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sábado, 7 de septiembre de 2013

¿Se pueden negociar algunas normas?




Por Elena Roger Gamir , pedagoga del Gabinete Solohijos

¿Se pueden negociar algunas normas?

 
En contra de lo que algunos padres creen, las normas no oprimen ni quitan libertad a la familia; las normas adecuadas ayudan a que nuestra familia pueda convivir en armonía y a que nuestros hijos crezcan en responsabilidad. Dan seguridad, proporcionan apoyo y orientación.
Pero no todas las normas son iguales. Aprende a distinguir entre las que son de estricto cumplimiento de aquellas que pueden (y deben) ser más flexibles.

Normas negociables


Son aquellas que tienen en cuenta los gustos personales de los niños. No quieren decir que todo vale sino que se puede ser flexible en su aplicación.
Si tu hijo quiere dormir con el equipo de futbol en lugar de con el pijama, ¿qué hay de malo en ello?
Si no le gusta bañarse, ¿por qué no le ofreces la ducha?

¿Qué normas pueden ser más flexibles?

Aquellas relacionadas con el día a día:

 
    Baño o ducha (De acuerdo, si no quieres bañarte, puedes ducharte)
    Momento de ir a dormir (Vale, puedes quedarte leyendo un ratito más)
    Que ropa ponerse al día siguiente (¿La camisa azul o la de cuadros?)
    Preferencias en la comida (Puedes elegir entre un plátano o un melocotón)

Si ofreces a tu hijo un cierto margen de libertad en determinadas reglas:

  •     Aumentas su predisposición a obedecer
  •     Le enseñas a tomar decisiones
  •     Fomentas las soluciones creativas
  •     Fortaleces su autoestima

Normas no negociables

Son las relacionadas con la seguridad, salud y valores de la familia. Han de ser un referente claro para el niño y convertirse en los pilares de vuestro proyecto familiar.

  •     En esta casa no se dicen palabrotas
  •     Decimos la verdad aunque nos cueste
  •     En esta casa no nos pegamos
  •     No vemos la televisión mientras comemos
  •     Nos abrochamos siempre el cinturón de seguridad
  •     Llamamos a casa siempre que nos retrasamos

Las reglas son muy personales. Lo que para ti es negociable, para otro padre o madre puede que no lo sea. Lo importante es que sean normas que se puedan cumplir y que, una vez establecidas, seas consecuente y apliques las consecuencias en el caso de ser infringidas.

miércoles, 13 de julio de 2011

De permanente actualidad: educación y familia


Josep Maria Alsina

A modo de decálogo:

1.- Los padres, tienen derecho, deben, y pueden educar a sus hijos. Hoy muchos padres no educan porque creen que no son capaces de educar. No valoramos suficientemente lo que significa la capacidad natural de educar, fundada en la misma paternidad

2-.
Mediante la educación se hace posible la experiencia del poder atractivo del bien.
No se desea, ni se persigue el bien porque se desconoce, la educación tiene que ayudar a descubrirlo.

3.-
Educar no es domesticar.
Se domestica a los animales porque se rigen por el instinto, pero los seres humanos se rigen, o mejor dicho se tienen que regir por la razón y por la voluntad. Esto significa que solo es posible la educación si el educando quiere y desea ser educado.

4.-Se educa con palabras y con hechos. También las palabras son importantes, siempre que transmitan la verdad de los hechos, es decir de la vida.

5.-
Se educa mediante lo ordinario y lo extraordinario.
Solo cuando la vida cotidiana resulta atractiva se puede vivir con auténtica felicidad, y solo desde esta perspectiva se valora lo realmente extraordinario que rompe con la cotidianeidad de la vida

6.-
Educar requiere paciencia.
Las plantas no crecen en un día, los niños y los jóvenes tampoco maduran en un breve tiempo. Nunca ha sido así .actualmente es mas difícil madurar. La adolescencia se prolonga hasta lo interminable. Solo se arregla con paciencia

7.- Para poder educar hay que estar dispuesto a educar contracorriente. No vivimos en una sociedad que sea educadora sino todo lo contrario. No es agradable, pero es necesario nadar contra la corriente. De lo contrario el río revuelto te lleva por cauces indeseables

8.- Las familias necesitan de otras familias para poder educar. Los niños tiene que hacer la experiencia de una sociedad agradable , esto solo es posible conviviendo con otras familias que compartan ideales y modos de vida.

9.-
Los padres nunca pueden darse por vencidos.
¡Cómo se va aceptar el fracaso en la educación de los hijos¡ ¡ No se puede renunciar a la felicidad de los hijos¡ Hay que seguir luchando siempre. Esta falta de aceptación es por si mismo educadora.

10.-
Nuestros hijos son hijos de Dios .
Este es el motivo principal de nuestra gozosa esperanza.

Fuente: Forum Libertas

jueves, 14 de octubre de 2010

Educar en el momento oportuno



Educar es difícil

"Es que es muy difícil" se oye decir a muchos padres cuando se habla de educación. Claro que es difícil, es que la vida es difícil cuando hay que tomar decisiones, cuando hay que corregir, cuando hay que manifestar desacuerdo. La vida en la que no hay dificultades es una vida idiota, volátil, superflua, me atrevería a afirmar que inhumana.

Apoyar y animar a los hijos es un deber de los padres como también lo es corregir. No hacerlo por pereza, indiferencia o temor es un flaco favor que les hacemos. Ellos, igual que nosotros, necesitan referencias, limites, exigencia. Con cariño sí, pero también con firmeza. Claro que para actuar así hay que tener ideas claras, principios y fortaleza. Educar es difícil pero posible.

En el momento oportuno

Los padres tenemos la obligación de corregir a los hijos cuando su actuación es incorrecta. Esto no está reñido con el cariño, el apoyo y el ánimo. Puede haber quién piense que corregir es sencillamente echar una bronca y ya está. Nada más lejos de la realidad.

Para corregir hace falta buscar el momento oportuno, las palabras que no hieren y todo ello en el clima de una relación normal que debe haber en la familia cuyo ingrediente fundamental es el amor: el deseo de ayudar al otro a ser mejor y por lo tanto más feliz. El mejor ámbito es la relación personal, lo normal debe ser que tanto la corrección como el apoyo comiencen en el cara a cara. Y, sobre todo, debemos transmitir al hijo nuestra convicción de que es capaz de mejorar y que cuenta con nuestro apoyo.

Fuente: Fluvium

martes, 2 de febrero de 2010

Los padres, los protagonistas naturales más inmediatos en la tarea educativa

Por
Javier Úbeda Ibáñez


Una auténtica y efectiva educación requiere necesariamente la existencia de una auténtica y efectiva intimidad


La familia es el ámbito más próximo, tanto biológica como espiritualmente hablando, de la persona humana individual y concreta, a la cual pertenece primariamente la titularidad de los derechos de índole natural. La conveniencia de comprender esta tesis resulta en la actualidad tanto más clara cuanto que no es lícito desconocer que hoy por hoy se ataca a la familia desde muy variados frentes y que existe, por otra parte, una fuerte tendencia a absorber los derechos de la persona humana individual en los cometidos propios de la sociedad en su conjunto y del Estado como su gestor y promotor.

La tarea educativa encuentra sus protagonistas naturales más próximos o inmediatos en los padres, porque éstos son, por principio, quienes más cerca se hallan de quien tiene el derecho a ser educado. En la vida de la familia este derecho coincide con un deber de los padres como responsables primarios de la formación de sus hijos. Pero adviértase que, al hacer esta afirmación, no pretendemos estar tratando de la actividad educativa como un complemento natural de la generación de la prole. De este aspecto ya hemos hablado en otro artículo. Ahora se trata, tan sólo, del argumento basado en la máxima proximidad existente, en el caso de los padres y los hijos, entre el educador y el educando. Queremos decir, en suma, que el primer titular del derecho a ejercer la educación es quien tiene la mayor proximidad respecto de quien posee primariamente el derecho a que se le eduque.

Y se trata, sin duda, de una proximidad que alcanza el grado de la intimidad. No es tan sólo, de hecho, una cercanía física, ni ésta representa propiamente la única ni la mejor forma de estar próximos los hombres entre sí. El hogar, la familia, constituye indudablemente un cierto ambiente físico en el sentido más material y topográfico de la palabra; pero no es ese su sentido fundamental. Más decisiva es la proximidad de carácter biológico y, sobre todo, esa cercanía de los espíritus en que la esencia de la intimidad consiste.

Una auténtica y efectiva educación requiere necesariamente la existencia de una auténtica y efectiva intimidad. Naturalmente, estamos tomando aquí la educación, no en el mero sentido de lo que se llama la instrucción o enseñanza, sino en sus más hondas dimensiones, que sin duda son las formativas. Hablamos, en una palabra, de la educación como formación de la persona en sus más altos valores. Pues bien, tal formación exige la máxima intimidad entre el educador y el educado: la que puede y debe darse, por principio, en el ámbito familiar.

En relación con ello, no parece que resulte improcedente, sino muy oportuno, el tener en cuenta las graves deformaciones y trastornos mentales dimanantes, a la corta o a la larga, de que los hijos, sobre todo en los primeros años de su vida, no sean tratados suficientemente por sus padres. Tales deformaciones y trastornos son sencillamente el resultado de la falta de una intimidad indispensable para la salud mental del educado. Y todo esto quiere decir, por tanto, que no son suficientes los cuidados físicos y las demás atenciones que los hijos pueden recibir fuera del seno de la vida de la familia.

La intimidad compartida es la condición indispensable para poder superar el egoísmo. Es ésta una condición que representa el más primario elemento en la formación moral del ser humano. Incluso cabe decir que toda la formación moral no es otra cosa sino el proceso en el que se va desarrollando la superación del propio yo y de sus exclusivos intereses meramente particulares. Hoy se habla mucho de la necesidad de realizarse pero tal vez se olvida que la realización de la persona es un continuo abrirse a los horizontes que gradualmente trascienden la vinculación al propio yo.

En la intimidad de la familia comienza el aprendizaje de la virtud de la solidaridad. Claro que la necesidad de esta virtud para el íntegro desarrollo de la persona humana puede y debe justificarse con razones de valor objetivo, y ello de tal manera que la solidaridad no se convierta en un puro y simple sentimiento, por muy generoso que éste fuera. Pero es un hecho innegable que, tanto en esta virtud como en las otras, el ejemplo puede más que las palabras. De ahí que el calor y la fuerza del ejemplo que constituye la íntima solidaridad de la familia no puedan ser reemplazados por argumentos abstractos que no poseen el apoyo de una experiencia iniciada en los primeros años de la vida.

lunes, 1 de febrero de 2010

Familia escuela: Resiliencia familiar


En los momentos complicados, podemos y debemos encontrar una solución. Más aún si son nuestros seres queridos los afectados. La respuesta a los problemas que se presentan hoy en nuestra familia no necesariamente la tiene un especialista carísimo o un gurú; la tenemos nosotros mismos, y se llama resiliencia.
La investigadora y orientadora familiar Verónica Rodríguez reflexiona sobre este capital en su libro "Familia escuela: Resiliencia familiar" y nos facilita el camino con las siguientes consideraciones. Leer más

sábado, 30 de enero de 2010

"No Basta" Video musical de Franco De Vita

Los hijos, a quienes a veces los padres tratamos como si fueran nuestra fotocopia, como si desconociéramos esa esencia que los hace únicos, diferentes de nosotros y de todos los demás seres humanos. Esta canción de Franco De Vita nos hace pensar en la necesidad de dejarlos ser, tal y como Dios los pensó y los creó.


viernes, 20 de noviembre de 2009

Niños tiranos


Descubrimos cuáles son las tres fases para criar niños déspotas y los cinco límites para evitarlo

Los niños y los jóvenes siempre han tenido conductas rebeldes propias de su edad. Pero últimamente, las noticias de sucesos han alcanzado un protagonismo alarmante. Muchos padres han pasado a ser las víctimas de las conductas agresivas de sus hijos.

En un artículo de la revista XarxaFarma, Laura García Agustín, psicóloga directora del Centro Psicológico Clavesalud de Madrid nos explica cuáles son las conductas más indicativas que llevan a un niño a convertirse en un tirano. Por otro lado, nos desvela cuáles podrían ser las soluciones para evitarlo.

Volviendo a los sucesos que ocurren hoy en día, los datos extraídos en las Jornadas sobre violencia interfamiliar nos indican que las denuncias impuestas por padres, supuestamente agredidos por sus hijos, se han multiplicado por tres en los últimos años en la Comunidad Valenciana y por ocho, en los últimos cuatro años en Cataluña y en el País Vasco.

Asimismo, los casos de bullying en las escuelas son cada vez más frecuentes y todo nos hace apuntar a que cabría preguntarse qué está pasando alguna cosa con nuestros jóvenes.
La voz de los expertos

La mayoría de expertos en el tema coinciden en la idea de que los factores desencadenantes de esta situación son: la educación hedonista, la falta de tiempo compartido con los padres, la influencia de los medios de comunicación y sobretodo, la falta de límites ante los intereses personales de los jóvenes.

“Es obvio que se ha pasado de una situación de respeto, casi de miedo, hacia el padre o la autoridad a una falta de límites en la cual los jóvenes quieren imponer su ley de exigencia”, explica Javier Urra en su libro El pequeño dictador. Cuando los padres son las víctimas.

La psicóloga Laura García divide en tres fases las conductas que indican el desarrollo de un niño que puede llegar a convertirse en un agresor.

1. La cultura de la inmediatez

La primera de ellas es: el niño caprichoso. Se convierte en amo de su casa en el sentido de que o se hace lo que él quiere, o su conducta cambia y la convivencia se convierte en algo muy difícil de llevar. La casa se convierte en un autentico campo de batalla.

Son niños caprichosos, con una autoestima exagerada y un ego colosal como resultado de una sobreprotección excesiva y perniciosa de sus padres. Lo que quieren, lo quieren al momento y no admiten un ‘no’ como respuesta. Han aprendido a chantajear para conseguir aquello que quieren, incluso a exigir y a amenazar. Son niños fruto de la cultura de la inmediatez que no han podido aprender el valor de las cosas.

2. Yo, soy el rey

La segunda fase la denominan síndrome del emperador. Según el profesor de la Universidad de Valencia, Vicente Garrido, esta fase se caracteriza por una violencia persistente y global y de carácter evolutivo.

El experto explica que esta conducta suele empezar con el abandono del esfuerzo para los estudios, sigue con amenazas a los padres y pasa a los abusos psicológicos. Alerta también que en algunos casos puede llegar a las agresiones físicas.

Este síndrome está caracterizado por factores como el poco miedo a ser castigados o la insensibilidad emocional, factor en que la educación ejerce un papel fundamental. “Cuanto más insensible sea el menor, menos efectiva será su educación”, dice Garrido.

Es muy importante hacer un esfuerzo para identificar a los jóvenes violentos y ayudar a los padres en su educación antes de que sea demasiado tarde, concluye el experto.

3. La dictadura agresiva

Con la tercera fase llega el grado máximo de ‘capricho tiránico’. La agresión a los padres es una situación que cada vez se ve más en los juzgados. La situación empieza con insultos, gritos, chantajes emocionales y amenazas y en el peor de los casos, llegan las agresiones físicas.

“Es un error”, explica Urra, justificar su conducta por su fuerte carácter o porque aguanta mucha presión en la escuela.

Los padres inmaduros, con miedo y fácilmente manipulables sienten vergüenza hacia los demás y no cuentan su situación. “Ven a su hijo como una pesadilla”, dice Javier Urra.

Las presiones pueden llegar en edades muy tempranas, a veces a los 8 u 9 años, pero es más adelante cuando el hijo puede convertirse en un dictador.

El estudio de la violencia de los jóvenes en la familia: una aproximación a los menores denunciados por su padres constata que el 14% de los casos denunciados por violencia doméstica están protagonizados por menores.

Para los especialistas en esta materia la mejor prevención para todas estas actitudes es la de establecer limitaciones con eficacia.

La prevención de una pesadilla tiene cinco soluciones

Coger las riendas: los padres han de educar y han de actuar como modelos competentes para sus hijos. Su trabajo es establecer los límites y las normas y hacer que se cumplan, enseñarles los valores adecuados, la disciplina y el valor del esfuerzo. Hay que acostumbrarles a la espera, no hay que acudir inmediatamente cuando ellos lo digan, así aprenderán también a poner sus propias soluciones ante los problemas.

Pautas y órdenes claras: para que una orden o instrucción sea eficaz tiene que seguir una serie de pautas. La orden hay que decirla una sola vez, especificando la conducta que se quiere de manera clara. Tiene que hacerse en el momento óptimo y tiene que ir acorde con la edad del niño, sin amenazas pero con mano dura. Es muy importante, comenta Javier Urra, establecer las consecuencias para una posible desobediencia.

Restituir el papel del ‘no’: en los últimos años, muchas teorías insisten sobre la cantidad inmensa de negaciones que puede tener una criatura desde pequeña, y cómo esto se refleja en inseguridad y desconfianza cuando es mayor. Pero también se pasa muchas veces de la negociación a la aprobación total. “Hay muchas situaciones en las que hace falta decir ‘no’ simplemente porque la necesidad de otro es más importante”, dice Betsy Hart, experta en educación infantil en su libro Sin miedo a educar.

Mantenerse fuerte delante de los enfados: según un estudio realizado en la Universidad de Pensilvana, Estados Unidos, los niños que presentan una tendencia más importante a los enfados temperamentales tienen más posibilidades de sufrir problemas emocionales cuando crecen. Los resultados reflejaban que estos niños presentan unos niveles más bajos de satisfacción vital, felicidad y autoestima en su vida adulta. Además, tienen menos comunicación con sus familiares, relaciones más pobres con sus padres y, en general, dificultad para intimar con los demás.

Mostrarse seguros: “la respuesta del niño es directamente proporcional a la seguridad más o menos grande con la que se muestran sus padres delante de él”, señala Javier Urra. Los niños tienen una especie de radar para identificar el estado emocional de los padres y según esto, actuaran con mayor o menor insistencia para conseguir lo que se plantean. Por eso es tan importante mostrarse seguros ante los hijos, porque así, verán que no tienen nada que hacer.

Los niños tiranos no nacen, se hacen. Por eso es tan importante plantearse cómo será su educación “antes de que el niño nazca”, concluye Javier Urra. Sólo así sabrán cómo actuar y afrontar los problemas ante las situaciones adversas que se les presenten.

Carlota Falcó Vich
Fuente: Solo Hijos. net