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martes, 6 de mayo de 2014

Proteger a los chicos de las adicciones




Muchos jóvenes expresan que la droga apareció en sus vidas en el viaje de egresados al concluir el séptimo grado de la primaria, ingreso que se produjo como consecuencia de no querer quedar marginados del grupo de compañeros que, supuestamente, eran los "piolas". ¿Quién querría quedar al margen y no ser y sentir como ellos?. Al principio se comienza con la cerveza y más tarde aparece la marihuana, el pegamento, la nafta y toda sustancia que sirva para drogarse.

Un sector cada vez más amplio de niños, adolescentes y jóvenes buscan en la droga una felicidad ilusoria mediante el efecto transitorio de ciertas drogas. Por simple curiosidad, para enfrentar la inseguridad, por no encontrar un lugar en el mundo, muchos emprenden un camino de difícil retorno. Las sustancias psicoactivas como la marihuana, cocaína, ácido lisérgico, éxtasis, e inhalantes, descomponen todo el equilibrio psicofísico. Según la droga y el nivel de consumo, las sustancias psicoactivas producen un transistorio estado alterado de la conciencia con sensaciones que oscilan desde entre el júbilo y la depresión desembocando en pérdida de memoria y de otras funciones cognitivas, falta de coordinación que puede llegar al extremo de incapacidad psicomotriz, alteración cardiorrespiratoria por sobrecarga del corazón y colapso del sistema nervioso central entre otras consecuencias. A este cuadro se le suman las consecuencias sociales de la adicción: violencia y delito.

Innumerables intentos se han realizado con el objetivo de definir por qué una persona cae en manos de estas sustancias que existen desde siempre y cuyo uso depende de la época y la cultura. Mientras los neurólogos se centran en la química del cerebro, los estudiosos de la conducta se inclinan por definir una serie de factores que predisponen, ya sean familiares, sociales o de personalidad, cuya articulación define la dependencia psicológica.

Lo que comienza como una curiosidad a edades que cada vez se instalan más cerca de la infancia, termina convirtiéndose en una trampa porque las drogas tienen sustancias altamente adictivas que generan un círculo vicioso difícil de romper. La droga pide más y más y el adicto no encuentra cómo frenar un consumo que lo consume. Por la droga, el adicto pierde familia, amigos, principios y como plantea el Dr. Hugo Míguez en su libro "Uso de sustancias psicoactivas" "el trastorno mayor no está en la toxicidad de la droga sino en el abandono que hace el adicto de cualquier otra forma de recuperar su capacidad de entusiasmo". Por lo único que el adicto pelea es por la droga que le sirve para olvidar, sentirse bien, festejar, superar estados de ánimo negativos pero que a la vez le hace perder un montón de cosas e inclusive introducirlo en el delito.


La familia del adicto

Mucho se ha dicho y escrito sobre la familia del adicto y coinciden todos los especialistas en los siguientes aspectos: fallas en la puesta de límites, dificultades en la comunicación, ausencia de respeto por las jerarquías y conductas familiares adictivas son peligrosos trampolines que muchas veces conducen a la adicción.
"Tanto la permisividad como la sobreprotección son nocivas porque tienden a anular a la persona, retrasar el crecimiento e impedir que aprenda a afrontar situaciones. Se trata de un proceso que va influyendo en la formación de la persona, porque, habitualmente, el mal manejo de los límites no empieza cuando el hijo entra en la adolescencia; eso viene desde siempre y cada situación se va sumando a las anteriores.(Verónica De Lucchi. Terapeuta familiar.)


Los hijos necesitan ser sostenidos, tenidos en cuenta, protegidos y cuidados por adultos que cumplan sus funciones dentro de una normativa clara.

Guia para padres

  • No tomar remedios sistemáticamente delante de los menores, son conductas contagiosas
  • Restringir el consumo de alcohol como forma de relajación y evasión de problemas.
  • Dejar fuera del alcance de los menores los tranquilizantes y medicamentos en general.
  • Enseñar a tomar decisiones, a elegir y a decir que no, desde chicos.
  • Proponer y realizar actividades (leer, conversar, escuchar música, salir) que eviten el vacío existencial y emocional, generando un espacio compartido entre padres e hijos.
  • Realizar deportes al aire libre
  • Comunicarse con los hijos. Hablar con ellos tanto de sus actividades como de sus sentimientos.
  • Mantener una cohesión familiar no simbiótica, es decir, respetando las individualidades.
  • Acompañar, sostener, cuidar y proteger a los adolescentes en el natural proceso de transición, con el respeto por sus pérdidas, dolor y sufrimiento inevitables.
  • Asumir que la oferta de droga es masiva y que cualquiera puede ser tentado.
  • Buscar ayuda si se descubre alguna adicción. Los padres solos no pueden sacar a un hijo dela carrera adictiva.

Bibliografía: este artículo ha sido compilada de un Dossier (que conservo en papel) publicado en los años 90 en la desaparecida Revista Luna de la Editorial Perfil.


jueves, 5 de diciembre de 2013

La drogadicción, un mal que crece

Arzobispo de Medellín
Mons.  Ricardo Tobón Restrepo





El tema del narcotráfico, en nuestro país, ha sido bastante comentado y debatido; sin embargo, una realidad tan cercana y tan grave como es la toxicomanía o abuso de drogas no ha tenido el mismo análisis ni ha causado igual preocupación. Tal vez, sólo para el primero, por sus connotaciones económicas, tenemos presiones y compromisos internacionales. De esta manera, sin una voz de alarma y sin un control serio, ha ido creciendo de modo inquietante la drogadicción en nuestra sociedad. Incluso, un manejo ambiguo del problema ha permitido que se minimicen los riesgos y que aumente la tolerancia social. 

Cuando llega este mal, las personas entran en un proceso de autodestrucción, se desestabilizan las familias, los jóvenes pierden su disposición para el estudio y el trabajo, cunde la desconfianza y el temor en los barrios, aumenta la violencia, se acrecienta la irresponsabilidad en el manejo de la sexualidad, se multiplican negocios ilícitos que causan daños nefastos en el tejido social, y en todo esto se da, según se oye decir, la complicidad y la corrupción de algunos dirigentes, miembros de las fuerzas de seguridad y funcionarios de la justicia. Así el consumo de drogas se va integrando en la sociedad como un elemento que no se cuestiona suficientemente y ensombrece más nuestro futuro.  


El tema del narcotráfico, en nuestro país, ha sido bastante comentado y debatido; sin embargo, una realidad tan cercana y tan grave como es la toxicomanía o abuso de drogas no ha tenido el mismo análisis ni ha causado igual preocupación. Tal vez, sólo para el primero, por sus connotaciones económicas, tenemos presiones y compromisos internacionales. De esta manera, sin una voz de alarma y sin un control serio, ha ido creciendo de modo inquietante la drogadicción en nuestra sociedad. Incluso, un manejo ambiguo del problema ha permitido que se minimicen los riesgos y que aumente la tolerancia social.  

Cuando llega este mal, las personas entran en un proceso de autodestrucción, se desestabilizan las familias, los jóvenes pierden su disposición para el estudio y el trabajo, cunde la desconfianza y el temor en los barrios, aumenta la violencia, se acrecienta la irresponsabilidad en el manejo de la sexualidad, se multiplican negocios ilícitos que causan daños nefastos en el tejido social, y en todo esto se da, según se oye decir, la complicidad y la corrupción de algunos dirigentes, miembros de las fuerzas de seguridad y funcionarios de la justicia. Así el consumo de drogas se va integrando en la sociedad como un elemento que no se cuestiona suficientemente y ensombrece más nuestro futuro.  

Es preciso reconocer un vínculo hondo entre la patología mortal causada por el abuso de drogas y una patología del espíritu, que lleva a la persona, en una crisis existencial del sentido de la vida, con ausencia de valores trascendentes y deteriorados sus nexos con la sociedad, a huir de sí misma y a buscar placeres ilusorios, en una evasión desesperada de la realidad. Frente a esto no se puede negar una responsabilidad social de todos, pues quienes llegan a la drogadicción van frecuentemente acosados por la desintegración de la familia, el desempleo y las situaciones infrahumanas de vida. Finalmente, en la raíz está la pérdida de valores éticos y espirituales. 

Es preciso reconocer la labor de muchas familias, de diversos centros educativos y de varias instituciones en la formación de los niños y los jóvenes, en la prevención de la toxicodependencia y en la asistencia a quienes son víctimas de la drogadicción. Un especial reconocimiento merece la generosidad y competencia de tantas personas de gran corazón que trabajan en las comunidades terapéuticas. Igualmente, la Iglesia Católica se ha empeñado a través de múltiples iniciativas en una pastoral de las adicciones. Sin embargo, todavía debemos ser más eficaces en un acompañamiento de los adolescentes y de los jóvenes y en la ayuda a quienes han entrado por esta vía oscura de la drogadicción.  

Con todo, no será posible resolver este problema, que puede ponernos en una situación de difícil retorno, sin la conciencia y el compromiso de todas las fuerzas vivas de la sociedad. Urge renovar la vida y la misión de la familia; entender y realizar la educación, en todos los ámbitos en que es posible, como la oportunidad de construir la persona humana; aprovechar los medios de comunicación social para hacer propuestas positivas que den aliento y sentido a la comunidad; establecer amplios consensos sociales que deriven en políticas públicas de corto y largo alcance para ayudar a las nuevas generaciones a situarse armoniosa y productivamente en el mundo. Sobre todo, es necesario trabajar porque quienes han caído en la droga no pierdan la esperanza y entiendan que pueden comenzar de nuevo.

Fuente: Pastoral Sacerdotal Arquidiócesis de Medellín 

jueves, 1 de marzo de 2012

¿En qué consiste prevenir en familia?



En un primer acercamiento, podemos entender que prevenir es evitar un problema o informar sobre los riesgos de consumir drogas. Pero la prevención no se traduce sólo en información, la prevención implica una actuación más profunda, es decir, implica generar actitudes y decisiones personales frente a los consumos de drogas.

Prevenir no consiste en atajar las causas, sino en educar a los hijos para que se conviertan en personas que no necesitan las drogas para vivir o que saben convivir con ellas sin que les causen ningún mal.

Prevenir es educar y educando hacemos prevención.

Prevenir supone ayudar a saber elegir, decidir, corregir, aislar de situaciones
comprometidas,.... en función de la situación. Es enseñar a convivir con las drogas. Éstas han existido siempre, con multitud de fines y muchas se encuentran integradas en nuestra vida: alcohol, café, tabaco, licores, tranquilizantes, somníferos,...

Se define la prevención del consumo de drogas como el conjunto de medidas encaminadas a evitar, reducir y/o retrasar el abuso de estas sustancias o, en caso de haberse producido, reducir al mínimo las consecuencias negativas de tal abuso.

Prevenir es anticiparse.

Desde pequeños nos enseñan a anticiparnos a aquello que puede poner en riesgo nuestro bienestar, tanto físico, como psíquico y social. Nos enseñan que la
salud no es algo que se tiene o no se tiene porque sí, sino que la salud hay que cuidarla y fomentarla.

El consumo de drogas está muy asociado a los estilos de vida, a nuestra particular forma de vivir. Y nuestra salud también está determinada por nuestro estilo de vida. Por este motivo, para prevenir el consumo de drogas es fundamental educar para la salud.

Desde niños debemos enseñar comportamientos y hábitos saludables y actitudes favorables al propio cuidado y al de los demás. Este es uno de los pilares fundamentales en los que se basa la prevención y comienza desde la más tierna infancia. En este sentido, la familia en general y los padres en particular, nos convertimos en agentes naturales preventivos con espacios y tiempo para y donde actuar, capacidad y autoridad para intervenir cuando se precisa y sentido común para superar dificultades y buscar recursos e información.

La familia es el primer espacio socializador donde el individuo puede desarrollarse como persona responsable y libre:

  • Aprende y practica la convicencia
  • Se formentan habitos y costumbres saludables
  • Aprende a respetar normas y a asumir responsabilidades
  • Se expresan y canalizan emociones
  • Comparte
  • Desarrolla valores y actitudes
  • Siente y muestra afectos
  • Aprende a comunicarse, pedir y dar
  • Aprende a decidir y valorar
  • Aprende a divertirse

Los padres no somos los únicos agentes preventivos, ni los únicos responsables de la educación de nuestros hijos. La escuela, el grupo de amigos, el entorno más cercano como el barrio o la ciudad en la que vivimos, las instituciones e incluso la legislación vigente intervienen en la misma. Sin embargo, si bien estos elementos constituyen una red de apoyo, una ayuda básica e insustituible, nunca deben entenderse como sustitutos válidos en quienes delegar la educación de nuestros hijos. No debemos dejar de asumir nuestro papelfundamental en su formación como personas.

miércoles, 22 de febrero de 2012

Drogadicción. Resumen de factores de riesgo




La multiplicidad de situaciones y condiciones que llevan a la drogadicción, amerita que se tengan en cuenta los factores de riesgo. A continuación un resumen de los mismos.
Vinculados a la persona
  • Edad
  • Baja Asertividad
  • Falta de conformidad con las normas sociales
  • Elevada necesidad de aprobación social
  • Dificultad para el manejo del tiempo libre
  • Fracaso escolar o laboral
  • Falta de habilidades para tomar decisiones o resolver problemas
  • Expectativas positivas respecto a las consecuencias del consumo
  • Baja autoestima
  • Elevada búsqueda de sensaciones
  • Escasa tolerancia a la frustración
  • Rebeldía
  • Falta de alternativas de ocio saludable
  • Falta de habilidades sociales
  • Falta de conocimientos sobre drogas
  • Actitud favorable hacia las drogas
Vinculados al ambiente

Factores microsociales


Ambiente familiar
  • Baja cohesión familiar
  • Clima afectivo inadecuado
  • Estilo educativo familiar (exceso o defecto de disciplina)
  • Tolerancia familiar al consumo (consumos en la familia y/o permisividad)
  • Ambiente escolar
  • Falta de integración
  • Tolerancia al consumo de drogas en el medio escolar
El grupo de iguales

  • Relación con amigos consumidores
  • Presión de grupo hacia el consumo
  • Normas grupales, actitudes y valores propios del grupo
  • Consumo de drogas como alternativa exclusiva de ocio

Factores macrosociales (culturales)

  • Disponibilidad y fácil acceso de drogas
  • Tolerancia social hacia el consumo de determinadas sustancias (alcohol,...)
  • Falta de recursos, difusión o facilidades para el empleo saludable del ocio
  • Publicidad de drogas legales, que enganchan con valores asociados a necesidades básicas de la persona.
  • Planificación urbanística
  • Clima social (competitividad, búsqueda de éxito..): Valores contradictorios, contrarios a la salud,..

martes, 21 de febrero de 2012

Drogadicción. Resumen de factores de protección




Áreas donde los padres podemos intervenir

En nuestros hijos

1. Valores

1. Valores positivos hacia la salud: hábitos saludables de descanso, alimentación, higiene,
deporte, relación, inquietudes de distinta naturaleza,... Frente a una oferta de drogas, los
criterios de salud influirán positivamente en la decisión que tengan que tomar (abstenerse,
controlarse, rechazarlo,...).

2. Valores prosociales (convivencia, solidaridad, diálogo, participación,...). Favorecen la
convivencia y las relaciones positivas con los demás.

3. Valores ético-morales: enseñan criterios de conducta basados en la ética y el respeto y ayudan a tomar decisiones; mejoran la autoconfianza y la autoestima y favorecen la capacidad de
afrontar situaciones difíciles.

2. Capacidad para interacción social

1. Habilidad para relacionarse, expresar lo que se desea o necesita, saber decir que no,
autoafirmarse en la expresión de opiniones,...

2. Protege ante situaciones de presión del entorno y fomenta la seguridad en uno mismo y la
valoración personal.

3. Capacidad para tomar decisiones

1. Desarrollar actitudes críticas, enseñar a asumir responsabilidades, practicar recursos de
autocontrol, fomentar tener criterios propios y dejarle elegir,....

2. Favorece la autonomía de la persona y la convierte en menos influenciable. Mejora el
afrontamiento ante situaciones de consumo de drogas.

En el entorno próximo:

1. Apego familiar, clima afectivo positivo y sistema coherente de límites y normas.

• El sentimiento de apego familiar genera un vínculo a un grupo de pertenencia, la familia. Nos
hace sentir que formamos parte de un grupo donde poder compartir y encontrar apoyo. El
apego nos da seguridad y nos ayuda crecer y madurar.

• Para fomentar este sentimiento de apego debemos crear un clima afectivo positivo, lo que se
traduce en un ambiente caracterizado por actitudes de reconocimiento y respeto, una
comunicación fluida y manifestaciones de cariño y afecto incondicional.

• En la familia es importante que existan normas y límites de comportamiento, así como un
adecuado reparto de tareas. Enseñar normas y límites a nuestros hijos y darles
responsabilidades dentro del hogar, de acuerdo con su edad y madurez, fomenta el
autocontrol, la capacidad de asumir responsabilidades, la tolerancia a la frustración, etc.

2. El grupo de iguales

1. Después de la familia, el grupo de iguales es el espacio de relación social más importante para
las personas, especialmente durante la adolescencia y la juventud. Los padres debemos
fomentar las relaciones sociales de los hijos y conocer el grupo al que pertenecen, participar
de sus actividades, en la medida de lo posible, y estar en contacto con ellos.

3. El centro escolar

1. Para los niños y adolescentes la escuela no es sólo un centro educativo, sino un importante
contexto de socialización e intercambio. Cuando el clima del centro es positivo se favorece la
vinculación, la integración y el sentimiento de pertenencia con la comunidad educativa.

2. Nuestra relación con el centro escolar es clave como factor de protección. Debe existir un
puente común entre padres y profesores y una relación fluida en la que desaparezcan los
reproches.

4. En la comunidad próxima: barrio, pueblo,...

. En el barrio se reúnen las personas, unas veces por intereses o inquietudes y, otras, por el
mero hecho de cohabitar en ese entorno. Es un espacio informal de intercambio y socialización
en el que surgen de manera espontánea distintas formas de agrupación y oportunidades de ocio
y empleo del tiempo libre.

• La tendencia actual es hacer menos vida en el barrio y se subestiman las posibilidades que
nuestro entorno próximo tiene para hacer prevención. Participar en la comunidad favorece el
sentimiento de pertenencia y, a su vez, hace que las personas aporten y enriquezcan con sus
experiencias la comunidad en la que viven, promoviendo el crecimiento y la evolución de la
misma.

En la sociedad:

Los padres podemos participar en los factores de protección asociados a la sociedad y la cultura en la que vivimos. Son los que surgen desde, para y por la sociedad y tienen la capacidad de promocionar cambios en los hábitos de los individuos.

1. Campañas de promoción de la salud
  • Son todas aquellas campañas de sensibilización, información y formación que pretenden mejorar los hábitos de comportamiento de los grupos e individuos.
  • Debemos estar atentos a esas campañas y no actuar como receptores pasivos y ajenos a esos mensajes. Conviene apoyarlas, no desvirtuarlas.
2. La limitación de la accesibilidad a las sustancias
  • Las leyes que limitan el acceso a las drogas legales están elaboradas con un carácterprotector para las personas y la sociedad. Es importante que las cumplamos y que transmitamos respeto por su cumplimiento a nuestros hijos.
3. Las alternativas de ocio y tiempo libre
  • Cada día es más amplia la oferta de ocio y tiempo libre. Hoy se considera un elemento de calidad de vida y se promueve como tal. Lo importante en materia de prevención es que esa oferta sea conocida, viable y atractiva para las personas y que fomente conductas saludables, convirtiéndose en sí misma en una alternativa a la cultura del consumo de drogas.

Un acercamiento a las drogas




Ésta es una primera entrega de las que iremos realizando paulatinamente para concientizar sobre el rol de la familia y en especial de los padres en la prevención de la drogadiccción. El material forma parte de un curso on line impartido por Educared a través de su plataforma virtual Intercampus.


Introducción

El papel de los padres es clave para la prevención del consumo de drogas. Es evidente que podemos contribuir positivamente para intentar evitar o retrasar el consumo de drogas de nuestros hijos. Pero, en definitiva, dado que las drogas han estado, están y estarán presentes en la sociedad, el objetivo último debe ser enseñarles a aprender a vivir en un mundo con drogas sin que éstas supongan un riesgo o problemas para sus vidas.

El concepto de droga no sólo abarca las sustancias ilegales que tanta alarma social han provocado. El concepto de droga es mucho más amplio e incluye multitud de sustancias con las que convivimos actualmente y que forman parte de nuestros hábitos de alimentación, de esparcimiento o de relación con los demás.

Tradicionalmente se ha considerado que informar acerca de las consecuencias de las drogas es la estrategia preventiva por excelencia. Cabe suponer que, de esta manera, la persona se hace consciente de los efectos negativos que le traerá el consumo de una sustancia y, en consecuencia, la evitará.

Pero todos sabemos que la realidad no es tan sencilla y que el hecho de disponer de información suficiente acerca de las consecuencias de un consumo, no generan la disminución de éste. Es preciso, por tanto, una actuación más global y profunda.

Aun así, la información tiene un valor innegable en la prevención del consumo de drogas, bien para tomar decisiones, bien para que sea posible valorar adecuadamente los pros y los contras de cada opción. Por este motivo, es importante adquirir una información suficiente y veraz acerca de las drogas, de lo que puede esperarse de ellas, de cómo influyen en el organismo y cómo condicionan las relaciones con los demás.

En este módulo, a través de los contenidos teóricos y audiovisuales y una serie de actividades, acercaremos la labor preventiva a nuestra vida cotidiana analizando aquellos elementos a través de los cuales podemos formar y preparar a nuestros hijos para enfrentarse a la convivencia con las drogas. Asimismo, abordaremos los conceptos básicos para entender las drogas y las relaciones que se establecen con ellas.

¿Cuándo se convierten las drogas en un problema?

Cada persona es distinta y los motivos que cada uno tiene para tomar drogas también (la falta de información, la búsqueda de algo distinto, experimentar qué se siente, animarse, divertirse, olvidar los problemas o, simplemente, hacer lo que hacen los demás).

El consumo de drogas es un fenómeno complejo y multidimensional. Un fenómeno en el que la droga en sí no es el único ni, en muchos casos, el principal aspecto a considerar. La manera más adecuada de observar el consumo de drogas y sus problemas asociados es a través del llamado modelo multidimensional del uso de drogas.

Desde este modelo se entiende que el uso de drogas es un proceso determinado por la constante interacción en el tiempo de tres elementos que se entrelazan y se condicionan mutuamente:

• La sustancia y todo lo relacionado con ella: tipo, cantidad, frecuencia, vía de consumo,....

• El individuo y sus características: edad, madurez, motivaciones para el consumo, expectativas,...

• El contexto, tanto cercano (familia, amigos, barrio, escuela...) como lejano o macrosocial (cultura,...) en el que se produce el consumo.

En muchos casos existe consumo de drogas, pero las características de ese consumo, las razones por las que puede ser problemático o no y las previsibles consecuencias del mismo, son totalmente distintas. No es lo mismo beber solo que acompañado, probar una sustancia con 13 años que con 30, fumar estando embarazada o no estándolo,...

En cada caso, las necesidades a las que deberían responder las acciones preventivas son muy diferentes y las características de dichas acciones también lo serían: información, límites, compañía, apoyo,...

Esta perspectiva multidimensional del consumo y la necesidad de adecuar la labor preventiva a la realidad concreta de cada persona, ha dado lugar en prevención a dos conceptos básicos: factores de riesgo y factores de protección.

Los factores de riesgo son aquellas circunstancias o características personales y
ambientales que, relacionadas con la droga, aumentan la probabilidad de que una persona consuma esa sustancia.

Ello no quiere decir que vaya a producirse inevitablemente el consumo. Únicamente implica un aumento del riesgo de que se inicien en el uso de drogas o de que aparezcan complicaciones ligadas a éste.

Los factores de protección son aquellas características o capacidades personales y sociales que fortalecen a las personas para poder afrontar con éxito las situaciones de riesgo,
concretamente, las de consumo de drogas. Es decir, aquellas que hacen a los individuos menos vulnerables.

Con la detección de los factores de protección y la posibilidad de fomentarlos en las personas a través de la educación y el ejemplo, se ha dado con la clave para una buena prevención.

No se necesita ser un experto en prevención, solamente se precisa asumir las riendas de nuestra función educativa. Ya que la mayoría de los factores de protección son educables, es decir, se pueden enseñar fácilmente a niños y adolescentes.

En consecuencia, la prevención no puede traducirse en recetas o vacunas válidas para todas las familias o para todos los hijos por igual.

Prevenir supone analizar los FACTORES DE RIESGO
reales en cada uno de nuestros hijos y detectar y considerar los FACTORES DE PROTECCIÓN que ya existen y aquellos en los que se puede intervenir.

miércoles, 22 de abril de 2009

La droga en las Villas: despenalizada de hecho


Mensaje de los sacerdotes para las villas de emergencia(25 de marzo de 2009)


Queridos Hermanos:

Queremos compartir con ustedes un documento que elaboramos sobre el flagelo de la droga en las Villas. Tal vez alguna cosa sea de utilidad para otros barrios. Muchas gracias por su cercanía, ayuda y oración.
Equipo de sacerdotes para las Villas de emergencia.

Miles de mujeres y de hombres hacen filas para viajar y trabajar honradamente, para llevar el pan de cada día a la mesa, para ahorrar e ir de a poco comprando ladrillos y así mejorar la casa. Se va dando así esa dinámica linda que va transformando las Villas en barrios obreros. Miles y miles de niños con sus guardapolvos desfilan por pasillos y calles en ida y vuelta de casa a la escuela, y de esta a casa. Mientras tanto los abuelos, quienes atesoran la sabiduría popular, se reúnen a la sombra de un árbol o de un techo de chapa a compartir un mate o un tereré y a contar anécdotas. Y al caer la tarde muchos de todas las edades se reúnen a rezar las novenas y preparar las fiestas en torno a las ermitas levantadas por la fe de los vecinos.

La contracara, el lado oscuro de nuestros barrios, es la droga instalada desde hace años, quizás con más fuerza desde el 2001. Entre nosotros la droga está despenalizada de hecho. Se la puede tener, llevar, consumir sin ser prácticamente molestado. Habitualmente ni la fuerza pública, ni ningún organismo que represente al Estado se mete en la vida de estos chicos que tienen veneno en sus manos.

Ante la confusión que se genera en la opinión pública con la prensa amarilla que responsabiliza a la Villa del problema de la droga y la delincuencia, decimos claramente: el problema no es la Villa sino el narcotráfico. La mayoría de los que se enriquecen con el narcotráfico no viven en las Villas, en estos barrios donde se corta la luz, donde una ambulancia tarda en entrar, donde es común ver cloacas rebalsadas. Otra cosa distinta es que el espacio de la Villa –como zona liberada- resulte funcional a esta situación.

La vida para los jóvenes de nuestros barrios se fue tornando cada vez más difícil hasta convertirse en las primeras víctimas de esta despenalización de hecho. Miles arruinados en su mente y en su espíritu se convencieron que no hay posibilidades para ellos en la sociedad.

Por otra parte profundamente ligado al tema de la droga se da el fenómeno de la delincuencia, de las peleas, y los hechos de muerte violenta (“estaba dado vuelta”). Esto nos hace tomar conciencia de otro gran tráfico que hay en nuestra sociedad que es el tráfico de armas, y que visualizamos como fuera de control. Cuando vemos muertes causadas por menores adictos, también nos preguntamos ¿quién es el que pone el arma en manos de los menores? De este espiral de locura y violencia las primeras víctimas son los mismos vecinos de la Villa.

La destrucción pasó como un ciclón por las familias, donde la mamá perdió hasta la plancha porque su hijo la vendió para comprar droga. Estas familias deambularon por distintas oficinas del Estado sin encontrar demasiadas soluciones año a año. Toda la familia queda golpeada porque su hijo está todo el día en la calle consumiendo. Asombra ver como ese niño que fue al catecismo, que jugaba muy bien en el fútbol dominguero, hoy “está perdido”. Causa un profundo dolor ver que esa niña que iba a la escuela hoy se prostituye para fumar “paco”.

La despenalización de hecho generó inseguridad social. La raíz de la inseguridad social hay que buscarla en la insolidaridad social.(1) A poco que nos pongamos a la luz de Palabra de Dios, descubrimos que como sociedad no nos hemos movilizado suficientemente ante el hecho dramático del hambre de los niños, que da lugar a adolescentes débiles física y mentalmente. Con madres y padres angustiados sin trabajo o changas mal remuneradas. A los que les resulta más difícil entusiasmar a sus hijos con actividades en clubes y cursos o cualquier otra forma positiva de ocupar el tiempo, ya que no cuentan con el apoyo y el dinero necesario. Se generan así situaciones infrahumanas aprovechadas a su vez, por los gananciosos distribuidores de droga.
Como sacerdotes y vecinos de estas barriadas humildes, sentimos la llamada evangélica de acompañar a aquellos niños, adolescentes y jóvenes que en gran cantidad se encuentran en este infierno de la droga y a la vez de exhortar a la conversión a los que pisotean la dignidad de los mismos de esta inescrupulosa manera, avisándoles que Dios y la Virgen les van a pedir cuentas.

Ahora escuchamos hablar de despenalizar en el derecho el consumo de sustancias. Nos preguntamos: ¿ministros y jueces conocen la situación en nuestros barrios? ¿Han dialogado con el hombre común de la Villa? ¿Se han sentado a elaborar con ellos proyectos liberadores –la droga esclaviza- o simplemente se piensa en implementar recetas de otras latitudes?(2)
¿Cómo decodifican nuestros adolescentes y jóvenes el mensaje: se puede consumir libremente, por ejemplo cocaína?

Algunas propuestas

Cuando un cura se acerca y saluda a los chicos y chicas que están en los pasillos de consumo, en esos lugares de tristeza y desesperación, recibe generalmente preguntas y pedidos de este tipo: “¿Dios a mí me ama?” “¿Me voy para arriba o para abajo?” “Padre me da la bendición de Dios”. “¿No me ayuda a salir de este lugar?, no aguanto más esta vida”…

Apoyándonos en el Evangelio de Jesús nosotros creemos que cada persona es sagrada, cada una tiene una dignidad infinita, ninguna vida está de sobra.
Por eso nos resistimos a mirar esta realidad social desde los papeles de las estadísticas, desde los fríos números. Desde esta perspectiva un adolescente que comienza hoy a consumir paco, es sólo uno más. ¿Qué importancia tiene esto si no afecta a los números y estadísticas que aletargan nuestra conciencia y nuestro compromiso? Tal vez esta mirada se inquieta si los números crecen demasiado, nada más.

Nosotros queremos intentar mirar la realidad desde el corazón de Dios. Es que Dios no quiere que ninguno de sus hijitos se pierda, para todos quiere una vida plena.
Por eso sin ser expertos en la materia, aunque con cercanía diaria con esta realidad, acercamos algunas propuestas-intuiciones en base a las cuales estamos trabajando. De hecho en varias Villas venimos transitando distintos caminos de prevención, recuperación y reinserción; de acuerdo con cada realidad y con las posibilidades que contamos.

Prevención

No hay que ser ingenuos, la tríada hambre-criminalidad-droga es demasiado fuerte. Frente a esta dramática situación tenemos que tomar conciencia de que hay que realizar un trabajo de prevención sistemático y a largo plazo.

Nos parece que se trata principalmente de crear ámbitos de contención y escucha de nuestros niños, adolescentes y jóvenes -en este sentido no es menor todo lo que se haga para fortalecer a sus familias-. Ámbitos de recreación y de construcción de un proyecto real para su vida. La verdad es que se logra poco con el no a la droga sin un fuerte sí a la vida.

Muy unido al tema del consumo de droga, tal vez como una de sus grandes causales esta la falta de sentido, de un horizonte hacia el cual caminar. El aburrimiento, el tedio, el no tener que hacer, van minando la pasión por la vida y donde no hay pasión por ella, aparece la adicción. El gran trabajo de prevención nos parece que tiene que tener como eje el mostrar que la vida tiene sentido. Por eso nos parece que las adicciones son principalmente enfermedades espirituales, sin negar obviamente su dimensión biológica y psicológica.(3) Una persona espiritualmente saludable está convencida de que la vida merece vivirse, le encuentra sentido a lo que hace, tiene la “alegría de vivir”.

Nuestro país tiene una enorme deuda social. “La deuda social es también una deuda existencial de crisis de sentido de la vida: se puede pensar legítimamente que la suerte de la humanidad está en manos de quienes sepan dar razones para vivir”(4).

El sentido de la vida se adquiere por “contagio”, los valores se descubren encarnados en personas concretas, por eso, la importancia fundamental de generar en nuestros barrios líderes positivos que puedan trasmitir valores vividos por la fuerza de su testimonio.
Tenemos por otro lado que aprovechar los ámbitos que existen y que son naturalmente lugares de prevención, como por ejemplo la escuela. “La escuela es el principal mecanismo de inclusión. Quienes se van de la escuela pierden toda esperanza ya que la escuela es el lugar donde los chicos pueden elaborar un proyecto de vida y empezar a formar su identidad. En la actualidad, la deserción escolar no suele dar lugar al ingreso a un trabajo sino que lleva al joven al terreno de la exclusión social: la deserción escolar parece significar el reclutamiento, especialmente de los adolescentes, a un mundo en el que aumenta su vulnerabilidad en relación a la violencia urbana, al abuso y a la adicción a las drogas o al alcohol. Si bien la escuela puede no lograr evitar estos problemas, la misma parece constituir la última frontera en que el Estado, las familias y los adultos se hacen cargo de los jóvenes, en el que funcionan, a veces a duras penas, valores y normas vinculados a la humanidad y la ciudadanía y en el que el futuro todavía no ha muerto.” (5)

Por eso no hay que quedarse en el mero demandar cosas a la escuela en general y a los docentes en particular, sino que hay que apoyar decididamente su fundamental labor. La educación es un camino real de promoción por eso son necesarias más escuelas y mayor presupuesto para educación en los barrios más pobres de la ciudad.

Nos parece conveniente proponer la posibilidad de que se dicte una materia específica de prevención de adicciones ya desde la primaria, tal vez desde el preescolar. No nos referimos a esa prevención que explica el tipo de drogas, o como se consumen etc. Nos parece más conveniente un tipo de prevención que transmita a los chicos que tenemos vida y esta vida es sagrada y por eso tenemos que aprender a cuidarla. Hay material elaborado a partir de experiencias en zonas de alta vulnerabilidad social que se puede utilizar.(6) Si fuera necesario, la delicadeza del tema amerita un proyecto de ley en la legislatura que al aprobarse posibilite el dictado de la misma.

El abordar la tarea de la prevención de las adicciones requiere un trabajo hecho con esperanza, con la confianza audaz de que es posible crear ámbitos sanos y dichosos que ayuden a curar las heridas. “A quienes dicen ‘trastornos precoces efectos durables’ se les puede responder que los trastornos precoces provocan efectos precoces que pueden durar si el entorno social y familiar los convierte en relatos permanentes.” (7)

Mirar con esperanza esta difícil situación que vivimos en nuestros barrios nos aleja de una mirada fatalista. Por otro lado nuestra fe católica nunca dijo que algunos están predestinados a vivir bien y otros a la miseria. Nuestra fe lee esta situación como una situación de pecado que clama al cielo y que llamamos pecado social. Esta situación de injusticia se contrapone al proyecto de amor del Buen Dios. Con humildad pidamos perdón al Señor por nuestra complicidad manifestada de tantas maneras y pidámosle la gracia de poner todo lo que esté de nuestra parte para transformar esta dolorosa realidad.

Recuperación

Cuando las estadísticas nos dicen que son demasiados niños, jóvenes y adultos que fuman pasta base, tengamos por seguro que llegamos tarde. La pregunta es: ¿queremos seguir llegando tarde? Son personas, seres humanos que mueren o quedan con una vida hipotecada. Por ellos hay que hacer algo ya. Aunque sólo salvemos a uno.

Pedagogía de la presencia (8)

El primer paso es acercarse a los chicos, no esperar a que estos golpeen las puertas de nuestras instituciones. Este primer paso es a la vez una afirmación de la dignidad de estas chicas, de estos chicos, del valor sagrado de sus personas; no son vidas que ‘estan de sobra’, que molestan, o que afean nuestros barrios. Este primer paso es acercar el corazón. Corazón que se acerca es corazón que ve y se deja tocar por este doloroso grito y por eso se pone a su escucha. El hábito de la escucha no es algo común en nuestros días y es esencial para un verdadero encuentro. Si escucháramos más, seguramente el nivel de violencia que vivimos bajaría notablemente

Ponerse a la escucha no es buscar que rápidamente acaten las pautas sociales. A veces queremos que rápidamente cumplan normas, que respeten derechos para entrar en sociedad, cuando como sociedad no les hemos respetado sus derechos más elementales.

Acercarse, caminar los barrios, escuchar, encontrarse es el primer paso imprescindible.

Adaptar nuestros programas e instituciones a la realidad y no la realidad a ellos
La burocracia expulsa, pone trabas (excesivas entrevistas y requisitos), en definitiva pone en riesgo la vida de muchas personas. Además muchas veces la realidad de los procesos de recuperación está marcada por los números-dinero (becas por un año, ese sería el tiempo de recuperación), dejando a un segundo plano los procesos personales.

Por consiguiente teniendo en cuenta el proceso de cada persona hay que discernir que camino de recuperación proponerle: atención ambulatoria en un centro de día; internación en una comunidad terapéutica, etc.

Por otro lado es necesario adaptarse a la realidad de los más pobres. Por ejemplo se da el caso de mamás que consumen y no tiene con quién dejar a sus hijos; hay que plantearse entonces la posibilidad de que ingresen juntos en un mismo lugar.

Hay que poner el centro de nuestro esfuerzo en adaptar nuestros programas e instituciones a la realidad y no la realidad a ellos; creando ámbitos que rompan las cadenas invisibles que esclavizan a nuestros adolescentes y jóvenes.

Hoy vivimos la cultura de la imagen. De muchas maneras se busca tener cautiva nuestra mirada. Si esto se logra en gran parte se adueñan de nuestra vida.

A veces se busca transmitir la idea de que: ‘estamos trabajando fuertemente en la lucha contra la droga’. Es así que por ejemplo se abre un solo centro de recuperación para toda una ciudad y se empapela la misma para dar una buena imagen. Si se da imagen de algo que no es, que en realidad se está haciendo insuficientemente, no solo se corre el riesgo del autoengaño, sino que quedan vidas en el camino.

En relación a esto último hay una responsabilidad grande de los publicistas y de los medios de comunicación en general, valga como ejemplo este verano: Por un lado la propaganda de una bebida alcohólica en la playa que al parecer era sinónimo de plenitud y alegría, por otro lado la realidad de la violencia como consecuencia del exceso de alcohol en muchos jóvenes en la costa.
Tal vez esto sea una llamada de atención para que veamos que como sociedad estamos dejando muy solos a nuestros adolescentes y jóvenes. No les enseñamos que hacer frente al aburrimiento, la tristeza, la bronca o la soledad, etc. No les mostramos que no hay que encontrar “algo” para combatirlas sino encontrar a “alguien” con quien compartir y hablar de lo que les pasa. Hablar y compartir con “alguien” que los puede ayudar es lo contrario a la adicción.

El mundo adulto no puede ausentarse, no puede desproteger a los niños/as y adolescentes. La justicia debe proteger a esos chicos que tienen su libertad muy condicionada; prueba de ello es que dinero que consiguen va a parar a aquellos que no les importa nada de sus vidas y les ponen veneno en sus manos. La justicia tiene que tenderle la mano a esas mamás que desesperadas no saben como ayudar a sus hijos.

Pensar en el después del camino de recuperación.

No alcanza con el pago de una beca de tratamiento. Hay jóvenes que no pueden volver a sus barrios -cerca de su casa se compra y se consume libremente droga- se da una suerte de factor cuasi-biológico que favorece la recaída en el consumo. La no conveniencia de la vuelta al barrio es señalada reiteradamente por muchas familias que los aman y acompañan. Tenemos que ir tejiendo con ellos una propuesta de real reinserción social. Desde el elemental derecho a la identidad o sea que accedan a sacar su documento hasta una salida laboral y un lugar para vivir con dignidad.

Sabemos también que muchos jóvenes que hoy están privados de su libertad han cometido delitos a causa del consumo de droga. En ese caso hay que replicar las experiencias que tratan su adicción; utilizándose así positivamente el tiempo en prisión para que al salir puedan reinsertarse en la sociedad. De alguna manera este también es un trabajo de prevención.

Por último ponemos bajo la protección y el cuidado de la Virgen de Luján, Madre de nuestro Pueblo, a las familias que en nuestros barrios sufren el flagelo de la droga.

- José María Di Paola, Carlos Olivero, Facundo Berretta y Juan Isasmendi de la Villa 21-24 y N.H.T. Zabaleta.
- Guillermo Torre y Martín Carrozza de la Villa 31.
- Gustavo Carrara, Adolfo Benassi y Joaquín Giangreco de la Villa 1-11-14.
- Jorge Tome y Franco Punturo de la Villa 20.
- Sebastián Sury y José Nicolás Zámolo de la Villa 15.
- Pedro Baya Casal y Martín De Chiara de la Villa 3 y del Barrio Ramón Carrillo.
- Nibaldo Valentín Leal de la Villa 6.
- Sergio Serrese de la Villa 19.
- Enrique Evangelista de la Villa 26.
- Jorge Torres Carbonell de la Villa Rodrigo Bueno.

Equipo de Sacerdotes para las villas de emergencia
Ciudad Autónoma de Buenos Aires, 25 de Marzo de 2009
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Notas:


(1) Cf. Mons. Miguel Esteban Hesayne. Jesús, el Reino y la inseguridad. Homilía del 32º domingo durante el año (9/11/ 2008)


(2) Mons. Jorge Lozano: “Hemos escuchado con preocupación a algunos funcionarios manifestándose abiertamente por la despenalización del consumo de drogas. Se argumenta que no se quiere criminalizar al adicto, ponerlo en el mismo nivel de delito que al narcotraficante. Excelente intención. Pero ¿se logra el propósito andando ese camino? ¿La legislación actual penaliza al consumidor? No. La ley 23.737 establece que cuando la tenencia es para uso personal y hay una "dependencia física o psíquica" de la sustancia, el juez puede imponer una "medida de seguridad curativa, consistente en un tratamiento de desintoxicación y rehabilitación por el tiempo necesario", por lo que deja en suspenso la pena que le pudiera corresponder.
Considera al consumidor como una persona enferma (no un delincuente) y manda a proveerlo de un tratamiento de desintoxicación y rehabilitación. La despenalización del adicto ya está en vigencia.” Artículo periodístico publicado en el Diario La Nación sobre la posible despenalización del consumo de drogas para consumo personal. (29/12/ 2008)


(3) Nos parece muy iluminador el trabajo de López Rosende Juan Manuel. Huérfanos de amor. Trastornos psicológicos y espirituales. Editorial Dunken. Buenos Aires, 2008.


(4) CEA. Hacia un bicentenario en justicia y solidaridad. (2010-2016) Nº 25
(5) Card. Jorge Mario Bergoglio S. J. Carta pastoral sobre la niñez y adolescencia en riesgo. (1/10/05 )


(6) Por ejemplo: Aldo Tamai- Claudia Betancour. Promoción de la Salud para niños en edad escolar. Estrategias para la prevención de adicciones y otras situaciones de riesgo en edad escolar. Editorial Guadalupe. Buenos Aires, 2007.


(7) Cyrulnik Boris. La maravilla del dolor. El sentido de la resiliencia. Granica. Buenos Aires, 2001. Pag. 92. Del mismo autor se puede leer obras como: “El amor que nos cura.”; “Los patitos feos. La resiliencia: una infancia infeliz no determina la vida.”


(8) Gomes Da Costa Antonio Carlos. Pedagogía de la presencia. Losada - UNICEF Argentina. Buenos Aires, 1995.