lunes, 3 de marzo de 2008

La Palabra de Dios compartida en familia


De pequeños el ritual de la misa dominical en familia era infaltable. Y además, era un momento esperado. Recuerdo que hacíamos fila en la sala de estar para pasar para que nuestros padres, uno a uno, nos ayudaran a hacer el examen de conciencia cuando había que confesarse.

Uno de los días en los que durante la misa era fijo que teníamos risas de complicidad, era cuando tocaba la lectura a los Colosenses 3,12-21, que nos ofrece la liturgia en este domingo de la Sagrada Familia.


Elegíamos el sitio y casi nos pelábamos por estar al lado de nuestros padres: Cuando decía: “Mujeres, someteos a vuestros maridos, como conviene en el Señor.”… los codazos y risas iban a mi madre que reía, o a mi padre que le hacía gestos como diciéndole: “¡Escucha bien!

Llegado el turno del “ -Maridos, amad a vuestras mujeres, como Cristo ama a la Iglesia, y no seáis ásperos con ellas”, Se repetía idéntico gesto, y en este caso era mi madre la que miraba a mi padre. Además nos reíamos mucho porque mi padre era de aquellos que, siendo muy afectivo, era muy poco demostrativo de sus sentimientos.

Pero cuando llegaba el mensaje a los hijos, nos escabullíamos cómo podíamos: “ Hijos, obedeced a vuestros padres en todo, que eso le gusta al Señor”. Ahí se repartían miradas a cada uno de los siete hermanos, y cada uno miraba para otro lado como si no fuera con uno.

Llegada la exhortación a los padres, en alguna ocasión, incluso, se suscitó un aplauso de todos los hermanos que estábamos muy metidos en la escena: “ Padres, no exasperéis a vuestros hijos, no sea que pierdan los ánimos.” Y tan a fuego nos quedaba guardado lo que “obligaba a nuestros padres” a “no exasperarnos”, que cada vez que nos mandaban algo que no nos gustaba, o cuando nos recriminaban por algo, no faltaba la sentencia infaltable en nuestros labios en la que apelábamos a la autoridad del apóstol Pablo: “Padres, no exasperéis a vuestros hijos,…”

No sé qué lectura se haría hoy de la carta a los Colosenses, pero sí sé que vivida en complicidad con mis hermanos, fue un mensaje que me quedó muy grabado.

Cuando fuimos creciendo, recuerdo que en las “discusiones teológicas” familiares, mi padre apelaba fácilmente a que mi madre debía someterse”, y ella le recordaba: “Yo me someteré cuando tú me ames como Cristo ama a la Iglesia, y cuando seas cariñoso.La Palabra estaba presente, incluso en los momentos de humor y fiesta. Ella informaba nuestra vida, y hacía que la fe se viviera con mucha naturalidad; y lejos de crearnos traumas, o complejos, suscitaba en nosotros una complicidad que hacía que los “valores” que se nos querían transmitir, fueran impregnando nuestra vida de manera sencilla y sin demasiado ruido.

Han pasado muchos años, y siempre este día de la Sagrada Familia, me lleva cordialmente al recuerdo de la Familia en la que recibí el don de la fe, y en la que la Familia de Nazaret era todo un referente, y sobre todo era el espacio en el que Jesús ocupaba el centro de nuestras vidas, primero de niños y después de adolescentes.

Hoy, a muchos años de distancia, viviendo en profunda comunión con mis padres y hermanos, a pesar de tener el charco que nos separa físicamente, no puedo menos que recordar la lección y procurar, como en el seno de la familia en la que crecí: Amar a los hermanos y hermanas, respetar a todos, no exasperar a nadie…. Sin olvidarme de la primera lectura del Eclesiastés 3,2-6.12-14, que no me reprimo y la transcribo para que mi reflexión hoy sea completa.

“Dios hace al padre más respetable que a los hijos y afirma la autoridad de la madre sobre la prole. El que honra a su padre expía sus pecados, el que respeta a su madre acumula tesoros; el que honra a su padre se alegrará de sus hijos, y cuando rece, será escuchado; el que respeta a su padre tendrá larga vida, al que honra a su madre el Señor lo escucha. Hijo mío, sé constante en honrar a tu padre, no lo abandones mientras vivas; aunque chochee, ten indulgencia, no lo abochornes mientras vivas. La limosna del padre no se olvidará, será tenida en cuenta para pagar tus pecados.

¡Que paséis un feliz día de la Familia!


Fuente: Periodista Digital

Comentario editorial: aunque ya pasó un tiempo desde que se celebrara el día de la Sagrada Familia, me resultó interesante publicar este artículo de Sor Lucía Caram que expone muy sencillamente, la importancia de compartir la Palabra de Dios en familia