viernes, 8 de febrero de 2008

Familia y discontinuidad pastoral




Por: Monseñor Héctor Cardelli

La discontinuidad en nuestra pastoral es una realidad innegable. Volver nuestra atención a la familia favorecería la continuidad en la pastoral. Nada puede suplir la acción de la familia, ni la escuela ni la parroquia. Hoy es permanentemente agredida con leyes de todo tipo: divorcio, salud reproductiva, aborto, etc. Y hasta en nuestra pastoral la hemos descuidado al punto de que casi ha desaparecido. Vale la pena el esfuerzo para recuperar la centralidad de la familia en la tarea pastoral.

¡Cuántos desvelos por la catequesis de iniciación que se ven como frustrados a la semana de la primera comunión, o de la confirmación! Ese día, pastoralmente terrible, sentimos que llegamos hasta ahí y no hemos implementado nada para acompañar el crecimiento en esa iniciación, que por mejor hecha que fuere, no es sino y sólo iniciación.

Lo mismo experimenta el sacerdote con los niños que bautiza, con los novios que sacramenta, con los ex alumnos de su "escuelita" parroquial, con los jóvenes, los enfermos, los ancianos, etc, etc. Todas pastorales independientes, insuficientes, dispersas, sectoriales sin relación entre sí y lo peor, sostenidas por décadas y décadas sin nuevas propuestas válidas que aseguren una continuidad en el crecimiento espiritual del iniciado.

Los frutos de esta catequesis son tan pobres que no logran establecer la relación entre la fe y las vidas, demorando responsablemente la presencia y el crecimiento del Reino entre nosotros, de tal modo que abundamos en bautizados (aunque creo que ya son menos) no evangelizados. Tenemos un fuerte protagonismo de católicos generados por esta pastoral fragmentada, y una estructura social corrupta y de pecado. ¿Es que se habrá vuelto insípida la sal?

Después de 20 años de párroco y ahora como obispo en otra latitud de mi patria, veo que ésta es la situación real de nuestra pastoral, en nuestras parroquias y diócesis.

¿Qué hacer? Volver al proyecto de Dios.

Dios pone la familia en el CENTRO de la creación. Crea al hombre a su Imagen y Semejanza, lo crea comunidad de AMOR, varón y mujer y los invita a convertirse en familia, sean fecundos, crezcan y multiplíquense. ¡Dominen la tierra!

Frente al rechazo del hombre, que quiere hacerse autónomo y rompe la comunión, Dios no desiste de su plan. Él mismo, el Verbo, se hace hombre en el seno de una familia.
Así, en el plan de la creación aparece una FAMILIA en el origen; ¡también el Plan de Salvación tiene su origen en una familia!

El matrimonio es anterior a la Iglesia y a los sacramentos.

Las primeras comunidades se reunían para partir el pan, orar y comer juntos (Hech. 2,46).
También las familias son los primeros núcleos evangelizadores y los apóstoles se dirigían especialmente a los jefes de familia (Rm. 16, 1-16).

La conyugalidad se hace presente desde el comienzo en las relaciones de Dios y su Pueblo.
Jesús utiliza mucho el lenguaje nupcial en las enseñanzas: Mt. 22, 2-14; Mc. 2, 19 y también los apóstoles: Apoc. 19, 7; 22, 17 y el mismo Jesús envía a sus discípulos a las casas de familia: Mt. 10, 11-14.

Así Dios nos revela la centralidad de la familia. Ella es la célula de la sociedad, es la base y el fundamento de la estructura social.
Es un CAPITAL SOCIAL. En los tratados internacionales se ubica como centro de las posibilidades de desarrollo personal y social de las personas y del desarrollo económico de los pueblos.

"La que educa es la familia y lo que ella no hace, la institución que intenta hacerlo nunca llega a alcanzar los logros que ella puede alcanzar. Lo que educa es el ambiente que la familia crea culturalmente, no lo que sus miembros dicen que hay que hacer" (Honorable Senado de la Nación. "Informe Argentino de desarrollo humano". Tomo I. Los valores para el desarrollo humano de los Argentinos. 1998).

En los tratados internacionales se señala que "las familias estables son los principales actores del desarrollo sostenible. Este desarrollo depende principalmente de la madurez social, emocional, espiritual, cultural y política de todos los miembros de la familia" (Declaración de Malta del Foro Mundial de ONG para el lanzamiento del año internacional de la Familia, dic. 1993).

En la convención de los derechos del niño se reconoce que para que el niño tenga un pleno y armonioso desarrollo de su personalidad debe crecer en el seno de la familia en un ambiente de felicidad, amor y comprensión.

La función central de la familia es la función de
PERSONALIZACIÓN.


Se pretende que la escuela supla a la familia y que encare una educación emocional y afectiva: ésa es la tarea de la casa de cada uno, no del aula. Las afectividades requieren otro lugar, otro tipo de relación.

Sólo la familia puede ayudar al desarrollo del hombre en su totalidad.
Pese a estos reconocimientos de las ciencias antropológicas y sociológicas, así como de la normativa jurídica y las Declaraciones de orden universal, la FAMILIA, lejos de ser preservada como el BIEN COMÚN, fundamento de la sociedad, fue y es permanentemente agredida y puesta en riesgo de disolución mediante un plan perfectamente definido y desarrollado.

Basta pensar en las leyes como la del divorcio, salud reproductiva, aborto, eutanasia, manipulación genética, eugenesia, clonación, anulación del hombre como persona en sí. Visión instrumentalista del hombre sin lazos familiares. Simple engranaje de un sistema de producción y consumo.

Y el colmo de todo es que la familia, en nuestra pastoral, no es tenida en cuenta sino más bien ha desaparecido como tal. Tironeada y desmembrada como Tupac Amarú sus miembros se hallan dispersos, atendidos por diversas pastorales, mediante acciones sectoriales sin relación entre sí y menos con la familia de la que proceden esos miembros.

Rescatemos y recuperemos la familia como centralidad de toda pastoral e hilo conductor del Itinerario Catequístico Permanente (ICP).

Lumen Gentium y Gaudium et Spes son documentos fundamentales del Vaticano II para el descubrimiento de la centralidad de la familia en la pastoral de la Iglesia.
Pablo VI destacó el papel de la familia como Iglesia doméstica (E. N.).
Juan Pablo II es el papa de la familia a la que alude en todos sus documentos.

Cuando la familia es realmente la centralidad de la pastoral de la Iglesia, es acompañada, atendida y contenida por la acción coordinada e integral de las diversas pastorales que tienen que ver con la familia en forma directa.

La única institución natural que acompaña al ser humano desde que nace hasta la vida adulta es la familia. En el orden pastoral, la parroquia cumple esa función desde el nacimiento hasta la muerte.

Entonces, es desde la parroquia y en la familia donde debemos concentrar nuestra atención para asegurar el crecimiento cristiano de la fe, como un itinerario de discipulado que desemboca en el Reino definitivo ¡después de haberlo instaurado aquí en la tierra!

Fuente:Revista Didascalia