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viernes, 20 de noviembre de 2009

Niños tiranos


Descubrimos cuáles son las tres fases para criar niños déspotas y los cinco límites para evitarlo

Los niños y los jóvenes siempre han tenido conductas rebeldes propias de su edad. Pero últimamente, las noticias de sucesos han alcanzado un protagonismo alarmante. Muchos padres han pasado a ser las víctimas de las conductas agresivas de sus hijos.

En un artículo de la revista XarxaFarma, Laura García Agustín, psicóloga directora del Centro Psicológico Clavesalud de Madrid nos explica cuáles son las conductas más indicativas que llevan a un niño a convertirse en un tirano. Por otro lado, nos desvela cuáles podrían ser las soluciones para evitarlo.

Volviendo a los sucesos que ocurren hoy en día, los datos extraídos en las Jornadas sobre violencia interfamiliar nos indican que las denuncias impuestas por padres, supuestamente agredidos por sus hijos, se han multiplicado por tres en los últimos años en la Comunidad Valenciana y por ocho, en los últimos cuatro años en Cataluña y en el País Vasco.

Asimismo, los casos de bullying en las escuelas son cada vez más frecuentes y todo nos hace apuntar a que cabría preguntarse qué está pasando alguna cosa con nuestros jóvenes.
La voz de los expertos

La mayoría de expertos en el tema coinciden en la idea de que los factores desencadenantes de esta situación son: la educación hedonista, la falta de tiempo compartido con los padres, la influencia de los medios de comunicación y sobretodo, la falta de límites ante los intereses personales de los jóvenes.

“Es obvio que se ha pasado de una situación de respeto, casi de miedo, hacia el padre o la autoridad a una falta de límites en la cual los jóvenes quieren imponer su ley de exigencia”, explica Javier Urra en su libro El pequeño dictador. Cuando los padres son las víctimas.

La psicóloga Laura García divide en tres fases las conductas que indican el desarrollo de un niño que puede llegar a convertirse en un agresor.

1. La cultura de la inmediatez

La primera de ellas es: el niño caprichoso. Se convierte en amo de su casa en el sentido de que o se hace lo que él quiere, o su conducta cambia y la convivencia se convierte en algo muy difícil de llevar. La casa se convierte en un autentico campo de batalla.

Son niños caprichosos, con una autoestima exagerada y un ego colosal como resultado de una sobreprotección excesiva y perniciosa de sus padres. Lo que quieren, lo quieren al momento y no admiten un ‘no’ como respuesta. Han aprendido a chantajear para conseguir aquello que quieren, incluso a exigir y a amenazar. Son niños fruto de la cultura de la inmediatez que no han podido aprender el valor de las cosas.

2. Yo, soy el rey

La segunda fase la denominan síndrome del emperador. Según el profesor de la Universidad de Valencia, Vicente Garrido, esta fase se caracteriza por una violencia persistente y global y de carácter evolutivo.

El experto explica que esta conducta suele empezar con el abandono del esfuerzo para los estudios, sigue con amenazas a los padres y pasa a los abusos psicológicos. Alerta también que en algunos casos puede llegar a las agresiones físicas.

Este síndrome está caracterizado por factores como el poco miedo a ser castigados o la insensibilidad emocional, factor en que la educación ejerce un papel fundamental. “Cuanto más insensible sea el menor, menos efectiva será su educación”, dice Garrido.

Es muy importante hacer un esfuerzo para identificar a los jóvenes violentos y ayudar a los padres en su educación antes de que sea demasiado tarde, concluye el experto.

3. La dictadura agresiva

Con la tercera fase llega el grado máximo de ‘capricho tiránico’. La agresión a los padres es una situación que cada vez se ve más en los juzgados. La situación empieza con insultos, gritos, chantajes emocionales y amenazas y en el peor de los casos, llegan las agresiones físicas.

“Es un error”, explica Urra, justificar su conducta por su fuerte carácter o porque aguanta mucha presión en la escuela.

Los padres inmaduros, con miedo y fácilmente manipulables sienten vergüenza hacia los demás y no cuentan su situación. “Ven a su hijo como una pesadilla”, dice Javier Urra.

Las presiones pueden llegar en edades muy tempranas, a veces a los 8 u 9 años, pero es más adelante cuando el hijo puede convertirse en un dictador.

El estudio de la violencia de los jóvenes en la familia: una aproximación a los menores denunciados por su padres constata que el 14% de los casos denunciados por violencia doméstica están protagonizados por menores.

Para los especialistas en esta materia la mejor prevención para todas estas actitudes es la de establecer limitaciones con eficacia.

La prevención de una pesadilla tiene cinco soluciones

Coger las riendas: los padres han de educar y han de actuar como modelos competentes para sus hijos. Su trabajo es establecer los límites y las normas y hacer que se cumplan, enseñarles los valores adecuados, la disciplina y el valor del esfuerzo. Hay que acostumbrarles a la espera, no hay que acudir inmediatamente cuando ellos lo digan, así aprenderán también a poner sus propias soluciones ante los problemas.

Pautas y órdenes claras: para que una orden o instrucción sea eficaz tiene que seguir una serie de pautas. La orden hay que decirla una sola vez, especificando la conducta que se quiere de manera clara. Tiene que hacerse en el momento óptimo y tiene que ir acorde con la edad del niño, sin amenazas pero con mano dura. Es muy importante, comenta Javier Urra, establecer las consecuencias para una posible desobediencia.

Restituir el papel del ‘no’: en los últimos años, muchas teorías insisten sobre la cantidad inmensa de negaciones que puede tener una criatura desde pequeña, y cómo esto se refleja en inseguridad y desconfianza cuando es mayor. Pero también se pasa muchas veces de la negociación a la aprobación total. “Hay muchas situaciones en las que hace falta decir ‘no’ simplemente porque la necesidad de otro es más importante”, dice Betsy Hart, experta en educación infantil en su libro Sin miedo a educar.

Mantenerse fuerte delante de los enfados: según un estudio realizado en la Universidad de Pensilvana, Estados Unidos, los niños que presentan una tendencia más importante a los enfados temperamentales tienen más posibilidades de sufrir problemas emocionales cuando crecen. Los resultados reflejaban que estos niños presentan unos niveles más bajos de satisfacción vital, felicidad y autoestima en su vida adulta. Además, tienen menos comunicación con sus familiares, relaciones más pobres con sus padres y, en general, dificultad para intimar con los demás.

Mostrarse seguros: “la respuesta del niño es directamente proporcional a la seguridad más o menos grande con la que se muestran sus padres delante de él”, señala Javier Urra. Los niños tienen una especie de radar para identificar el estado emocional de los padres y según esto, actuaran con mayor o menor insistencia para conseguir lo que se plantean. Por eso es tan importante mostrarse seguros ante los hijos, porque así, verán que no tienen nada que hacer.

Los niños tiranos no nacen, se hacen. Por eso es tan importante plantearse cómo será su educación “antes de que el niño nazca”, concluye Javier Urra. Sólo así sabrán cómo actuar y afrontar los problemas ante las situaciones adversas que se les presenten.

Carlota Falcó Vich
Fuente: Solo Hijos. net

jueves, 15 de octubre de 2009

Cómo intentar ser mejores padres


Nadie tiene la receta, sin embargo hay algunos principios generalmente aceptados sobre los que vale reflexionar.

1. Respetarse como personas y pares en la pareja: Una de las mejores cosas que un padre puede hacer para sus hijos es respetar a su madre. Padres y madres que se respetan entre sí, y dejan que sus hijos lo vean, promueven un ambiente seguro para ellos. Si los niños ven que sus padres se respetan, sentirán que ellos también son aceptados y respetados en sus individualidades.

2. Pasar tiempo con sus hijos: Lo que hace un padre con su tiempo les dice a los chicos acerca de lo que ellos representan en su vida. Si usted está siempre ocupado y no tiene tiempo, van a sentirse descuidados. No se olvide que los pibes crecen más rápido de lo que uno supone y hay oportunidades de juego o aventuras irreproducibles e irrecuperables.

3. Ganar el derecho de ser escuchado: Muy a menudo, las únicas situaciones en las cuales un padre les habla a sus hijos es cuando los reprimen. Es recomendable no llegar a ese extremo si quiere valorar el diálogo franco y la comunicación. Dedique tiempo a escuchar sus ideas, sus sueños y sus problemas.

4. Disciplinar con cariño: Todos los niños necesitan disciplina y consejos, no para castigarlos, sino para poner límites razonables. Recuerde a sus hijos de las consecuencias de sus acciones y déles recompensas significativas para la conducta deseable. Los padres que disciplinan de una manera justa y tranquila muestran su amor para sus hijos.

5. Actúe como un modelo para imitar: Los padres somos modelos para nuestros hijos, lo reconozcan o no. Una niña que pasa tiempo con un padre que le demuestra afecto, por ejemplo, crece sabiendo que merece ser tratada de una manera respetuosa por los varones, y qué debe buscar en su futura pareja. Los padres pueden enseñar a sus hijos lo que importa en la vida por demostrar honradez, humildad, y responsabilidad.

6. Tenga una actitud docente: Demasiados padres creen que la enseñanza es algo que hacen los demás, o que para eso los chicos van a la escuela. Sin embargo, cuando les transmitimos -por ejemplo- el sentido del bien y del mal, y los animamos a hacer perfeccionarse, en algún momento los chicos comenzarán a hacer buenas elecciones. Recuerde que las lecciones básicas de la vida se aprenden en la casa.

7. Comer juntos en familia: Compartir las comidas (o alguna de ellas) es importante en la vida familiar porque puede resultar uno de los pocos momentos de diálogo concreto y más relajado entre todos los integrantes.

8. Leer a sus hijos: En un mundo donde la televisión frecuentemente domina las vidas de los niños, es importante que los padres les lean a sus hijos. Los niños aprenden mejor por hacer y por leer que por mirar pasivamente y escuchar. Inculcar el amor a la lectura es una manera excelente de asegurar el crecimiento personal y profesional para toda la vida.

9. Demostrar cariño: Los niños necesitan la seguridad que viene del saberse queridos, aceptados, y amados por los integrantes de su familia, y especialmente por sus padres. Y demostrándoles afecto a diario es la mejor manera de hacerles saber que son amados.

10. El trabajo de padres no termina nunca: Aún en la adolescencia, la juventud y hasta cuando ya están listos para dejar la casa paterna, los hijos buscarán en sus padres consejos y sabiduría. Ser un buen referente y que los hijos lo entiendan de ese modo, también es un símbolo de que todos lso otros consejos funcionaron en su momento y su lugar.

lunes, 28 de septiembre de 2009

Conocer el carácter de los hijos para saber educarlos


Para saber educar, es necesario el conocimiento de cada uno de nuestros hijos. También, el propio conocimiento nos es de gran ayuda. Ya Sócrates decía: ''Conócete a ti mismo''. Del conocimiento propio, de la aceptación de nuestras limitaciones y del esfuerzo que hacemos para crecer en virtudes, nace la fuerza para educar. No olvidemos nunca que educamos por ósmosis y por contagio.

No podemos hablar de mejora si nosotros mismos no nos damos prisa en rectificar cuando nos equivocamos, o no tenemos paciencia con nuestros defectos.

Haciendo referencia a la educación de nuestros hijos, es importante observar cómo reaccionan para comprender muchas de sus maneras de actuar. Para saber observar, tenemos que ofrecer mucho de nuestro tiempo al negocio más importante de nuestra vida: la educación de los hijos.

Se trata de que sean responsables y se desarrollen correctamente, con seguridad y con la autoestima necesaria para afrontar todas las circunstancias de su vida de forma positiva.

Dedicando tiempo y con observación y serenidad, no hablaremos a todos de la misma manera, ya que consideraremos que son personas únicas, irrepetibles y, por tanto, desiguales. Es una equivocación creer que los padres tienen que educar a todos los hijos de la misma manera.

Por eso, hoy reflexionaremos sobre algunas particularidades del carácter que nos sirvan de pauta para mejorar nuestra actuación, para conocer mejor y comprender mejor a estos hijos. Es una herramienta de la psicología que se tiene que utilizar convenientemente, con sentido común, teniendo en cuenta que es sólo un apoyo, ya que lo fundamental para conocer es amar a cada hijo como es y extraer al máximo sus posibilidades.

Los tres rasgos característicos del carácter son, según Le Senne: la resonancia, la emotividad y la actividad. La resonancia es la repercusión que las impresiones tienen sobre el ánimo de cada persona. Hay personas que reaccionan más impulsivamente. En ellas las impresiones tienen un efecto inmediato y las olvidan al momento: las llamamos primarias. Y en los que reaccionan de una manera más reflexiva, las impresiones perduran en su conciencia e influyen en su conducta, incluso cuando ha pasado mucho tiempo: las llamamos secundarias.

Por ejemplo, si a una persona primaria le dan un pisotón en el autobús, su reacción será de protesta pero, antes de llegar al final de su trayecto, ya lo habrá olvidado. Una persona secundaria, en cambio, con el mismo pisotón, no dirá nada, pero el disgusto le durará un rato después de pasarle este hecho. De una manera sencilla, aquí tenemos la diferencia. Igualmente, ante una ofensa recibida, el que es primario olvidará fácilmente, pero no así el que es secundario, que vive más del pasado.

Con respecto a la emotividad, si miramos la fotografía que encabeza el artículo, vemos que tenemos un niño emotivo. El emotivo se conmueve por todo, aunque a veces no se note. Tiene cambios de humor, inquietud, impresionabilidad. En una familia, viendo todos la misma película y con la forma de reaccionar ante una escena, captaremos quién es el más emotivo. El no emotivo, ya lo dice la misma palabra, no se conmueve fácilmente. Se muestra normalmente tranquilo y de humor poco variable.

La actividad es lo más difícil de averiguar. Podríamos confundirla con el movimiento continuo de las personas impulsivas o nerviosas. Puede decirse que el activo tiene que obrar constantemente, que incluso en el tiempo libre busca situaciones para actuar; mientras que el inactivo es una persona que actúa poco, y cuando lo hace es, especialmente, por afán de superación, por amor, por obligación o por cumplimiento del deber, aunque puede estar sin actuar mientras deja correr la imaginación o descansar sin hacer nada. El activo lo hace por el placer de actuar. El inactivo no tiene esta inclinación.

Éstos son los rasgos principales del carácter. Servirán para identificar la manera de ser y, sobre todo, para comprender no sólo a nuestros hijos sino también a nuestra familia y a las personas con las que nos relacionamos. También para aceptarnos a nosotros mismos. Nunca colocaremos ninguna ''etiqueta'' a nadie porque todo es susceptible de mejora. Todas las personas tenemos capacidad para mejorar y rectificar, si estamos oportunamente motivadas.

Victoria Cardona. Educadora familiar
Fuente: Fluvium.org

lunes, 14 de septiembre de 2009

La familia como estructura de acogida


La mentalidad actual genera un inmenso número de personas frustradas y desengañadas que se sienten excluidas de la sociedad

La sociedad actual ensalza al fuerte, al que triunfa. No hay espacio ni protección para el débil. La publicidad empuja a una carrera cada vez más competitiva en el que sólo tienen éxito un número reducido de individuos, relegando al olvido a los que también han corrido pero no han llegado primeros. Esta mentalidad genera un inmenso número de personas frustradas y desengañadas que se sienten excluidas de la sociedad. Otras, para seguir siendo reconocidas, tienen que luchar a muerte.

La enseñanza en las escuelas responde a la pedagogía del éxito y del mayor rendimiento académico, que es la que se impone en el discurso oficial y social, y a la que lleva la pedagogía dominante. ¿Qué sucede con los que no triunfan, con los que no tienen el éxito que de ellos se esperaba, con los fracasados?

La experiencia de que el ser humano es un ser vulnerable puede ayudar a ver de un modo muy distinto a los demás, de situarse ante los demás no desde la prepotencia y el dominio, sino en una actitud de acogida. Permite ver la debilidad del otro que se esconde tras la máscara de la fortaleza. Resulta esencial educar el sentido de la vulnerabilidad y la capacidad de asumir los propios límites y los de los otros.

En esta tarea, la familia, como unidad básica de la sociedad, juega un papel muy relevante en una sociedad tan árida como la nuestra, puesto que se puede definir, más allá de toda interpretación, como una estructura de acogida. Para el hijo, en su familia, la acogida significa sentirse y saberse aceptado y querido, protegido y seguro por el amor y el cuidado de sus padres.

El valor máximo en la familia es la incondicionalidad. Se acepta al hijo sin condiciones, tenga o no tenga éxito, sea o no sea inteligente. No se le acepta por sus rasgos, sino por el mero hecho de ser persona. Decir que la familia es una estructura de acogida significa que da apoyo, confianza y ternura; significa sentir de cerca la presencia de los padres que se hace acompañamiento, orientación y guía. Ese impulso inicial de acogida infunde una confianza en el vínculo humano que ningún acontecimiento futuro puede borrar.

La vulnerabilidad es el rasgo de la condición humana que es necesario resaltar. Contra la apología del fuerte e individualista, se debe destacar el valor de la acogida y de la responsabilidad frente al dolor del otro. La experiencia de ser vulnerable, necesitado, abre la puerta a la presencia de otro en mi vida, a la irrupción del otro en mi experiencia vital. Eliminar al sujeto vulnerable, por el mero hecho de ser vulnerable, es una forma de perversidad moral. Al sujeto vulnerable se le debe, ante todo, acoger y ofrecer una comunidad cálida.

La familia es el espacio privilegiado en el que cada persona es reconocida y valorada por lo que es. Sólo el ser vulnerable genera en nosotros la obligación de responder incondicionalmente. Sólo del ser vulnerable podemos esperar la llamada exigente de acogerlo, sin haberlo querido ni escogido. Esta experiencia genuinamente moral de atención y de cuidado del otro va a poner las bases para una vida moral que facilite el ponerse en el lugar del otro, el desarrollo de la capacidad de escucha, acogida y atención al otro y la capacidad de analizar la condiciones históricas en las que la relación moral con el otro se están produciendo.

Francesc Torralba Roselló
Fuente: Forum Libertas

jueves, 21 de mayo de 2009

Abuelos del siglo XXI


El rol que cumplen los abuelos, en la vida del nieto, sea niño o no tan niño, es fundamental. El lazo de amor que une a un niño con sus abuelos es muy especial. Ellos juegan un papel diferente del de los padres. No es que no puedan guiarlos o aconsejarlos, pero, como ese espacio les corresponde a los papás, ellos pueden darse el lujo de mimarlos a sus anchas, darles un caramelo a escondidas o consolarlos de un reto recibido.

Los abuelos, además de ser el papá o la mamá de nuestros padres, representan la historia viva. Son los recuerdos que llegan al corazón de nuestros hijos y de nosotros mismos a través de su voz; son, muchas veces, la contención, el refugio, la caricia que tanto se necesita.

La figura de los abuelos ha cambiado con el tiempo. Se “aggiornó”, por decirlo de alguna manera. Ya no pensamos en una viejita con rodete y pelo blanco recostada en una silla que se balancea, o un anciano sentado en la puerta de su casa, mirando pasar la vida.

Hoy es más común ver a una abuela haciendo gimnasia que tejiendo escarpines. El abuelo dejó de ser esa figura patriarcal a la que se le debía un respeto parecido al temor. La casa de los abuelos ya no es el lugar que se visitaba los domingos para comer pastas alrededor de una mesa tan grande como el amor con el que la abuela las amasaba.

Ahora, ellos, cuando su salud y la edad se los permiten, trabajan a la par de los papás. Se han convertido en niñeras, maestras particulares, choferes. El mundo en el que vivimos y la necesidad de que ambos padres salgan a trabajar han modificado su rol. ¡Qué mejor niñera que nuestra madre! ¡Qué mejor lugar para dejar a nuestros hijos que el hogar de nuestros padres! Allí están los abuelos, de hoy en día, preparando mamaderas, cambiando pañales, llevando a los chicos al colegio, retirando a nuestros hijos de un cumpleaños, haciendo la tarea del colegio junto con ellos.

Realmente, prestan una ayuda incondicional, a los padres, y una compañía inmejorable a nuestros hijos. Ellos vuelven a ejercer la función de “papás y mamás”, repiten el camino transitado con nuestra niñez, en la niñez de sus nietos. Sin duda, no es exactamente la misma senda: no es lo mismo un hijo que un nieto. Pero el amor profundo no entiende mucho de diferencias, por lo que nuestros hijos no recibirán algo muy diferente de lo que hemos recibido nosotros.

Los abuelos, hoy por hoy, integran una parte valiosísima del presente de nuestros hijos. Ellos han vivido cosas que nuestros niños desconocen o ya no existen, han acumulado experiencias, anécdotas, recuerdos familiares. Es fundamental para un niño conocer su historia, saber cómo era la vida cuando sus papás eran niños, cuando no existía la computadora, Internet y la Play Station. Todos necesitamos saber de dónde venimos y con qué bagaje hemos llegado a este mundo. En este sentido, el papel de los abuelos es irremplazable. Los abuelos transmiten sus vivencias pasadas a nuestros hijos; y los nietos les acercan un pedacito del “futuro” cuando les enseñan a los abuelos a usar la computadora, a mandar mensajes de texto…

En todos los tiempos, en distintas circunstancias, con rodete o sin él, sentaditos en la puerta de calle o corriendo por Palermo, la figura del abuelo conserva el mismo protagonismo. Sin duda han cambiado las formas, pero el sentimiento profundo no varía, sigue siendo el mismo. El vínculo nieto/abuelo es entrañable y necesario: transita el presente de nuestros hijos dejando una huella de amor en su futuro.


Liliana Castello
Fuente: San Pablo on Line

martes, 12 de mayo de 2009

Apoyo a las familias


El Consejo para la Familia coordinará y potenciará experiencias de pastoral familiar

El Consejo Pontificio para la Familia se propone potenciar y coordinar experiencias pastorales a favor de las familias entre las diócesis, y promover investigaciones que den a conocer los beneficios de las familias bien constituidas y los perjuicios de las desintegradas.

Así lo reveló su presidente, el cardenal Ennio Antonelli, en una conferencia sobre la familia y su misión educadora que pronunció el 7 de mayo en el Seminario Conciliar de Barcelona.

El cardenal explicó que el dicasterio vaticano trabajará, en colaboración con las conferencias episcopales, "para sensibilizar a la opinión pública a favor de una política favorable a las familias para que el lenguaje de los hechos se imponga al de las ideologías", según un comunicado emitido hoy por la oficina de información del arzobispado de Barcelona.

El cardenal propuso algunos elementos pastorales para ayudar a las familias, como la creación de grupos de matrimonios en las parroquias dirigidos por matrimonios bien preparados, la potenciación de los movimientos de espiritualidad y el compromiso de las familias en asociaciones de tipo social.

También propuso que la preparación al matrimonio se plantee como un itinerario que empieza cuando la pareja ya habla de unir definitivamente sus vidas.

Dijo que "hay que ayudarles a descubrir lo que es la vida cristiana, sus actitudes, la relación con Jesucristo y con la Iglesia, actitudes ante el dinero y la sexualidad, el perdón, el espíritu de sacrificio y la importancia de la oración", según el comunicado.

También destacó la importancia de "promover encuentros de familias, de diálogo, de oración, de amistad, encuentros que abran el círculo familiar cerrado".

Según el cardenal, la familia actual es débil, a causa de tendencias culturales desfavorables a ella y a la dignidad de la persona humana, como el relativismo, el subjetivismo, el utilitarismo, el individualismo y el descrédito de la familia como una comunidad de personas.

También por la debilidad de las convicciones religiosas por parte de los padres, la poca valoración de la prioridad de la misión educativa por la falta de la presencia de la figura paterna, la ausencia de la madre en el hogar, el relativismo ético y religioso, traumas familiares causados por separaciones y divorcios, etcétera.

Para el cardenal, estas carencias familiares en la misión educadora comportan que los hijos crezcan sin profundas convicciones religiosas y sus ideales sean superficiales y sin contenido espiritual.

Se trata, dijo el cardenal utilizando una expresión del Papa Benedicto XVI, de una "emergencia educativa" en el interior de la familia.

El presidente del Pontificio Consejo para la Familia recordó que la familia debe ser el lugar donde se desarrolla la vocación al amor, lugar del descubrimiento del otro, de comunión y de solidaridad, de valoración de las personas y de sus diferencias, de descubrimiento de la vocación al matrimonio y de descubrimiento de la identidad sexual.

Debe ser también, dijo, el lugar de procreación y educación en la confianza y en el amor, que va más allá de la enseñanza teórica, el lugar en el que se aprende a ser.

Patricia Navas
Fuente: Zenit

viernes, 8 de mayo de 2009

Relaciones intergeneracionales



Europa dedica por primera vez un día a la cooperación entre jóvenes y mayores, un pilar del envejecimiento activo

Se celebró por primera vez el Día Europeo de la Solidaridad y Cooperación entre Generaciones, un intento de impulsar la relación entre jóvenes y personas mayores. Se pretende que ambos grupos se acerquen, entiendan e intercambien experiencias. Para dar ejemplo, la Plataforma Europea de Personas Mayores (AGE) y el Foro Europeo de la Juventud (European Youth Forum) organizarán actividades conjuntas y animarán a otras asociaciones a seguir el mismo camino.

La población envejece. La esperanza de vida se alarga y el entorno debe estar preparado para atender a las personas de mayor edad. Esto implica el impulso a las relaciones entre jóvenes y mayores, puesto que la convivencia será inevitable en diversos ámbitos. Unos y otros deben respetarse, pero sobre todo es importante que se entiendan.

En este contexto, se celebra por primera vez el Día Europeo de la Solidaridad y Cooperación entre Generaciones. Por primera vez, Europa dedica un día, el 29 de abril, a esta causa. La jornada servirá, en opinión de la Confederación Española de Organizaciones de Mayores (CEOMA), "para que los ciudadanos europeos y los responsables de las políticas en los diferentes países de la UE sean conscientes de los cambios que son necesarios". El envejecimiento de la población plantea nuevos retos. Debe conseguirse una sociedad adaptada a todas las edades.

En este esfuerzo, será fundamental reforzar "los vínculos sociales entre generaciones", defiende también la Plataforma Europea de Personas Mayores. A su juicio, la celebración de este día ayudará a tomar conciencia de la necesidad de cambio de las políticas actuales y a crear una visión nueva de la sociedad. Por su parte, el Instituto de Mayores y Servicios Sociales, Imserso, reconoce que, aunque numerosos países se han adherido a la visión de una sociedad intergeneracional, en la que jóvenes y mayores interactúen, "no hay suficiente información sobre cómo poner en práctica este concepto en el ámbito local".

Solidaridad intergeneracional

La celebración del Día de la Solidaridad y Cooperación entre Generaciones introduce nuevos conceptos. Términos poco utilizados hasta ahora pero que están llamados a pronunciarse mucho en el futuro. Éste es el caso de solidaridad intergeneracional, una expresión muy relacionada con el envejecimiento activo que, explica el Imserso, "no sólo consiste en apoyar a las personas de edad, sino en propiciar las condiciones para que éstas, a su vez, puedan participar y contribuir al desarrollo y bienestar de la sociedad".

Hay que propiciar las condiciones para que las personas mayores contribuyan al desarrollo y bienestar de la sociedad
A partir de ahí, surge la necesidad de formar nuevos profesionales, especialistas intergeneracionales que refuercen el entendimiento entre jóvenes y mayores sin forzarlo. La convivencia entre generaciones "no siempre es la opción preferida por las personas de edad ni lo mejor para ellas", destaca el Imserso.

Los ámbitos en los que jóvenes y mayores coinciden de manera espontánea son variados. El trabajo, las reuniones familiares o los centros intergeneracionales son espacios comunes de encuentro. Sin embargo, lo que está aún por definir es, en todo caso, el tipo de relación que debería darse en cada contexto. Ahí está el reto en el futuro.

Buenas prácticas

La Plataforma Europea de Personas Mayores (AGE) aboga por integrar la solidaridad entre generaciones dentro del sistema económico y social europeo. Lamenta que hasta ahora el debate político se haya centrado "a menudo" en los desafíos negativos del envejecimiento, "tales como su impacto en las pensiones y el gasto creciente de la atención médica o en la mano de obra, que desciende progresivamente".

La solidaridad entre las generaciones jóvenes, de mediana edad y las de mayores debe sobrepasar conceptos financieros. Hay que apostar por
promocionar la cooperación y los intercambios mutuos, "así como una mejor comprensión y nuevas formas de coexistencia".

Se proponen jornadas de puertas abiertas o visitas a locales de jóvenes y residencias
Para ello, AGE propone una serie de buenas prácticas con motivo de este día. Defiende el impulso de nuevos proyectos locales que impliquen la participación de personas de diferentes edades, tales como: jornadas de puertas abiertas donde se invite a aquellos que habitualmente no frecuentan determinados espacios, visitas a proyectos que hayan demostrado buenos resultados en el ámbito intergeneracional, eventos deportivos u otros en los que sea necesaria la participación de varias generaciones, visitas a locales de jóvenes o residencias de mayores, intercambio de experiencias y conciertos o festivales de música.

Otra de las apuestas fundamentales es la mejora de la accesibilidad de Internet tanto para personas mayores como discapacitadas. El pasado 31 de marzo, la UE adoptó una resolución en la que abogaba por esta medida. Es importante facilitar el acceso a la información a todas las personas. Por ello, ésta debe ser una apuesta destacada en Europa, cuyo primer escalón será la creación de un grupo de expertos en materia de e-accesibilidad.


Autor: AZUCENA GARCÍA
Fuente: Consumer.es

miércoles, 29 de abril de 2009

Educación sexual, una cuestión de valores


La tasa de fecundidad adolescente precoz se triplicó en la Argentina en los últimos 40 años: más de 3 mil bebés nacen anualmente de chicas de entre 10 y 14 años y hay 900 mil madres niñas en todo el territorio nacional, según estadísticas del Ministerio de Salud de la Nación. Es decir, 3 de cada 20 argentinos son hijos de madres adolescentes. Leer más

jueves, 5 de febrero de 2009

Conflictos en la pareja


La toma de decisiones constituye una de las fuentes de conflicto importantes en la pareja, ya que, para esto, es necesario que se establezca una estructura de poder que puede ser, según los casos, más o menos democrática. De algún modo, marca cuánta consideración se tiene por el otro; quién ejerce el dominio y quién la sumisión. Leer más

lunes, 27 de octubre de 2008

Niños con mal comportamiento


Las malas conductas de los niños no pueden ser sancionadas con castigos. La clave está en recompensar los buenos actos y buscar alternativas a los malos

Marcar normas a los niños desde que son pequeños es la base para conseguir una buena conducta. El exceso de permisividad deriva en pequeños egoístas no acostumbrados a recibir un "no", mientras que el autoritarismo puede lesionar su autoestima y hacerles creer que sus padres y madres no les quieren.

La relación entre padres e hijos es un tira y afloja en el que unos luchan por mantener el poder y otros por conquistarlo, pero no se puede tomar el camino fácil de imponer un castigo, porque su efecto, aunque inmediato, es momentáneo. A la larga, da mejor resultado recompensar las buenas conductas e intentar buscar alternativas a los actos que menos gustan. Todo el mundo sabe que los actos que se repiten son los que reportan un beneficio.


La mayor parte de los comportamientos infantiles son aprendidos. Al nacer, el niño desconoce las normas y las pautas de conducta que se consideran adecuadas, por lo que busca sus propios modelos y aprende de ellos. Se considera que el comportamiento es malo cuando, por defecto o exceso, no se adapta a lo que se entiende por "normal".


En este sentido, el doctor Jordi Sasot, médico especialista en psiquiatría y pediatría infanto-juvenil y coordinador de la Unidad de Padiopsiquiatría de la Clínica Teknon de Barcelona, asegura que son muchos los padres que acuden a la consulta y hacen la misma pregunta: ¿Por qué mi hijo se comporta así? "La respuesta está clara: tienen que cortar el problema de raíz y marcar unas normas desde que los hijos son pequeños, menores de cuatro años, y en pequeñas cosas", explica.

Una vez que el niño realiza un acto, lo repetirá o no en función del efecto que produzca en su entorno, por lo que los padres deben encontrar el equilibrio entre permisividad y autoridad. No obstante, según afirma Sasot, "cada problema debe ser estudiado de manera individual para descubrir su origen, que puede ser educativo, con problemas de comportamiento, o biológico, con trastornos de conducta".

En el segundo caso, relacionado con cerca del 40% de los niños hiperactivos, cabe la posibilidad de que el pequeño necesite tratamiento farmacológico, porque su mala conducta responde a "condicionantes" con los que ha nacido. Se trata de niños con conductas negativistas y desafiantes hacia sus padres, que carecen de control de sus impulsos y que, "cuando cometen un error, les gustaría resolverlo pero no pueden", puntualiza Sasot.

Por otro lado, se encuentran los "falsos niños con trastornos", cuyos problemas de comportamiento tienen origen a menudo en la sobreprotección de los padres, "que resuelven los problemas que el niño tiene que resolver por él mismo". "Si a los niños menores de tres años les dan de comer los padres, les permiten ir a la cama cuando quieren y les resuelven todos los problemas, no se les educa en la capacidad de frustración y los niños no toleran un "no". Éste no es el camino correcto", advierte el doctor Sasot.

No se puede ser tan autoritario que el niño sienta que sus padres no le quieren, ni tan permisivo que acabe haciendo siempre lo que quiere. Desde la Asociación Mundial de Educadores Infantiles recuerdan que la permisividad "produce falta de control interno" y reconocen que la autoridad y firmeza bien ejercida permite a los niños alcanzar una "progresiva madurez y responsabilidad".

Si no se da ese equilibrio, se produce lo que Elena Roger, pedagoga del Gabinete Pedagógico Solohijos.com denomina 'lucha de poder': "Los padres repiten, recuerdan lo que deben hacer sus hijos, pero con resultados negativos. Luego negocian, razonan y sermonean sin éxito. Cuanto más repiten, más se enfadan, hasta acabar en gritos y amenazas, incluso en insultos y bofetadas. Cuando ya no pueden más, explotan diciendo cosas de las que luego se arrepentirán e infringiendo castigos desproporcionados que nada consiguen mejorar. Estas rutinas pueden convertirse con el tiempo en patrones destructivos de comunicación, relación familiar y resolución de problemas, en hábitos familiares que se consideran como la manera normal de convivir en casa".

A su entender, los hijos desafían a sus padres cuando no sienten satisfechas sus necesidades y buscan poder. "A veces nos ponen a prueba para mostrarnos que han cambiado y que las normas, por lo tanto, también han de cambiar -añade-. Nos desafían continuamente, nos provocan y muchos de ellos nos manipulan hasta llevarnos a su terreno y, entonces, ganan la batalla". Los niños ganan cuando los mayores pierden el control de la situación y la disputa se convierte en una verdadera batalla por conquistar o mantener el poder.

¿Cómo mostrar autoridad?

Para mostrar descontento con el comportamiento de sus hijos, algunos padres recurren a los castigos, que pueden ser físicos. Sin embargo, para Jordi Sasot, "recurrir a la bofetada es un error gravísimo que cometen los padres porque -asevera- si los padres saben educar, nunca van a tener que levantar la mano al hijo, y si lo hacen es porque algo han hecho mal".

Otros castigos pueden ser los gritos, las riñas o los insultos, a los que los padres recurren porque el efecto inmediato es que los niños dejan de hacer sus fechorías. "Pero sucede que el efecto de los castigos es momentáneo. Por lo general, los padres que castigan a sus hijos se quejan de que el niño no aprende por más que lo castigan y que deben castigarle una y otra vez", precisa el doctor Joan Romeu i Bes, especialista en neurología y psiquiatría de la Clínica Quirón y profesor de la Universidad Autónoma de Barcelona.

Según Romeu i Bes, "un castigo es un factor que permite que una conducta disminuya de frecuencia mientras se aplica el castigo, pero que, de la misma manera, hace que la conducta indeseada aumente cuando el castigo cesa".

Los inconvenientes, por lo tanto, de esta situación son dos: por un lado, al tener un efecto momentáneo, el niño repetirá la conducta castigada nuevamente, mientras que los padres, al notar que el castigo surte efecto en el momento en que lo aplican, tienden a castigar cada vez más y con mayor energía. Como consecuencia de todo esto, el niño no aprende a mejorar su comportamiento sino a perfeccionar sus travesuras para evitar el castigo, a los que poco a poco se hace insensible.

Además, advierte Romeu "sean o no físicos los castigos, inducen un aumento de la agresividad de los niños". "Les damos un ejemplo de que 'cuando estamos enfadados con alguien, es bueno ir contra él', lo cual provocará indudables derivaciones indeseables", manifiesta, para añadir que castigos morales como la culpabilidad "pueden hacer tanto o más daño que un castigo físico, provocando una mayor agresividad en el niño".

Por su parte, la Asociación Mundial de Educadores Infantiles insiste también en que "en ningún caso el sistema de castigos debe aplicarse", bien porque su efecto es temporal y la conducta vuelve a repetirse, o porque "lo que el adulto considera desagradable para el niño, en realidad no lo es para él y, en vez de considerarlo un castigo, se convierte en un reforzador, aumentando el comportamiento desadaptado en intensidad y frecuencia". Asimismo, hay que cuidar los comentarios que se transmiten al niño, puesto que cuando el niño escucha expresiones como 'eres un desordenado' o 'eres malo', "lesiona gravemente su autoestima".

Lo preferible es que los castigos sean sustituidos por técnicas de sanción, con las que el niño aprenderá las consecuencias de sus actos, de las que sólo él será protagonista. Si el pequeño no obedece las normas, debe aprender por sí mismo a resolver los problemas porque nadie los va a resolver por él. "Si un adolescente deja la ropa sucia en el suelo, los padres no pueden recogerla y llevarla a la lavadora, sino al cajón, pero sucia. Entonces el adolescente recibirá las consecuencias de sus actos cuando quiera ponerse una ropa limpia y vea que no lo está", señala Sasot.

En la misma línea, al niño que no quiera comer no se lo podrá hacer otra comida hasta que no termine lo que está en el plato y, por supuesto, está totalmente prohibido darle de comer entre horas. Y si no se quiere ir a dormir a la hora que marcan los padres, es posible que elijan ellos la hora, pero al día siguiente deberán levantarse igualmente para ir al colegio o hacer las tareas como si se hubieran acostado pronto.

Recompensar las actitudes positivas

El objetivo de los padres es que sus hijos aprendan nuevas pautas de comportamiento para que, a la larga, varíen su conducta. Por este motivo, hay que buscar técnicas que consigan efectos a largo plazo, no momentáneos. "Las políticas de recompensa son las técnicas que nos van a servir para este objetivo de conseguir efectos estables", subraya Romeu i Bes.

Estas políticas se basan en el hecho de que las personas tienden a realizar las cosas en las que hallan una compensación y evitan las que les suponen un esfuerzo o una dificultad que no va a ser compensada. En el caso de los niños, aprenderán y repetirán mejor los comportamientos con los que obtengan algún beneficio, aunque hay que tener cuidado con las recompensas y el modo en que se administran.

Muchos padres asocian la idea de recompensa con la de un bien material. "Sin embargo -desvela Romeu-, las recompensas más eficaces son las más inmateriales: el elogio, la atención, el afecto, la compañía, suelen ser las más económicas y rentables". No se puede pretender, eso sí, que la misma recompensa sirva como tal en cada ocasión, aunque a menudo sirva para que el niño aumente la confianza en sus posibilidades.

La pregunta es ¿qué se debe recompensar exactamente? Según Romeu, "se debe examinar cuidadosamente qué se está recompensando y, para ello, se debe ver qué es lo que el niño considera que le recompensan". Puede ocurrir que los padres piensen que recompensan un acto y que el niño crea que el beneficio es por otro acto. Hay que dar atención, afecto y elogios ante las conductas que interesa que el niño reproduzca, "desde el momento en que el niño intenta actuar correctamente".

También hay que tener en cuenta otros aspectos:

Dan mejor resultado las recompensas que se aplican en el mismo momento en que se produce la acción que se quiere recompensar, porque si se pospone se corre el riesgo de que el niño olvide por qué se le premia.

No es necesario recompensar cada vez que el niño hace algo bueno. Es mejor recompensar de vez en cuando cada dos o tres veces, para que el niño no pueda predecir cuándo se le a premiar.
"Hay que seguir el mismo método psicológico de las máquinas tragamonedas: no salen monedas de premio cada vez, sino de vez en cuando y siempre en forma imprevisible", aconseja Joan Romeu.

Cuando los padres no encuentran en sus hijos conductas que compensar, como en el caso de los niños muy conflictivos, lo más acertado es establecer conductas alternativas e informarle de lo poco apropiada que es la conducta que ha tenido hasta ese momento. El objetivo es que, sin exaltarse ni gritar, los padres inculquen a sus hijos nuevas conductas. Una estrategia con la que, además de cambiar la conducta de los pequeños, se estrecharán lazos entre padres e hijos.

Autor:Azucena García
Fuente: Consumer

lunes, 1 de septiembre de 2008

Educación del comportamiento desde la niñez

Por: María Inés Maceratesi

Hay ocasiones en que ciertos comportamientos que consideramos inadecuados de los hijos, nos pueden llevar a los padres a fijar dichas conductas mediante el uso de mensajes que les devuelven una imagen negativa de sí mismos.

A veces sin proponérnoslo, los etiquetamos y les aplicamos calificativos que primero usamos de manera inconsciente pero más tarde, se van repitiendo ya de manera más sistemática. Y los etiquetamos con toda suerte de calificativos como: eres un mentiroso, terco, desordenado, tonto, descuidado, ignorante, etc. etc. sin darnos cuenta que nuestra opinión va condicionando sus sentimientos y haciéndole actuar tal como se espera de ellos, es decir: le digo que es un desordenado ergo, tengo que esperar que lo sea dado que las etiquetas a menudo, funcionan como profecías que terminan cumpliéndose en la medida en que otorgan a los hijos, referentes para forjarse una imagen de sí mismos.

Si a un niño se lo califica de determinada manera, puede ser que le resulte más fácil manifestarse de esa manera. Por ejemplo: si contínuamente le digo que es un mentiroso, le resultará fácil mentir porque de todas maneras así lo ven y se lo harán saber.

Los esquemas preconcebidos que volcamos en los hijos, a veces son expresados a través de una generalización como: déjame en paz, me tienes cansada, no quiero verte por aquí, ya estás molestando otra vez, no sé qué voy a hacer contigo.

Un tono de voz o un gesto son suficientes para que un niño se sienta descalificado. Estas dos maneras de actuar por parte de los padres, a través de generalizaciones o de gestos puede generar en los hijos frustración, desconfianza en sí mismos, falta de autoestima y hasta la reiteración del comportamiento que queremos corregir.

Para conseguir que los hijos se vean desde ópticas diferentes y modificar la opinión que tienen de sí mismos, se pueden utilizar otras estrategias.

• Intentar que nos oiga cuando digamos algo favorable sobre él delante de otra persona: "Mamá, tendrías que haber visto lo valiente que ha sido tu nieto al ponerle la inyección."

• Ejemplificar el comportamiento deseado. Ante un niño mal perdedor podemos decir "¡Caramba, esta vez he perdido yo! bueno lo importante es tener espíritu deportivo, te felicito lo has hecho muy bien."

• Expresar nuestros sentimientos y/o expectativas cuando el niño actúe según la etiqueta, mostrando un comportamiento no deseado: "No me gusta tu actitud, pues por mucho que te fastidie tu hermana pequeña no es motivo para gritarle, la próxima vez espero que tengas más paciencia."

• Buscar oportunidades que permitan mostrar al niño una nueva imagen de sí mismo. Podemos sustituir la etiqueta de "destrozón" en un niño hablándole en positivo de lo que sí hace bien y queremos que internalice:
" Mira, qué bien, tienes ese juguete desde los tres años y parece nuevo."

• Ponerle en situaciones en las que pueda verse de otra manera. A un niño irresponsable podemos decirle "Juan, voy hasta la casa de la abuela, por favor cuidá de tu hermana".
Y por sobre todas las cosas, no pedir que hagan lo que nosotros no hacemos, porque el ejemplo y el testimonio, en cualquier circunstancias, son las mejores herramientas de enseñanza.
Fuente: Intercampus

miércoles, 18 de junio de 2008

Aprender a jugar con los hijos

La búsqueda de un hueco en nuestra apretada agenda para jugar con los hijos es casi tan importante para el desarrollo de los niños como una buena alimentación. Sin embargo, no es tarea fácil. A muchos los padres y madres les puede resultar tedioso y, además, requiere un esfuerzo en el día a día marcado por el estrés y el poco tiempo libre.

El juego es especialmente importante hasta los tres años de edad, dado que en ese periodo de tiempo los niños juegan menos entre sí y prefieren a sus padres.

En esta línea, diversos estudios demuestran que las familias que han hecho del juego una base de unión en la infancia han tenido menos problemas en la turbulenta etapa de la adolescencia. Así pues, los expertos recomiendan a los padres dedicar al menos media hora diaria a jugar con sus hijos. Pero se pueden tener muy buenas intenciones y no saber cómo hacer ese encuentro atractivo y beneficioso.

El juego, clave para el desarrollo de los niños

Un informe publicado por la Academia Americana de Pediatría (AAP) destaca que el juego permite a los niños expresar su creatividad y desarrollar su imaginación, su destreza manual y sus aptitudes físicas, cognitivas y emocionales, por lo que es importante para el desarrollo saludable del cerebro.

Entre las virtudes del juego destaca también que cuando se juntan varios niños aprenden a trabajar en grupo, a compartir, negociar, resolver conflictos y a defender sus puntos de vista. Y cuando tienen ocasión de jugar con sus padres, los niños perciben que los adultos les prestan toda su atención y contribuye a construir relaciones duraderas.

En este sentido, según un estudio del Colegio de Pedagogos de Cataluña, el juego duplica la capacidad de concentración y de memoria del niño, por lo que el aprendizaje resulta más sencillo cuando realiza este tipo de actividad.

El juego es pues clave para el desarrollo de los niños, sobre todo en las edades más tempranas, y es recomendable hacerlo en compañía de los padres. Como ya hemos comentado, cuando los pequeños juegan agudizan sus sentidos -el tacto, la vista y el oído son básicos para ellos-, agilizan el movimiento de pies y manos, y fortalecen su capacidad mental. Pero esta actividad no sólo debe ser un mero entretenimiento, sino que ha de cumplir dos objetivos: convertirse en uno de los principales hilos conductores del amor entre padres e hijos y, al mismo tiempo, tener una vocación educativa. Para que esto sea posible, el padre y la madre deben aprender a jugar correctamente con los niños.

Elizabeth Fodor, psicopedagoga experta en juegos y autora, junto a Montserrat Morán y Andrea Moleres, del libro "Todo un mundo de sorpresas", asegura que "no importa tanto la cantidad (de juego) como la calidad".

El juego en casa

Es habitual que los padres no tengamos problemas para inventar juegos para nuestros hijos cuando éstos ya tienen cuatro o cinco años. No obstante, las dificultades surgen cuando los niños son todavía unos bebés porque muchos padres tienen la idea preconcebida de que no se percatan de lo que ocurre a su alrededor. Pero en edades tempranas, los niños están deseando ver cosas nuevas, escuchar ruidos distintos, tocar objetos diferentes y, sobre todo, sentir el amor del padre y de la madre a través de gestos afectuosos y palabras bonitas.

Jugar es una buena forma de demostrarles cariño y, a la vez, sirve a los pequeños para despertar sus sentidos y fomentar algunas destrezas básicas.

"Hay que dar la oportunidad al niño para realizar una actividad y motivarle con mucho amor, paciencia y una gran dosis de alegría", insiste la psicopedagoga.

Por ello, se aconseja a los padres que dediquen al menos media hora diaria a jugar con sus hijos. Aunque pueda parecer poco tiempo, es suficiente si las actividades se realizan en las condiciones adecuadas y los adultos las han pensado con antelación y saben estimular a los niños. No se trata de jugar mucho rato, sino de hacerlo bien. "Si el padre o la madre están malhumorados o estresados por el trabajo, mejor que ese día no jueguen con los pequeños porque se dan cuenta de todo y no se van a concentrar", indica Fodor. Sólo en un ambiente idóneo y con la pareja entregada los juegos son eficaces.

Por lo tanto, los padres debemos tener presente que el juego es una actitud que nos permite, a adultos y a niños, disfrutar con unas pompas de jabón o unas piedras lanzadas a un riachuelo para que se las lleve la corriente. Y así debemos incorporarlo en su educación:

Los padres debemos dejar a los niños su propio espacio pero vigilándoles y procurando que ellos mismos vayan descubriendo el tipo de juego que más les gusta.

Es importante implicar el juego en las rutinas familiares que les puedan resultar nuevas como, por ejemplo, ayudándonos a colocar la compra, ordenando la habitación o planteando como un juego el hecho de meter los juguetes en una caja para ver cuántos caben.

Cómo debemos enfocar el juego

Jugar en familia debe ser un acto natural y espontáneo, contemplado dentro de las actividades familiares, como una actividad más de todos los miembros de la familia, no sólo de los hijos. Tanto para niños como para padres, el juego es necesario en su relación.

Es fundamental la práctica habitual del juego desde los primeros años de vida del niño y ejercitarlo de manera continuada durante su crecimiento.

Jugar desarrolla la capacidad de disfrutar, de las cosas más cotidianas de la vida y hacer especiales momentos que tal vez por si mismos no dejarían de ser una actividad normal.

Los padres debemos tener plena confianza en la capacidad de nuestro hijo para jugar y otorgarle la iniciativa.

A la hora de jugar

Planificar con nuestros hijos lo que vamos a hacer juntos, les hará sentirse partícipes de las acciones familiares y se sentirán parte implicada de la familia.

Debemos dejarnos arrastrar por la lógica infantil, sin perjuicio de poder aportar ideas y pautas que el niño pueda utilizar. Es importante que el adulto sea el que se adapte al juego del niño, y no pretenda que éste salga de él.

Hablar de jugar juntos no significa necesariamente jugar en un espacio predeterminado. El juego puede nacer de cualquier momento, de cualquier circunstancia y en cualquier espacio.

martes, 8 de abril de 2008

Claves para una comunicación saludable con los hijos

La comunicación y el diálogo sano son las bases para el funcionamiento de cualquier grupo social (familia, empresa, sociedad, instituciones religiosas). El aprendizaje de una comunicación saludable, también comienza en la familia y es tarea prioritaria de los padres ; de ahí que insistimos con el tema.

Muchos padres piensan que el propósito principal de la comunicación es proporcionar información a sus hijos. Decirles a los hijos que coman las verduras y recordarles que miren en ambas direcciones antes de cruzar la calle, son expresiones de amor y cuidado. Esto es enviar información sobre la dieta y la seguridad.


Pero la comunicación tiene otra función importante. La comunicación es un puente de doble vía que conecta los sentimientos de padres e hijos. La comunicación saludable es crucial para ayudar al niño a desarrollar una personalidad saludable y buenas relaciones con los padres y con los demás. Le da al niño la oportunidad de ser feliz, seguro y sano en toda circunstancia. ¿Por qué es importante la comunicación saludable?
Porque ayuda a su niño a:

- Sentirse cuidado y amado
- Sentir que él (ella) es importante para usted.
- Sentirse seguro y no aislado en sus problemas
- Aprender a decirle a usted lo que siente y necesita directamente en palabra
- Aprender a manejar sus sentimientos con cuidado para no actuar sin meditar (o sobreactuar)
- Hablarle a usted abiertamente en el futuro.

La comunicación saludable también le ayuda a usted

- Para sentirse cercano a su hijo.
- Conocer las necesidades de su hijo.
- Saber que usted tiene buenas herramientas para ayudar a su hijo a crecer.
- Manejar su propia frustración y estrés.

¿Cuáles son los "materiales" que construyen una comunicación saludable?

Para construir el puente de comunicación de doble vía es necesaria:

1. Estar disponible. Los niños necesitan sentir que sus padres son asequibles para ellos. Esto significa estar dispuestos a tener tiempo para su hijo. Aunque sean 10 minutos diarios de comunicación con cada uno de sus hijos a solas fortalece el puente de la comunicación.Estar disponible significa también "sintonizar" rápida y tranquilamente para escuchar a su hijo o hablar sobre algo importante. Ser capaz de entender y hablar sobre sus propios sentimientos así como de los de su hijo, es otra parte importante de estar asequible.


2. Saber escuchar: Ayuda a su niño para sentirse amado aún cuando está enojado y usted no pueda hacer nada para arreglar el problema. Pregúntele al niño por sus ideas y sentimientos antes de comenzar a hablar de los propios. También trate de comprender exactamente lo que le está diciendo. Lo que trata de decirle es importante para él, aunque no lo sea para usted. No necesita estar de acuerdo con lo que le está diciendo pero saber escuchar le ayuda a calmarlo y así él podrá escucharlo a usted después.

3. Demostrarle empatía. Esto significa "sintonizar" con el niño y hacerle saber que a usted le importan sus sentimientos. Puede demostrarle empatía aunque no esté de acuerdo con él. La empatía se relaciona con tomar en cuenta los sentimientos, no quien está en lo correcto o equivocado. Demostrar empatía significa averiguar si usted entiende lo que su niño siente.

4. Ser un buen "mensajero". Primero sea un buen "escucha". Si el niño ya se siente escuchado y atendido estará más dispuesto a escucharlo. Asegúrese de que lo que usted diga, su tono de voz y lo que haga envíen el mismo mensaje. Por ejemplo, si usted se ríe cuando dice iNO! confundirá a su hijo y no sabrá lo que usted realmente quiere.

5. Use palabras para comunicar a su niño lo que usted quiere que él haga. Aun cuando le esté marcando los límites a un niño pequeño puede usar palabras mientras lo sujeta. Use palabras amables cuando apruebe el comportamiento de su niño. Por ejemplo, puede decirle "estoy tan contenta" cuando su niño guarda sus juguetes.

Es útil usar el "tú" y resaltar el buen comportamiento (como por Ej.: "Tú hiciste muy bien tu tarea"). Ayúdelo a apreciarse a sí mismo. La autoestima le ayuda a los niños a sobrellevar malos ratos. Use frases como "yo" o "a mí" para decirle a su niño lo que a UD. le disgusta sobre su comportamiento. Por ejemplo: "cuando yo no te encontré, me acosté preocupada y enojada" en vez de decirlo a gritos o en un tono de enojo: "desapareciste! ¿Dónde estabas?" Dígale a su niño lo que usted siente y piensa. No le diga lo que él (ella) debe sentir 0 pensar.

6. Ser un buen modelo. Los niños pequeños aprenden mejor copiando lo que hacen sus padres que lo que se les dice. Los niños copiarán su forma de comunicación. Si UD. mismo usa muchas palabras de sentimientos, le ayudará a su niño a hacer lo mismo.

Cuando los padres se expresan con sentimiento en vez de gritos, o lastimar, o poniéndole un nombre, los niños aprenden que las palabras son un mejor medio para tratar con sentimientos fuertes. Expresando los sentimientos en vez de actuar le ayuda a los niños a controlarse. Puede ayudarle a su niño a aprender qué palabras son adecuadas en el hogar y en el colegio.


La otra cara de la comunicación saludable: abuso verbal.

Generalmente los niños se reponen pronto cuando se lastiman. Por ejemplo, llorará cuando se cae y raspa la rodilla, pero después de 10 minutos se habrá olvidado y seguirá corriendo. Lo mismo puede suceder si alguien en el colegio le pone un nombre. Si esto sucede una sola vez, lo más probable es que lo olvide. Sin embargo, si su niño sufre el mismo tipo de agresión una y otra vez no se recuperará rápidamente. Los niños que sufren abuso verbal están profundamente heridos por lo que sus padres dicen y cómo lo dicen.

¿Qué es abuso verbal? Hay tres clases de abuso verbal:

1. Poner un apodo, crítica frecuente, culpar. Criticarlo es decirle frases con "tú" y poniéndole nombres como por ejemplo decirle "Tú eres un estúpido"; esto es crítica y ponerle un nombre; en cambio no lo es e] decirle: "Estoy disgustada contigo y quiero que dejes de hacer eso". La crítica, ponerle nombres y "echarle la culpa" sólo hace que a la larga las cosas empeoren.

2. Violar los límites del niño, gritarle y asustarlo con castigarlo o abandonarlo y mentir. A veces las emociones fuertes de sus padres son demasiado para que el niño las pueda manejar. Los niños construyen murallas entre ellos y sus padres cuando esto sucede.


Niños que se arrancan, se esconden o tapan sus oídos con las manos a menudo están tratando de protegerse de tales emociones fuertes. Generalmente no están tratando de ser irrespetuosos.Los niños no son adultos pequeños. No pueden cerrarse a los gritos y alaridos como lo hacen los adultos.

El hablar fuerte o gritar delante de los niños los hace asustarse y sentirse muy inseguros. Hiere sus emociones tal como el abuso físico hiere sus cuerpos y emociones. Los gritos y hablar fuerte son aún más hirientes cuando el niño está cansado, enfermo, hambriento o asustado por algo. Mientras más pequeño peor.

Los niños creen en la amenazas de castigo o de abandono. Las amenazas asustan a los niños más de lo que usted se imagina y no ayudan al mejor comportamiento.La mentira también viola los límites de su niño. Los niños creerán las mentiras porque no tienen la suficiente información para discernir entre las mentiras y lo verdadero.

3. Silencio. Los niños resienten los silencios prolongados (horas o días). No saben lo que estos silencios significan y "leen" cosas horribles en los silencios de sus padres.

El silencio envía un poderoso mensaje de enojo o disgusto. Lo hace sentirse confuso y desvalido. Si usted está silencioso porque está deprimido es mejor decirle al niño que Ud. está triste o enfermo y que él no es el causante. Cuando Ud. está silencioso no es un buen mensajero.

El silencio de los padres puede ser por:

-Tener miedo de decir algo que empeorará las cosas
- No saben que decir o hacer
-Tener tales sentimientos, enojos o tristeza que no pueden hablar
-Estar enfermos.
-Sus propios padres usaron el silencio para controlarlos.

El abuso verbal de los padres se produce por:


- Nunca aprendieron una comunicación sana
- No conocen otras formas de controlar el comportamiento de sus niños.
- No saben que hieren a los niños por abuso verbal y que esto empeora las cosas.
- No han aprendido a manejar sus propios sentimientos.
- Están bajo mucho estrés.
- Piensan que sus niños deben desarrollar "cuero duro" para sobrevivir.
- Fueron tratados de la misma manera por sus padres, profesores y otros adultos.

Para prevenir el abuso verbal: saber manejar el estrés y el enojo

Ser padres es un trabajo difícil. Hay momentos en los que uno siente tanto estrés que pensará que no puede más. En esos momentos, el llanto de la guagua, la rabieta de] niño o el escolar que rechaza hacer sus tareas pueden empujarlo a uno al límite.
Es importante encontrar medios que ayuden a su hijo a comportarse, que no hieran sus sentimientos. También es importante prevenir el estrés y saber calmarse cuando uno está estresado de manera de no hacer o decir algo dañino para el niño.
Estas son cosas que se pueden hacer para calmarse:

- Respire profundo varias veces.
- Espere 5 minutos antes de empezar a hablarle a su hijo.
- Trate de encontrar la palabra adecuada a su sentimiento. Dígasela a sí misma o escríbala.- Comparta su sentimiento con su esposo (a) o con otro adulto. Llame a un amigo.
- Mantenga su atención en el presente. No agregue problemas anteriores.

Los padres que se encuentran bajo mucho estrés pueden tener dificultad para controlar sentimientos como rabia, temor, frustración, incapacidad. No se darán cuenta que su enojo es una reacción a estar preocupado, confuso, herido o sobrepasado por el estrés.

Por ejemplo, se preocupará si su niño se perdió en el supermercado, si Ud. estaba apurada, puede enojarse cuando lo encuentre y gritarle en vez de decirle "estaba preocupada por no poder encontrarte". Cuando logre aprender a calmarse y comprender qué es lo que realmente le produce enojo puede evitar herir a su hijo con su enojo.

Algunas personas encuentran que el método de "repensar" las ayuda a controlar su enojo antes de hacer o decir algo de lo que puedan arrepentirse.

Repensar:

- Reconozca sus sentimientos.
- Empatice con la otra persona.
- Piense la situación de otra manera. Use el humor.
- Escuche lo que la otra persona dice.- Integre su amor a los pensamientos enojosos.
- Observe las reacciones de su cuerpo por los sentimientos de rabia y al calmarse.
- Mantenga su atención en el problema presente.
- Usando el "repensar" puede ayudarlo a controlar su enojo antes de castigar a su niño.

Si éste u otros métodos para calmarse no resultan trate de hablar con su esposo (a), pediatra, consejero, sacerdote, pariente o amigo cercano. No hay nada de que avergonzarse al admitir que necesita ayuda para controlar su enojo. Todos los padres se sienten enojados y frustrados con sus niños. Pedir ayuda será siempre mejor que perder el control.

Dr. Pedro Barreda
Fuente:
www.pediatraldia.cl

lunes, 31 de marzo de 2008

Los antiguos valores


"Hace falta constituir la imagen de la familia como comunidad de personas donde, a la luz del mensaje evangélico, los componentes de todas las edades conviven juntos, en el respeto de los derechos de todos: de la mujer, del niño, del anciano" (Juan Pablo II)

El abuelo era muy viejo. Caminaba a duras penas, la vista se le había debilitado, estaba algo sordo, le costaba comer, manchaba el mantel. Hijo y nuera se molestaron tanto que le prepararon un sillón separado. Un día, al pasarle la sopa, el viejo no sujetó el plato y éste cayó, haciéndose pedazos. La nuera gritó desmanes y dijo que desde ese momento le servirían la comida en un tazón de madera, como a los animales. El viejo suspiró y agachó la cabeza. Al día siguiente Miguel, el nietecito, sentado en el suelo junto al abuelo, trataba de juntar unos pedacitos de madera arqueados. "¿Qué estás haciendo?", le preguntó el papá. "Estoy fabricando un tazón para cuando tú y mamá sean viejos, me servirá para darles de comer". El hombre y su mujer se miraron y rompieron en un llanto.

Esta narración, presente desde tiempo inmemorial en los libros de lectura, cuenta una "fastidiosa" verdad siempre actual: esta sociedad, que privilegia a los individuos capaces de aportar una contribución valiosa al bienestar común, margina a los ancianos y les niega un espacio adecuado. Y, como siempre sucede, los pequeños aprenden lo que viven. Es indispensable y urgente enseñarle a los hijos una cultura de la ancianidad.

Los ancianos necesitan de todos y, aunque suele desatarse la exclusión: "son inútiles y cuestan mucho", al menos que se los use como babysitter gratuitos. Si es difícil envejecer, es igualmente difícil convivir con los anciano: son frágiles, necesitan de paciencia y tolerancia. En una cultura supereficiente la ancianidad parece una herida. Ser eliminados de la vida de familia es para ellos una exclusión que los mortifica. Ellos son cofres de experiencia: cada vez que muere un anciano, muere una biblioteca. El primer gran don que los ancianos dan a una familia es el de la transmisión, y no sólo de bienes materiales. Así nació el ser abuelos. La vida los ha enriquecido de experiencia y sabiduría.

Los abuelos pueden transmitir a los nietos ese conjunto de recuerdos llamado "novela familiar", que para los niños tiene una atracción extraordinaria. El abuelo puede llegar a representar para el nieto la estabilidad de los afectos familiares. Además, puede hablar de los tiempos en que mamá era una niña y papá un alumno, o de cuando en vez del supermercado del frente había prados. Así el niño tiene la idea que su familia existe desde siempre, y seguirá existiendo. Obtiene la percepción de la continuidad de los afectos.

Desde hace tiempo la sociedad viene cambiano, los valores, y la misma fe también. Muchos de los abuelos actuales han atravesado con malestar esta evolución. Algunos a veces experimentan una cierta frustración y sienten nacer dentro de sí un sentido de culpa frente a los hijos que ya no son practicantes y no comunican la fe a sus hijos. "¿Es culpa nuestra?", se preguntan. Me pregunto si esta ruptura de los anillos transmisores de la fe no tiene que ver con la total exclusión de los ancianos, por la cual la experiencia de fe que a ellos los ayudó a enfrentar la vida, ahora es ignorada y echada al olvido. Tal vez, como ha escrito un teólogo, "estamos frente a uno de los aspectos más señaladamente anticristianos de nuestra dociedad y cultura".

P. Pascual Chávez sdb, Rector Mayor de los Salesianos de Don Bosco

Fuente: Boletín Salesiano

lunes, 3 de marzo de 2008

La Palabra de Dios compartida en familia


De pequeños el ritual de la misa dominical en familia era infaltable. Y además, era un momento esperado. Recuerdo que hacíamos fila en la sala de estar para pasar para que nuestros padres, uno a uno, nos ayudaran a hacer el examen de conciencia cuando había que confesarse.

Uno de los días en los que durante la misa era fijo que teníamos risas de complicidad, era cuando tocaba la lectura a los Colosenses 3,12-21, que nos ofrece la liturgia en este domingo de la Sagrada Familia.


Elegíamos el sitio y casi nos pelábamos por estar al lado de nuestros padres: Cuando decía: “Mujeres, someteos a vuestros maridos, como conviene en el Señor.”… los codazos y risas iban a mi madre que reía, o a mi padre que le hacía gestos como diciéndole: “¡Escucha bien!

Llegado el turno del “ -Maridos, amad a vuestras mujeres, como Cristo ama a la Iglesia, y no seáis ásperos con ellas”, Se repetía idéntico gesto, y en este caso era mi madre la que miraba a mi padre. Además nos reíamos mucho porque mi padre era de aquellos que, siendo muy afectivo, era muy poco demostrativo de sus sentimientos.

Pero cuando llegaba el mensaje a los hijos, nos escabullíamos cómo podíamos: “ Hijos, obedeced a vuestros padres en todo, que eso le gusta al Señor”. Ahí se repartían miradas a cada uno de los siete hermanos, y cada uno miraba para otro lado como si no fuera con uno.

Llegada la exhortación a los padres, en alguna ocasión, incluso, se suscitó un aplauso de todos los hermanos que estábamos muy metidos en la escena: “ Padres, no exasperéis a vuestros hijos, no sea que pierdan los ánimos.” Y tan a fuego nos quedaba guardado lo que “obligaba a nuestros padres” a “no exasperarnos”, que cada vez que nos mandaban algo que no nos gustaba, o cuando nos recriminaban por algo, no faltaba la sentencia infaltable en nuestros labios en la que apelábamos a la autoridad del apóstol Pablo: “Padres, no exasperéis a vuestros hijos,…”

No sé qué lectura se haría hoy de la carta a los Colosenses, pero sí sé que vivida en complicidad con mis hermanos, fue un mensaje que me quedó muy grabado.

Cuando fuimos creciendo, recuerdo que en las “discusiones teológicas” familiares, mi padre apelaba fácilmente a que mi madre debía someterse”, y ella le recordaba: “Yo me someteré cuando tú me ames como Cristo ama a la Iglesia, y cuando seas cariñoso.La Palabra estaba presente, incluso en los momentos de humor y fiesta. Ella informaba nuestra vida, y hacía que la fe se viviera con mucha naturalidad; y lejos de crearnos traumas, o complejos, suscitaba en nosotros una complicidad que hacía que los “valores” que se nos querían transmitir, fueran impregnando nuestra vida de manera sencilla y sin demasiado ruido.

Han pasado muchos años, y siempre este día de la Sagrada Familia, me lleva cordialmente al recuerdo de la Familia en la que recibí el don de la fe, y en la que la Familia de Nazaret era todo un referente, y sobre todo era el espacio en el que Jesús ocupaba el centro de nuestras vidas, primero de niños y después de adolescentes.

Hoy, a muchos años de distancia, viviendo en profunda comunión con mis padres y hermanos, a pesar de tener el charco que nos separa físicamente, no puedo menos que recordar la lección y procurar, como en el seno de la familia en la que crecí: Amar a los hermanos y hermanas, respetar a todos, no exasperar a nadie…. Sin olvidarme de la primera lectura del Eclesiastés 3,2-6.12-14, que no me reprimo y la transcribo para que mi reflexión hoy sea completa.

“Dios hace al padre más respetable que a los hijos y afirma la autoridad de la madre sobre la prole. El que honra a su padre expía sus pecados, el que respeta a su madre acumula tesoros; el que honra a su padre se alegrará de sus hijos, y cuando rece, será escuchado; el que respeta a su padre tendrá larga vida, al que honra a su madre el Señor lo escucha. Hijo mío, sé constante en honrar a tu padre, no lo abandones mientras vivas; aunque chochee, ten indulgencia, no lo abochornes mientras vivas. La limosna del padre no se olvidará, será tenida en cuenta para pagar tus pecados.

¡Que paséis un feliz día de la Familia!


Fuente: Periodista Digital

Comentario editorial: aunque ya pasó un tiempo desde que se celebrara el día de la Sagrada Familia, me resultó interesante publicar este artículo de Sor Lucía Caram que expone muy sencillamente, la importancia de compartir la Palabra de Dios en familia