jueves, 8 de noviembre de 2007

Amenaza internacional a la familia




Por la constante actualidad que tiene, considero interesante retomar este artículo publicado por el Diario "La Nación" el 5 de octubre de 1997 para ser reflexionado.

RÍO DE JANEIRO, 4.- La profesora Mary Anne Glendon, docente de derecho de la Harvard Law School y ex presidenta de la delegación de la Santa Sede en la Conferencia Mundial de la Mujer que se celebró en Pekín en septiembre de 1995, denunció aquí la lucha que una nueva clase dirigente, burocrática e internacional, libra contra la familia, elemento básico de la sociedad, para afianzar una prosperidad sin precedente, conseguida en la segunda mitad de este siglo.

En un documento que sirvió de base sustancial a las conclusiones del II Encuentro Mundial de la Familia con el Papa, Glendon señaló que esa lucha no puede identificarse con un país o una región determinados, sino con una elite mundial emergente, especialmente urbana e interconectada de distintas formas, que está acumulando dinero y poder mientras más de la mitad de la población mundial queda excluida.

Los miembros de esa nueva clase fueron descriptos por Glendon como trabajadores móviles, semiinstruidos, informados, que abundan en los organismos gubernamentales, corporativos, universitarios, profesionales, de los mass-media y de los servicios sociales.

Amorfo y sin patria

Según Glendon, el mundo nunca había visto, hasta ahora, nada parecido a "ese intento amorfo y sin patria de poseer el control social, hecho por una clase que no pretende mandar, sino mantener una posición".

Agregó que dicha elite "no tiene cabeza, sino muchos brazos que se mueven más o menos en una misma dirección, que nace de un paralelismo inconsciente más que de una conspiración". Sin embargo, en opinión de Glendon, "están resueltos a no dejar que la familia, la Iglesia o cualquier otra institución constituyan un obstáculo para lo que se proponen".

Lo expuesto mostraría por qué los grupos de interés de la nueva clase denunciada entran "en tropel en las organizaciones internacionales, como las Naciones Unidas (UN) y el Tribunal Europeo de derechos humanos, en tanto que en sus países de origen evitan los procesos políticos corrientes para no exponer sus intenciones al juicio de los conciudadanos. Procuran, más bien, influir en los organismos administrativos -sostiene Glendon- o lograr fallos inapelables de cortes constitucionales no elegidas".

Las acusaciones de la profesora Glendon señalaron a la International Planned Parenthood Federation (IPPF), entre otras organizaciones que "han hecho toda clase de esfuerzos para que en las conferencias de la UN sea posible transformar el programa de control de la población en criterio internacional, de manera que pueda utilizarse para influir no sólo en los organismos internacionales, sino en las políticas nacionales y en los programas de ayuda externa".

El comienzo

Glendon afirmó que el ataque a la familia empezó entre bastidores mucho antes de ponerse en evidencia. Para explicar ese proceso y ejemplificarlo, dijo: "Con el paso del tiempo, las Naciones Unidas se fueron transformando en una complicada burocracia al emplear a miles de funcionarios internacionales. Sus organismos especializados multiplicaron y extendieron su alcance. Algunos de los grupos más nuevos de la UN, como el Fondo de Población y el Comité sobre la Situación de la Mujer, se preocuparon más por administrar la familia que por asistirla.

"A medida que la burocracia de la UN crecía y se extendía, iba llamando la atención de grupos de intereses, deseosos de influir en sus actividades, y establecía con ellos estrechas relaciones de trabajo.

"Algunos de estos grupos de presión internacionales querían, desafortunadamente, proteger a la familia del mismo modo que los lobos quieren proteger a los corderos."

Para Glendon, todo adquirió absoluta claridad con ocasión de la Conferencia de la Mujer, celebrada en Pekín, a la que ella asistió encabezando la delegación de la Santa Sede.

El borrador del documento de esa conferencia, preparado por el Comité de la UN sobre la Situación de la Mujer, apenas si mencionaba al matrimonio, a la maternidad y a la vida familiar.

"Cuando allí se hablaba de matrimonio, vida de familia e inclusive religión -recordó Glendon-, se los presentaba en un aspecto negativo, como fuentes de opresión u obstáculos para el desarrollo de la mujer."

Los ataques a la familia en las negociaciones previas a la conferencia de Pekín, perpetrados por feministas "chapadas a la antigua", según Glendon, se mezclaban con los esfuerzos por promover la idea de que tanto la familia como la identidad sexual son categorías arbitrarias, construidas por la sociedad e infinitamente maleables.

Los motivos últimos

Recordó Glendon que en la misma conferencia de Pekín, "una coalición dirigida por la Unión Europea continuó persiguiendo ese doble objetivo de desmoronar a la familia y eliminar toda referencia positiva al matrimonio, la maternidad y la familia, los derechos de los padres y la religión".

Los motivos menos obvios de esos ataques pueden verse en los denominados derechos de la reproducción que, en opinión de la profesora Glendon, "pueden representar una autonomía para algunas mujeres, pero también proporcionan la manera de ocultar los esfuerzos por impedir que crezcan las familias de los pobres.

"El famoso derecho de morir puede satisfacer a gentes acaudaladas en su deseo de sentir que conservan el mando hasta lo último, pero también ese derecho implica el deber de morir para los que están enfermos y desamparados y no pueden recurrir a los cuidados médicos."

La solución final

Cuando ese poder, descripto por ella misma como sin cabeza y con miles de brazos, ve a los hijos de los pobres, "ve -afirmó Glendon- sólo un peligro para el medio ambiente, un fenómeno de malestar social y una amenaza para su propio nivel de consumo. La fuente principal de todos los problemas del mundo es -a juicio de aquel poder- la superpoblación, y la mejor solución es eliminar a todos los pobres".

Pese a todos los defectos, desperdicios y fracasos que carga en el débito de la UN, Glendon reconoció que esta organización ha hecho mucho bien, especialmente en los países pobres, y que "da muchas esperanzas en un mundo donde los países se enfrentan con graves problemas que van más allá de las fronteras nacionales".

Señaló, por último, que todo cuanto pueda hacer la familia no deben tomarlo en sus manos las estructuras sociales más amplias, ni lo que pueden hacer las estructuras intermedias de la sociedad lo deben hacer los gobiernos. "Y si lo que puede ser hecho en un nivel más bajo que el gubernamental no debe hacerse en un nivel más alto, con mayor razón no deben hacerlo las remotas organizaciones internacionales."

Por Mario Pérez Colman