff, y al presidente en la radio.

No recuerdo a nadie volándose las orejas con música de Madonna, por ejemplo.
Si en algo decía "Made in Japan" se lo consideraba una porquería. No existía "Made in Korea" ni "Made in Taiwan".

No se había oído de Pizza Hut, Mc Donald´s o el café instantáneo ni de los endulzantes artificiales. No habían los alimentos "light" y se comía más rico.
Había tiendas de 5 y 10 centavos, donde realmente se compraban cosas por 5 y 10 centavos.

Los helados, llamadas telefónicas, pasajes de autobús y la Pepsi, todos costaban 10 centavos. Se podía comprar un nuevo Chevrolet Coupé por 600 dólares (pero quién los tenía?).

En mi tiempo, hierba era algo que se cortaba y no se fumaba, coca era una gaseosa, y la música de rock la que hacía la mecedora de la abuela. Chip significaba un pedazo de madera, hardware era la ferretería y el software no existía.

Fuimos la última generación que creyó que una señora necesitaba un marido para tener un hijo. No asombra que ahora nos llamen viejos y confundidos y digan que hay un vacío generacional ..."

Cuántos años crees que tengo?

¿Más de cien??? Preguntó el nieto

No. Solamente cincuenta y seis...
Fuente: MDQ