miércoles, 3 de junio de 2015

Comunicado de La Red Familiar de Familias frente a la marcha NiUnaMenos”

Hoy, 3 de junio de 2015 en la República Argentina, se realiza una marcha convocada bajo el lema "Ni Una Menos". Poco a poco se va instituyendo un pensamiento y una concepción que no deben tomarse a la ligera. El siguiente comunicado de la Red Federal de Familias distribuido por Notivida, puede ayudar al discernimiento de las verdaderas intenciones de la convocatoria.


"La Red Federal de Familias emitió hoy una declaración en la que aclara que no adhiere ni participa de la marcha convocada bajo el lema “Ni Una Menos”.
Afirman que la Red apoya y alienta “toda manifestación genuina de rechazo a la violencia y de apoyo a la vida” pero advierten que la mencionada marcha “está inspirada en el feminismo radical y en la ideología de género y apunta a provocar una división más en el pueblo argentino y en la célula constitutiva de su ser como nación que es la familia”. Llaman especialmente la atención sobre la intención encubierta en la convocatoria: “la despenalización y legalización del aborto”.
Convocan finalmente “a todos los habitantes de nuestra Patria a reunirse y movilizarse en defensa de la familia rectamente fundada y orientada con lucidez y valor a la formación de hombres y mujeres virtuosos para encarar la restauración de las instituciones y costumbres que constituyen nuestro más rico acervo nacional”.
A continuación el texto completo de la Declaración:
La Red Federal de Familias, por intermedio de su Junta Ejecutiva, con motivo de la marcha convocada bajo el lema “Ni Una Menos” para el día de la fecha, declara:
1°) Que, desde ya, condena todo tipo de violencia injusta, sea quien sea su causante y, del mismo modo, sea quien sea la víctima inocente que la padece.
2°) Que la violencia, así como cualquier otro tipo de injusticia, adquiere especial gravedad cuando es ejercida sobre las personas más débiles, indefensas y desprotegidas; del mismo modo que cuando es ejecutada por quienes, por razón de su estado, vinculación u oficio, tienen a su cargo la custodia, cuidado o protección de sus víctimas.
3°) Que la violencia ejercida contra la mujer encuadra, lamentablemente en muchos casos, en alguno de los supuestos anteriores, y como tal debe ser rechazada. La especial dignidad de la mujer, llamada por naturaleza a ser madre y custodia de la vida y la especial circunstancia de que suele encontrarse en inferioridad de condiciones para responder eficazmente a la violencia física, llevan a que la mujer sea víctima frecuente de la violencia, como lo son los niños y los ancianos.
4°) Que esta particular situación no impide considerar que situaciones de “violencia psicológica, física, sexual, espiritual de muchas mujeres que padecen por amenazas, humillaciones, golpes, acosos, discriminación, explotación, esclavitud”, como han manifestado otros, son padecidas en similar gravedad y número por distintos sectores de la sociedad también necesitados de protección, como los aludidos en el párrafo anterior.
5°) Que enfocar el reclamo contra la violencia sólo en las mujeres constituye un acto de injustificada discriminación, cuando la sociedad entera se encuentra reclamando por la desaparición y comercio de niños (varones y mujeres), el trabajo esclavo (que afecta a ambos sexos y a personas de distinta edad y origen), la falta de escuelas y hospitales dignos y la condición de pobreza extrema y miseria a la que se ve sometida un importante sector de la población, así como el atropello a su dignidad al que también un gran número de habitantes de nuestro suelo se ve sometido al no encontrar un trabajo suficiente que le permita sostener con decoro sus necesidades y las de quienes están encomendados a su cuidado, y que lo obliga a depender de subsidios del Estado; el abandono al que se encuentran sometidos numerosos ancianos que no encuentran cobijo y atención suficientes para transcurrir con decencia el último tramo de sus vidas, etc.
6°) Que todos estos, y muchísimos otros, constituyen casos de injustificada violencia que también exigen el reclamo de todo el pueblo argentino.
7°) Que, en tales condiciones, convocar a una demanda parcializada, frente a una tan generalizada situación de injusticia y violencia constituye no sólo un acto de discriminación indebido sino el planteo dialéctico de una oposición entre el varón y la mujer, inspirado en la ideología de género, eje vertebral de la cultura de la muerte, sustentada por el feminismo radicalizado, como una avanzada más en el camino de la implementación del programa de descomposición social y destrucción de la familia.
8°) Que, en particular, rechazamos la intención de la convocatoria —expresada por algunos de sus organizadores— a través de la cual y, bajo el engañoso lema de luchar contra la violencia hacia la mujer, se busca consagrar la peor de las violencias que se ejercen contra ella: el ABORTO que, al tiempo que cobra las vidas de inocentes e indefensos niños (y niñas) por nacer, expone a las mujeres a innumerables secuelas físicas y psíquicas de efectos devastadores.
9°) Que, así como rechazamos cualquier tipo de violencia injusta y no queremos que se produzcan más muertes por esa causa, nos vemos en la necesidad de resaltar que el aborto, expresamente reclamado en esta convocatoria mediante el pedido de su despenalización y de su reconocimiento como un derecho de la mujer, es la más injusta y vil de las violencias, ejercida por los más fuertes sobre los más débiles entre los débiles, absolutamente inocentes y totalmente indefensos, encomendados precisamente a la custodia de quienes procuran su eliminación.
En consecuencia y por las razones expuestas:
I.- No apoyamos ni participaremos de la marcha convocada bajo el lema “Ni Una Menos”.
II.- Advertimos a la población que dicha marcha está inspirada en el feminismo radical y en la ideología de género y apunta a provocar una división más en el pueblo argentino y en la célula constitutiva de su ser como nación que es la familia, fundada en la unión de un hombre y una mujer y abierta a la generación de la vida.
III.- Especialmente llamamos la atención de que la intención encubierta en la convocatoria de marras es la despenalización y legalización del aborto, práctica deleznable, groseramente violenta y abiertamente contraria a la integridad física y psíquica de las mujeres. Alertamos a las mujeres que de buena fe participan de esta marcha acerca de cuál es su velado fin.
IV.- Apoyamos y alentamos toda manifestación genuina de rechazo a la violencia y de apoyo a la vida, así como rechazamos cualquier tipo de violencia injusta y pedimos al Estado que adopte medidas urgentes tendientes a evitar los actos de violencia que se cometen en los ámbitos públicos y también para que cumpla su deber de guardián del orden evitando los hechos de violencia domésticos e intrafamiliares, en especial mediante el juzgamiento, condena y pena de cumplimiento efectivo en lugares donde se rehabilite a los delincuentes y no donde se los convierta en elementos más peligrosos.
V.- Convocamos a toda la población a pensar en la necesidad de la educación personal y comunitaria sobre el noviazgo, el matrimonio, la amistad y las relaciones humanas en general. La formación, como dice la Comisión Episcopal de Apostolado Laico y Pastoral Familiar (Celaf), es —ante todo— formación del corazón y de los afectos, y “no puede realizarse sólo en un aula, sino también en el seno de la familia y de los grupos sociales de contención”.
VI.- Por lo tanto y por último, convocamos a todos los habitantes de nuestra Patria a reunirse y movilizarse en defensa de la familia rectamente fundada y orientada con lucidez y valor a la formación de hombres y mujeres virtuosos para encarar la restauración de las instituciones y costumbres que constituyen nuestro más rico acervo nacional".
República Argentina, 3 de junio de 2015.

lunes, 5 de enero de 2015

El rostro de la Iglesia, un artículo publicado en la Revista Criterio sobre el Sínodo de la Familia

 Por Bruno Forte
 
El conocido teólogo y arzobispo Bruno Forte, miembro del consejo asesor de Criterio, fue secretario especial del reciente Sínodo de la Familia. Aquí su reflexión y su testimonio.

¿Qué rostro de la Iglesia católica expresó el Sínodo de los obispos apenas celebrado y que concluyó con la beatificación de Pablo VI en la plaza San Pedro? La respuesta puede articularse en tres afirmaciones: una Iglesia “sinodal”, una Iglesia comprometida en el diálogo con la complejidad de las culturas y una Iglesia dispuesta a apostar por la familia como célula vital para el futuro del mundo.

En primer lugar una Iglesia sinodal. Fue el mismo Papa quien usó esta expresión dirigiéndose a los obispos participantes al concluirse el Sínodo, el 18 de octubre pasado: “Hemos vivido de verdad una experiencia de «Sínodo», un itinerario solidario, un «camino juntos». Y habiendo sido «un camino», como en todo camino hubo momentos de marcha veloz, casi queriendo ganar al tiempo y llegar lo antes posible a la meta; otros momentos de cansancio, casi queriendo decir basta; otros momentos de entusiasmo e ímpetu. Hubo momentos de profunda consolación escuchando los testimonios de auténticos pastores que llevan sabiamente en el corazón las alegrías y las lágrimas de sus fieles… hubo también otros momentos de desolación, de tensión y de tentaciones”.

A quien, como a mí, le ha tocado vivir desde adentro este Sínodo, no puede dejar de confirmar esta descripción que se corresponde con la de una Iglesia no anclada en sus seguridades, sino en la escucha de los signos de los tiempos y dispuesta a salir al ruedo para responder a las llamadas de Dios y para entregarse por el bien de los hombres, a cuyo servicio se debe. Una Iglesia donde todos tienen que sentirse implicados y partícipes, cada uno según las responsabilidades acordes a los dones recibidos. Al contrario de una masa pasiva, la Iglesia que el Sínodo expresó es la que repetidamente auspició Francisco, una comunidad de bautizados adultos en la fe que, en la más completa libertad de expresión y en la escucha recíproca, se esfuerza por discernir y realizar los designios divinos con y para los otros. Una Iglesia en la que, más allá de toda lógica individualista, todos somos llamados a caminar juntos, según el significado etimológico de la palabra “sínodo”: camino común, sendero a recorrer codo a codo.

En el Sínodo, esta Iglesia de cristianos adultos y responsables se demostró dispuesta como nunca a dialogar con la complejidad de las culturas de toda la “aldea global”. Los obispos, los auditores y los expertos presentes representaban a los más diversos pueblos de la tierra, con sus identidades históricas y espirituales, unidos entre sí por la misma fe en Cristo y la comunión universal de la Iglesia. Las diferentes raíces locales se conjugaban en el espíritu de la catolicidad, mostrando cómo se puede entrar realmente en diálogo con la diversidad cuando se vive la fidelidad a una identidad profunda, capaz de trascender y, al mismo tiempo, unir las diferencias. Los desafíos referidos a la familia se presentaron, sin opacar el proyecto divino sobre el amor humano revelado en Cristo, acentuando la urgencia de proponer a todos el “evangelio de la familia”, sean cuales fueran las situaciones concretas en las que se realiza ese anuncio. 

Lo global y lo local interactúan en profundidad en la experiencia de la communio catholica y hacen de la Iglesia la más “glo-cal” (global-local) de las instituciones que operan en el mundo al servicio de la promoción de todo el hombre en cada hombre. Lejos de borrar la riqueza de las identidades, la catolicidad las exalta y las pone en comunicación: diversas posibilidades que fecundan la unidad universal y al mismo tiempo se ven enriquecidas y estimuladas. La inculturación de la única fe en lenguas e historias diversas no mortifica los valores de lo humano, sino que los vivifica desde adentro y los purifica al llevarles la nueva luz del Evangelio. 

Fue así que el Sínodo pudo hablar a las familias del mundo tal como ellas viven, tanto en los contextos tradicionales como en los signados por profundos procesos de transformación. De China a América latina, del norte europeo y occidental al sur del planeta, de África a India en el hemisferio austral, la causa de la familia –y del amor que constituye su atracción y su fuerza, no obstante todas las dificultades y los desafíos–  resuena a través de la Iglesia como una buena noticia y como escuela de auténtica humanización (tal como afirma el Concilio Vaticano II en la constitución Gaudium et Spes). En esta actitud de escucha y de diálogo frente a las más diversas realidades se reconoce la inspiración que el Sínodo del papa Francisco tomó del magisterio de Pablo VI, el papa del diálogo con la modernidad, no fortuitamente beatificado en la conclusión de la asamblea sinodal.

La Iglesia apuesta por la familia. Lo hace sin ingenuidades, consciente de las pruebas que de muchas maneras la afligen y de los condicionamientos que a menudo tornan difícil el camino, interrelacionados con el mundo social y del trabajo, la variedad de situaciones políticas y económicas, la creciente fragilidad de las relaciones humanas. Y lo hace en la convicción de que se necesita para todos una escuela de socialización, una red de vida abierta a la fe y a la comunidad eclesial, un camino de santificación basado en la capacidad de sostenerse y animarse recíprocamente. El desafío no es menor, y con gran lucidez el Papa indicó las tentaciones que debemos superar: la del endurecimiento hostil que es “querer cerrarse dentro de lo escrito (la letra) y no dejarse sorprender por Dios, por el Dios de las sorpresas (el espíritu); dentro de la ley, dentro de la certeza de lo que conocemos y no de lo que debemos aún aprender y alcanzar”, la tentación “de los celantes, los escrupulosos, los diligentes y de los así llamados hoy tradicionalistas”.  En otras palabras, la tentación del buenismo destructivo, “que trata los síntomas y no las causas y las raíces”; y la del querer todo enseguida, pretendiendo transformar las piedras en pan “para romper un ayuno largo, pesado y doloroso”, o de transformar el pan en piedra para “tirarla contra los pecadores, los débiles y los enfermos”, convirtiéndolo en “cargas insoportables”.

La tentación, en fin, de bajar de la cruz “para contentar a la gente, y no permanecer allí,  para cumplir la voluntad del Padre”, y descuidar la obediencia a la verdad “considerándose no custodios sino propietarios y dueños o, por otra parte, utilizando una lengua minuciosa y un lenguaje pulido para decir muchas cosas y no decir nada”. 

Apostar por la familia hoy quiere decir navegar entre estas orillas opuestas, eligiendo así el camino más exigente y difícil del servicio al hombre. Sin embargo, es el único sendero realmente constructivo y conforme al proyecto del Creador, que quiere a sus criaturas por amor y las llama a realizarse en la respuesta a la decisiva vocación de amar.
(Traducción de José María Poirier)



Comentario Editorial

Muy de acuerdo con lo vertido en este artículo.El rostro de la Iglesia actual lo veo como el rostro de la familia de Dios. Es claro que quien está describiendo lo que fue el Sínodo, no expresa una opinión, simplemente dice lo que sucedió allí. Y lo que sucedió me parece que refleja la esperanza que muchos tenemos de que la familia será la esperanza de la humanidad. La Iglesia reunida nos habla en primer lugar a los creyentes y el que quiera oir que oiga, no me parece hipócrita ni ritualista, me parece que estoy comenzando a ver un renacer de la Iglesia que se interesa por todos los quehaceres humanos, por todas las relaciones humanas. Quizá no nos damos cuenta -en algunos casos- que no podremos volver atrás, la familia tal como la conocimos y vivimos quizá ya no exista para muchos pero, no quiere decir que no se esté gestando un modelo familiar que valorice los vínculos y valores tan edificantes como la unicidad, fidelidad y fecundidad. Queda claro que es una misión muy difícil y que requiere de personas que estén dispuestas a realizar la tarea de conformar este tipo de familia, el Don ya lo tenemos, la tarea es nuestra y el camino es largo pero, vale la pena recorrerlo.

María Inés Maceratesi

lunes, 28 de julio de 2014

46º aniversario de la “Humanae Vitae”: una nueva versión sobre el amor




 Los temas de la trasmisión de la vida y de la paternidad responsable están en el centro de la encíclica “Humanae Vitae” que promulgó el papa Pablo VI el día de Santiago hace 46 años, en 1968. Fue -y es- una encíclica muy discutida porque aborda un problema sociológicamente “antimoderno”, como es la defensa de la naturaleza humana y la natalidad responsable que se enfrentaba al “birth control” tan de moda entonces. Esta encíclica es uno de los documentos del magisterio de la Iglesia que servirá de base para el próximo Sínodo Extraordinario sobre la Familia que se celebrará el próximo octubre.  Pablo VI será beatificado este otoño en Roma.

Recuerdo que esta encíclica, presentada mediante ruedas de prensa en todos los países del mundo los últimos días de julio de 1968, levantó una gran polémica, no solo en el mundo laico, sino también entre algunos teólogos, expertos y hasta obispos que no entendieron del todo bien el fondo pues la encíclica exige amor y responsabilidad a los esposos tomando el Concilio Vaticano II como guía. Incluso las mismas páginas del diario L’Osservatore Romano, por gracia del cardenal Tardini, publicaron algunas críticas procedentes de obispos de los Estados Unidos y de Canadá en ese verano de 1968. Pablo VI ya anuncia en el texto de la encíclica que esta levantará polvareda, pero afirma que la Iglesia tiene el deber que proclamar su magisterio sobre lo que es básico en el ser del hombre creado por Dios, como es su naturaleza tal como Dios lo creó. La Iglesia ha sido siempre, como atestigua el Evangelio, “signo de contradicción” porque tiene la obligación de “proclamar con humilde firmeza la ley moral, natural y evangélica. La Iglesia no ha sido la autora de ellas ni por tanto puede ser su árbitro, sino solamente su depositaria e intérprete”, dice la encíclica.

El Concilio Vaticano II no abordó el tema de la natalidad, pues Pablo VI dijo que lo haría personalmente. Era un tema muy polémico -y lo es todavía- debido, según se comentaba entonces, al incremento demográfico del mundo y a las corrientes que favorecían la libertad sexual, a través del control artificial de los nacimientos. Se decía en aquella época que la población crece más aprisa que los alimentos y que hacia el año 2020 no habría alimentos para todos los humanos. Ya estamos a las puertas del 2020 y hay alimentos en abundancia en el mundo, aunque muy mal repartidos. Hoy la demografía no es una cuestión que alarma al hombre del siglo XXI.

El matrimonio y su relación con la natalidad era estudiado por una comisión “ad hoc”, pero sus miembros, en los años sesenta, no se pusieron de acuerdo, por lo que Pablo VI decidió promulgar la encíclica después de “madura reflexión” y de mucha oración para abordar este “complejo argumento”. Las bases doctrinales de la encíclica están en primer lugar en la Revelación, en el Antiguo y Nuevo testamentos, y en segundo lugar en el magisterio de la Iglesia, especialmente en la Constitución Pastoral “Gaudium et Spes” (nn. 49, 50, 51 y 52) del Concilio Vaticano II.

La “Humanae Vitae” parte de la base que Dios es amor (Jn. 4, 8) que se refleja en el amor de los esposos entre sí, a través del cual colaboran con la obra de la creación y procreación y educación de los hijos. Esta procreación debe realizarse de acuerdo con las leyes que Dios ha puesto en la naturaleza del hombre y de la mujer, los cuales por medio del acto conyugal abierto a la vida colaboran con Dios en la procreación y educación de los hijos.

El “amor conyugal -dice la encíclica- es ante todo un amor plenamente humano, es decir sensible y espiritual al mismo tiempo. No es por tanto una simple efusión del instinto y del sentimiento, sino que es también y principalmente un acto de la voluntad libre” destinado a crecer mediante las alegrías y dolores que da la vida. El amor entre los esposos es “total”, “fiel y exclusivo hasta la muerte”, y “fecundo”, como lo testifican los esposos en el momento de unirse en matrimonio. Los hijos “son el don más excelente del matrimonio y contribuyen al mayor bien de los padres”.

Por otro lado, en cuanto al número de hijos, los padres deben actuar de forma madura con una “paternidad responsable” que significa, por una parte, el conocimiento pleno de las leyes biológicas que forman la naturaleza humana. De otra parte, se entiende por paternidad responsable cuando, por “motivos graves”, ya sea por “las condiciones físicas, económicas, psicológicas y sociales”, y tras madura reflexión deciden “evitar un nuevo nacimiento durante algún tiempo o por tiempo indefinido” utilizando los periodos infértiles de la mujer. “La paternidad responsable -añade la encíclica- comporta el dominio necesario que deben ejercer la razón y la voluntad sobre el instinto y las pasiones”.

La encíclica afirma que la unión de los esposos y la procreación son inseparables. El acto conyugal debe ser un acto de amor recíproco, de donación del uno al otro. Así, un acto “impuesto” al otro cónyuge, normalmente a la mujer, “no es un acto de amor” porque el amor exige renuncia y entrega al otro.

Dicho esto, la “Humanae Vitae” establece las “vías lícitas” para que la procreación siga los planes que Dios ha establecido para la naturaleza humana. Es lícito, cuando existan razones de peso, evitar los hijos aprovechando los periodos infecundos de la mujer, es decir siguiendo el proceso natural. Sin embargo, hay que excluir absolutamente la vía de la interrupción directa del proceso generador”, así como el aborto querido y procurado. También hay que excluir todo lo que haga imposible voluntariamente la procreación, como la esterilización y el uso de medios artificiales para impedir los nacimientos. La diferencia fundamental entre los medios artificiales y los naturales es que los primeros “impiden el desarrollo de los procesos naturales” mientras que los segundos siguen los procesos según la naturaleza.

Para conseguir un mayor respeto y defensa de la naturaleza del hombre, tal como la creó Dios, es necesario crear un ambiente favorable a la castidad, en la familia, en la educación y en la vida pública, un ambiente favorable “al triunfo de la libertad sobre el libertinaje, mediante el respeto del orden moral”.

La ciencia debe investigar más en este tema. Tanto que ha avanzado la ciencia en el conocimiento del hombre, debería avanzar en el conocimiento de los “ritmos naturales” que permite una regulación de los nacimientos. La encíclica se dirige a los científicos, especialmente a los católicos, para que investiguen en este terreno y demuestren empíricamente que “no puede haber verdadera contradicción entre las leyes divinas que regulan la transmisión de la vida y aquellas que favorecen un auténtico amor conyugal”.

Salvador Aragonés


Fuente: Forum Libertas

martes, 6 de mayo de 2014

Proteger a los chicos de las adicciones




Muchos jóvenes expresan que la droga apareció en sus vidas en el viaje de egresados al concluir el séptimo grado de la primaria, ingreso que se produjo como consecuencia de no querer quedar marginados del grupo de compañeros que, supuestamente, eran los "piolas". ¿Quién querría quedar al margen y no ser y sentir como ellos?. Al principio se comienza con la cerveza y más tarde aparece la marihuana, el pegamento, la nafta y toda sustancia que sirva para drogarse.

Un sector cada vez más amplio de niños, adolescentes y jóvenes buscan en la droga una felicidad ilusoria mediante el efecto transitorio de ciertas drogas. Por simple curiosidad, para enfrentar la inseguridad, por no encontrar un lugar en el mundo, muchos emprenden un camino de difícil retorno. Las sustancias psicoactivas como la marihuana, cocaína, ácido lisérgico, éxtasis, e inhalantes, descomponen todo el equilibrio psicofísico. Según la droga y el nivel de consumo, las sustancias psicoactivas producen un transistorio estado alterado de la conciencia con sensaciones que oscilan desde entre el júbilo y la depresión desembocando en pérdida de memoria y de otras funciones cognitivas, falta de coordinación que puede llegar al extremo de incapacidad psicomotriz, alteración cardiorrespiratoria por sobrecarga del corazón y colapso del sistema nervioso central entre otras consecuencias. A este cuadro se le suman las consecuencias sociales de la adicción: violencia y delito.

Innumerables intentos se han realizado con el objetivo de definir por qué una persona cae en manos de estas sustancias que existen desde siempre y cuyo uso depende de la época y la cultura. Mientras los neurólogos se centran en la química del cerebro, los estudiosos de la conducta se inclinan por definir una serie de factores que predisponen, ya sean familiares, sociales o de personalidad, cuya articulación define la dependencia psicológica.

Lo que comienza como una curiosidad a edades que cada vez se instalan más cerca de la infancia, termina convirtiéndose en una trampa porque las drogas tienen sustancias altamente adictivas que generan un círculo vicioso difícil de romper. La droga pide más y más y el adicto no encuentra cómo frenar un consumo que lo consume. Por la droga, el adicto pierde familia, amigos, principios y como plantea el Dr. Hugo Míguez en su libro "Uso de sustancias psicoactivas" "el trastorno mayor no está en la toxicidad de la droga sino en el abandono que hace el adicto de cualquier otra forma de recuperar su capacidad de entusiasmo". Por lo único que el adicto pelea es por la droga que le sirve para olvidar, sentirse bien, festejar, superar estados de ánimo negativos pero que a la vez le hace perder un montón de cosas e inclusive introducirlo en el delito.


La familia del adicto

Mucho se ha dicho y escrito sobre la familia del adicto y coinciden todos los especialistas en los siguientes aspectos: fallas en la puesta de límites, dificultades en la comunicación, ausencia de respeto por las jerarquías y conductas familiares adictivas son peligrosos trampolines que muchas veces conducen a la adicción.
"Tanto la permisividad como la sobreprotección son nocivas porque tienden a anular a la persona, retrasar el crecimiento e impedir que aprenda a afrontar situaciones. Se trata de un proceso que va influyendo en la formación de la persona, porque, habitualmente, el mal manejo de los límites no empieza cuando el hijo entra en la adolescencia; eso viene desde siempre y cada situación se va sumando a las anteriores.(Verónica De Lucchi. Terapeuta familiar.)


Los hijos necesitan ser sostenidos, tenidos en cuenta, protegidos y cuidados por adultos que cumplan sus funciones dentro de una normativa clara.

Guia para padres

  • No tomar remedios sistemáticamente delante de los menores, son conductas contagiosas
  • Restringir el consumo de alcohol como forma de relajación y evasión de problemas.
  • Dejar fuera del alcance de los menores los tranquilizantes y medicamentos en general.
  • Enseñar a tomar decisiones, a elegir y a decir que no, desde chicos.
  • Proponer y realizar actividades (leer, conversar, escuchar música, salir) que eviten el vacío existencial y emocional, generando un espacio compartido entre padres e hijos.
  • Realizar deportes al aire libre
  • Comunicarse con los hijos. Hablar con ellos tanto de sus actividades como de sus sentimientos.
  • Mantener una cohesión familiar no simbiótica, es decir, respetando las individualidades.
  • Acompañar, sostener, cuidar y proteger a los adolescentes en el natural proceso de transición, con el respeto por sus pérdidas, dolor y sufrimiento inevitables.
  • Asumir que la oferta de droga es masiva y que cualquiera puede ser tentado.
  • Buscar ayuda si se descubre alguna adicción. Los padres solos no pueden sacar a un hijo dela carrera adictiva.

Bibliografía: este artículo ha sido compilada de un Dossier (que conservo en papel) publicado en los años 90 en la desaparecida Revista Luna de la Editorial Perfil.


jueves, 5 de diciembre de 2013

La drogadicción, un mal que crece

Arzobispo de Medellín
Mons.  Ricardo Tobón Restrepo





El tema del narcotráfico, en nuestro país, ha sido bastante comentado y debatido; sin embargo, una realidad tan cercana y tan grave como es la toxicomanía o abuso de drogas no ha tenido el mismo análisis ni ha causado igual preocupación. Tal vez, sólo para el primero, por sus connotaciones económicas, tenemos presiones y compromisos internacionales. De esta manera, sin una voz de alarma y sin un control serio, ha ido creciendo de modo inquietante la drogadicción en nuestra sociedad. Incluso, un manejo ambiguo del problema ha permitido que se minimicen los riesgos y que aumente la tolerancia social. 

Cuando llega este mal, las personas entran en un proceso de autodestrucción, se desestabilizan las familias, los jóvenes pierden su disposición para el estudio y el trabajo, cunde la desconfianza y el temor en los barrios, aumenta la violencia, se acrecienta la irresponsabilidad en el manejo de la sexualidad, se multiplican negocios ilícitos que causan daños nefastos en el tejido social, y en todo esto se da, según se oye decir, la complicidad y la corrupción de algunos dirigentes, miembros de las fuerzas de seguridad y funcionarios de la justicia. Así el consumo de drogas se va integrando en la sociedad como un elemento que no se cuestiona suficientemente y ensombrece más nuestro futuro.  


El tema del narcotráfico, en nuestro país, ha sido bastante comentado y debatido; sin embargo, una realidad tan cercana y tan grave como es la toxicomanía o abuso de drogas no ha tenido el mismo análisis ni ha causado igual preocupación. Tal vez, sólo para el primero, por sus connotaciones económicas, tenemos presiones y compromisos internacionales. De esta manera, sin una voz de alarma y sin un control serio, ha ido creciendo de modo inquietante la drogadicción en nuestra sociedad. Incluso, un manejo ambiguo del problema ha permitido que se minimicen los riesgos y que aumente la tolerancia social.  

Cuando llega este mal, las personas entran en un proceso de autodestrucción, se desestabilizan las familias, los jóvenes pierden su disposición para el estudio y el trabajo, cunde la desconfianza y el temor en los barrios, aumenta la violencia, se acrecienta la irresponsabilidad en el manejo de la sexualidad, se multiplican negocios ilícitos que causan daños nefastos en el tejido social, y en todo esto se da, según se oye decir, la complicidad y la corrupción de algunos dirigentes, miembros de las fuerzas de seguridad y funcionarios de la justicia. Así el consumo de drogas se va integrando en la sociedad como un elemento que no se cuestiona suficientemente y ensombrece más nuestro futuro.  

Es preciso reconocer un vínculo hondo entre la patología mortal causada por el abuso de drogas y una patología del espíritu, que lleva a la persona, en una crisis existencial del sentido de la vida, con ausencia de valores trascendentes y deteriorados sus nexos con la sociedad, a huir de sí misma y a buscar placeres ilusorios, en una evasión desesperada de la realidad. Frente a esto no se puede negar una responsabilidad social de todos, pues quienes llegan a la drogadicción van frecuentemente acosados por la desintegración de la familia, el desempleo y las situaciones infrahumanas de vida. Finalmente, en la raíz está la pérdida de valores éticos y espirituales. 

Es preciso reconocer la labor de muchas familias, de diversos centros educativos y de varias instituciones en la formación de los niños y los jóvenes, en la prevención de la toxicodependencia y en la asistencia a quienes son víctimas de la drogadicción. Un especial reconocimiento merece la generosidad y competencia de tantas personas de gran corazón que trabajan en las comunidades terapéuticas. Igualmente, la Iglesia Católica se ha empeñado a través de múltiples iniciativas en una pastoral de las adicciones. Sin embargo, todavía debemos ser más eficaces en un acompañamiento de los adolescentes y de los jóvenes y en la ayuda a quienes han entrado por esta vía oscura de la drogadicción.  

Con todo, no será posible resolver este problema, que puede ponernos en una situación de difícil retorno, sin la conciencia y el compromiso de todas las fuerzas vivas de la sociedad. Urge renovar la vida y la misión de la familia; entender y realizar la educación, en todos los ámbitos en que es posible, como la oportunidad de construir la persona humana; aprovechar los medios de comunicación social para hacer propuestas positivas que den aliento y sentido a la comunidad; establecer amplios consensos sociales que deriven en políticas públicas de corto y largo alcance para ayudar a las nuevas generaciones a situarse armoniosa y productivamente en el mundo. Sobre todo, es necesario trabajar porque quienes han caído en la droga no pierdan la esperanza y entiendan que pueden comenzar de nuevo.

Fuente: Pastoral Sacerdotal Arquidiócesis de Medellín 

sábado, 7 de septiembre de 2013

¿Se pueden negociar algunas normas?




Por Elena Roger Gamir , pedagoga del Gabinete Solohijos

¿Se pueden negociar algunas normas?

 
En contra de lo que algunos padres creen, las normas no oprimen ni quitan libertad a la familia; las normas adecuadas ayudan a que nuestra familia pueda convivir en armonía y a que nuestros hijos crezcan en responsabilidad. Dan seguridad, proporcionan apoyo y orientación.
Pero no todas las normas son iguales. Aprende a distinguir entre las que son de estricto cumplimiento de aquellas que pueden (y deben) ser más flexibles.

Normas negociables


Son aquellas que tienen en cuenta los gustos personales de los niños. No quieren decir que todo vale sino que se puede ser flexible en su aplicación.
Si tu hijo quiere dormir con el equipo de futbol en lugar de con el pijama, ¿qué hay de malo en ello?
Si no le gusta bañarse, ¿por qué no le ofreces la ducha?

¿Qué normas pueden ser más flexibles?

Aquellas relacionadas con el día a día:

 
    Baño o ducha (De acuerdo, si no quieres bañarte, puedes ducharte)
    Momento de ir a dormir (Vale, puedes quedarte leyendo un ratito más)
    Que ropa ponerse al día siguiente (¿La camisa azul o la de cuadros?)
    Preferencias en la comida (Puedes elegir entre un plátano o un melocotón)

Si ofreces a tu hijo un cierto margen de libertad en determinadas reglas:

  •     Aumentas su predisposición a obedecer
  •     Le enseñas a tomar decisiones
  •     Fomentas las soluciones creativas
  •     Fortaleces su autoestima

Normas no negociables

Son las relacionadas con la seguridad, salud y valores de la familia. Han de ser un referente claro para el niño y convertirse en los pilares de vuestro proyecto familiar.

  •     En esta casa no se dicen palabrotas
  •     Decimos la verdad aunque nos cueste
  •     En esta casa no nos pegamos
  •     No vemos la televisión mientras comemos
  •     Nos abrochamos siempre el cinturón de seguridad
  •     Llamamos a casa siempre que nos retrasamos

Las reglas son muy personales. Lo que para ti es negociable, para otro padre o madre puede que no lo sea. Lo importante es que sean normas que se puedan cumplir y que, una vez establecidas, seas consecuente y apliques las consecuencias en el caso de ser infringidas.

miércoles, 22 de agosto de 2012

El Código Civil en nuestro estilo de vida



"Que se hagan peticiones, oraciones, súplicas y acciones de gracias por todos los hombres, por los soberanos y por todas las autoridades, para que podamos disfrutar de paz y de tranquilidad, yllevar una vida piadosa y digna" (1Tim. 2, 1-3).

1. El compromiso ciudadano

“Queremos ser Nación”, es lo que venimos rezando juntos, porque somos conscientes de que el Señor nos ha regalado un inmenso don: nuestra Patria; y nos ha dejado una tarea: laconstrucción de nuestra Nación. Hoy los obispos deseamos hacer un llamado a renovar nuestro compromiso ciudadano colaborando en el debate por la reforma del Código Civil. Queremos contribuir a tener una mejor legislación para todos.

2. Importancia de la Reforma

Ésta, como otras reformas legislativas recientes o en curso, afecta nuestra cultura y nuestra vida cotidiana; proyecta cambios que nos tocan de cerca. Según el Código Civil que resulte sancionado se contestarán preguntas como: ¿Cuándo comienza un ser humano a tener el derecho de llamarse persona? ¿Cuál es el sentido de constituir legalmente una familia? ¿Con qué respeto hemos de considerar a las mujeres, especialmente a las más vulnerables? ¿Qué pueden dejar los padres a sus hijos al morir? ¿Tendrán derecho a la identidad los hijos concebidos en laboratorios? ¿Podrán ser concebidos hijos de personas muertas?

3. Función y efectos del Código Civil

En el Código Civil se regulan derechos vinculados a la vida personal, matrimonial, familiar, social, económica, de todos nosotros. En él se expresa de alguna manera la forma y el estilo de vida que como sociedad queremos promover. Tiene, por eso, una función pedagógica y efectos de muy largo plazo. Podríamos afirmar: dime cómo legislas y te diré qué sociedad deseas. La sanción de un nuevo Código Civil y Comercial es seguramente la reforma legislativa más importante de las últimas décadas por la variedad de cuestiones implicadas y por la entidad de algunos de los cambios propuestos. Por eso coincidimos con el reclamo de academias, colegios profesionales, universidades, iglesias y otras personas e instituciones que con toda razón vienen pidiendo que a la discusión en el Congreso se le otorgue todo el tiempo que sea necesario. Sería conveniente, además, la realización de audiencias públicas en cada provincia.

4. Principales cuestiones en juego

La reforma propuesta contiene aspectos positivos; sin embargo necesitamos reiterar la preocupación acerca de algunas cuestiones de fundamental importancia.

El modelo de familia proyectado por estas normas expresa una tendencia individualista y se opone a los criterios evangélicos y también a valores sociales fundamentales, como la estabilidad, el compromiso por el otro, el don sincero de sí, la fidelidad, el respeto a la vida propia y ajena, los deberes de los padres y los derechos de los niños.

Si se aprueba sin modificaciones este proyecto, algunos seres humanos en gestación no tendrán derecho a ser llamados “personas”. La maternidad y la paternidad quedarán desfiguradas con la denominada “voluntad procreacional”; se legitimará, por un lado, la promoción del “alquilerde vientres” que cosifica a la mujer y por otro, el congelar embriones humanos por tiempo indeterminado, pudiendo ser éstos descartados o utilizados con fines comerciales y de investigación. Se discriminará, en su derecho a la identidad, a quienes sean concebidos por fecundación artificial, porque no podrán conocer quién es su madre o su padre biológico. Los cónyuges que se unan en matrimonio, no tendrán obligación jurídica de fidelidad ni tampoco de convivir bajo un mismo techo; los lazos afectivos matrimoniales quedarán debilitados y desvalorizados.

Queremos una sociedad en la cual se fomenten los vínculos estables y en donde se dé prioridad a la protección de los niños y de los más indefensos. Los deseos de los adultos, aunque parezcan legítimos, no pueden imponerse a los derechos esenciales de los niños. Como adultos, tenemos más obligaciones que derechos. Es necesario que reconozcamos y demos protección jurídica a toda vida humana desde la concepción, y que recordemos que no todo lo científicamente posible es éticamente aceptable.

5. El papel de la fe religiosa en el debate político

Benedicto XVI ha enseñado repetidas veces que la justicia de las leyes y de las acciones de gobierno tiene su fundamento en valores objetivos, que el hombre puede conocer guiado por su razón. El papel de la fe religiosa es ayudar a la razón para que descubra con claridad esos principios morales y los aplique rectamente. Es por ello que los católicos tenemos no sólo el derecho, como todo ciudadano, sino también la obligación de hacer nuestro aporte al debate público. Queremos proponer y ser escuchados.

6. Una oportunidad para actuar todos en bien de la Nación

Por eso, la hora nos reclama a los cristianos el testimonio personal y comunitario de Jesucristo para que resplandezca en medio de los hombres el amor de Dios, que es el verdadero fundamento y modelo de las relaciones humanas. Las reformas propuestas, junto con otras y producidas o en curso de tratamiento legislativo, interpelan fuertemente a la Iglesia. A nosotros
como pastores. A las madres y los padres de familia, a quienes corresponderá vivir su matrimonio aún más comprometidamente y formar a sus hijos en los valores evangélicos y en la verdad sobre la persona, con mirada lúcidamente crítica sobre lo que nos rodea. A los sacerdotes, diáconos, consagrados y catequistas, que deben comunicar estos contenidos y compromisos vitales con su palabra y testimonio. A las escuelas y docentes, llamados a acompañar y apoyar a los padres en esta difícil tarea con coherencia y valentía. A los profesionales de la salud, quienes pueden verse enfrentados a situaciones en que tengan que decidir en conciencia. A los abogados y jueces, llamados a defender la justicia y el bien de la persona en todas las situaciones que se les presenten.

7. Exhortación particular a los legisladores

Hacemos un particular llamado a los legisladores para que asuman en plenitud sus responsabilidades, estudien a fondo las reformas propuestas, sean fieles a la herencia y a las tradiciones patrias y estén abiertos a escuchar todas las voces que tienen algo que decir al respecto. Y finalmente, que no dejen de escuchar a la voz de su conciencia, evitando que las legítimas pertenencias partidarias los lleven a votar en contra o al margen de aquella.

8. Convocatoria a la oración y la reflexión

Invitamos a las comunidades parroquiales, educativas, instituciones y movimientos a organizar en las próximas semanas alguna jornada de oración y reflexión. En comunidad podremos orar a Dios, Padre de todo bien, a Jesucristo el Señor, y al Espíritu Santo, Señor y dador de vida. Pidamos que bendiga a nuestra Patria e ilumine a nuestros legisladores y gobernantes, concediéndoles la sabiduría necesaria para trabajar por la paz, la amistad social y la defensa de todas las personas, privilegiando a los más pobres y débiles. Hagámoslo a semejanza de la primera comunidad cristiana, íntimamente unidos, dedicados a la oración y la reflexión, en compañía de María, la madre de Jesús y madre nuestra de Luján.

Los Obispos de la 162º Comisión Permanente
de la Conferencia Episcopal Argentina
Buenos Aires, 22 de agosto de 2012

lunes, 11 de junio de 2012

Familia, la primera escuela de las virtudes sociales



Si bien la violencia existió desde los más remotos tiempos, no podemos negar que es preocupante y que debemos, como miembros de esta sociedad, coadyuvar en todo lo que esté a nuestro alcance de tratar de erradicarla, en nuestro país se está viviendo una profunda crisis de la cual todos somos concientes de la que es muy difícil salir, pero debemos trabajar cada uno de nosotros desde nuestros humildes puestos para que esta crisis no siga instalándose cada vez más en las aulas, los niños no son culpables de ésto, pero también sabemos que esta crisis influye en ellos y los marca, sintiendo la problemática tanto o igual que los adultos, por ende la responsabilidad no es exclusiva de la escuela, sino de todo el conjunto de la sociedad.

Gloria Autino psicoanalista e investigadora de la Universidad de Buenos Aires, dijo que "la Escuela es un elemento más". No es el lugar donde se genera la violencia, es una institución atravesada por las características de una sociedad que eligió la violencia como modo de calificación de sus habitantes. La diversidad de los nuevos modelos de familia (madres solas, adolescentes, homosexuales, casos en los que no aparece el padre biológico, sino la pareja de la madre y conviven en la escuela hermanos de diferentes padres, hermanos que se hacen cargo de todo, familias ensambladas, etc), se instaló en la sociedad y los frutos de este amor (o desamor), repercuten en la escuelas.- Esos modelos empiezan a tener incidencia social y los efectos se manifiestan en las escuelas.- Los chicos no son violentos, llegan violentos, están violentos, porque posiblemente las familias y escuela no pueden darle mejores respuestas, se sienten desamparados, sienten que los adultos no le dan garantía de absolutamente nada en una época en la que ellos necesitan que alguien les ofrezca alguna certeza, tiene que haber una motivación muy fuerte en el grupo familiar y un proyecto escolar muy consolidado para generar entusiasmo.

La familia es la primera y fundamental escuela de la socialidad; como comunidad de amor, encuentra en el don de sí misma la ley que la rige y hace crecer. El don de sí, que inspira el amor mutuo de los esposos se pone como modelo y norma de don de sí que debe haber en las relaciones entre hermanos y hermanas, y entre las diversas generaciones que conviven en la familia. La comunión y la participación vivida cotidianamente en la casa, en los momentos de alegría y de dificultad representan la pedagogía más concreta y eficaz para la inserción activa, responsable y fecunda de los hijos en el horizonte más amplio de la sociedad. La familia es, por tanto, la primera escuela de las virtudes sociales que todas las sociedades necesitan (Enciclica Familiaris consortio, de Su Santidad Juan Pablo Segundo).

También en otro orden, muchas cosas que la escuela enseña quedan desvirtuadas por la influencia tantas veces nociva de los medios masivos de comunicación y televisión, que exaltan valores negativos, como la superficialidad y el hedonismo, además de mostrar en no pocas ocasiones a la violencia como algo natural, por ello el deber de buscar la "ataraxia", es tarea de todos los que interactuamos en la sociedad, y no de un solo responsable como muchas veces se trata de endilgar toda la responsabilidad en este caso la escuela.

Por todo ello deberíamos volver a aquel tiempo feliz en que todos estábamos alrededor de la enorme mesa familiar, con el padre en una cabecera y la mama en la otra, cenáculo de enseñanzas, que dan testimonio de la comunidad conyugal, fundamento sobre el cual se va edificando la más amplia comunión de la familia, de los padres y de los hijos, de los hermanos y de las hermanas entre sí, de los parientes y demás familiares, y como dijo el gran Ernesto Sábato: "la búsqueda de una vida más humana debe comenzar por la educación".